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A B C MIÉRCOLES i3 DE DICIEMBRE DE i 9 o5. PAG. 4. EDICIÓN i. a mista á la moderna, como el Sr. Soriano. A. primera hora, el Sr. Menéndez Pallarás trató exactamente del mismo asunto que luego tocó el Sr. Soriano; sus palabras pasaron casi inadvertidas y la Asamblea no salió de su estado normal. Añadiremos que el Sr. Menéndez Pallares tuvo á bien advertirnos que él no iba á poner intención política en sus palabras Y nosotros nos preguntamos para qué puede ser útil ni qué papel ha de desempeñar un señor diputado que pertenece á un partido cerrado, que tiene un programa terminante, que alimenta tales ó cuales ideales, si no pone intención política en sus palabras. Política dicen los Diccionarios que es arte de gobernar y dar leyes y todo diputado que figure en un partido debe hacer lo posible, desde la oposición ó en el Gobierno, para que en el país impere su política y para que todo se encamine y encauce hacia su política... Pero dejemos esto: el Sr. Soriano dirigió v al Gobierno de S. M las propias preguntas que el Sr. Menéndez Pallares; el resultado fue muy otro. El Sr. Soriano deseaba saber qué hay de cierto en este asunto de la dimisión del alcalde de Valencia. ¿Ha dimitido dicho alcalde ó no ha dimitido? Pero el señor presidente del Consejo, á quien va encaminada esta interrogación, no sabe nada. El Sr. Moret hace n ligero gesto de compunción dulce y suave, según es en él uso estos días; y esto indigna un tanto al Sr. Soriano. ¡Es extraño lo que pasa aqui desde hace un mes! -grita el señor Soriano. ¡Aquí nadie sabe nada! ¿Vamos á estar engañándonos siempre? En cosas como esta de la Fábrica de Valencia- -añade el orador- -lo que se consigue es avivar la animosidad que en provincias se siente contra el Poder central; hpy las protestas parten de Cataluña; de un momento á otro pueden partir también de Valencia. Los periódicos han reproducido una nota del alcalde de Valencia en que se ponen en boca del Rey ciertas palabras. Yo republicano, yo radical, yo notado de enemigo de las instituciones- -dice el Sr. Soriano- -digo que el Rey ha dado una verdadera lección al Gobierno. El Sr. Moret se ha levantado á contestar al Sr. Soriano: hemos de decir que de algunos días á esta parte se ha observado un cierto cambio en el señor presidente del Consejo. El Sr. Presidente parece como si volviera á poner en circulación ciertas prácticas, ciertas modalidades, ciertas tendencias que un anciano ilustre, ya desaparecido de entre los vivos, hizo clásicas en nuestras costumbres políticas. Los que hemos visto al Sr. Moret en la cátedra del Ateneo disertando sobre los grandes ideales europeos, estamos un tanto sorprendidos. El señor presidente del Consejo, ahora, en el momento actual, se siente un poco molestado por ese sonsonete contra el Poder central ¿No ha hecho él, el Sr. Moret, lo posible por descentralizar? ¿No es esto evidente? ¿Y no lo es también que si no se principia á construir ¡a Fábrica de Tabacos es porque circunstancias personales lo impiden? Pero ello se ha de hacer; será lo más pronto posible; los mismos diputados por Valencia pueden pasar á ver el expediente y se convencerán de que la cuipa no es del Gobierno. ¿Qué se diría- -añade el orador- -si esa Fábrica se construyese sin guardar los requisitos y un día estando llena de gente se hundiera? ¡Todo esto es muy delicado y no se puede tratar á la ligera! exclama el señor Presidente en un tono de suave reproche y abriendo los brazos en seña! de conmiseración. Muy delicado es esto, en efecto, y esta afirmación del Sr. Moret sirve para avivar la indignación del Sr. Soriano. ¡Para el Sr. M o ret- -grita el Sr. Soriano- -resulta que todo es delicado, y aquí no podemos hablar de nada! Yo no quiero ser médico de S. S. y no quiero verle morir políticamente; pero digo que con esa política de callejones es imposible gobernar, ¡el país- -añade el orador- -sabe ya á qué atenerse, y sabe que cuando los Gobiernos no gobiernan, gobierna el Rey, y cuando no gobierna el Rey, gobiernan esos elementos que días pasados han estado á la puerta de la Cámara causando ei terror de todos Esto ha dicho el Sr. Soriano. Nosotros deducimos de todo esto que en nuestro país hace falta una dirección fuerte, imperativa, inexorable; nosotros no prestamos una gran importancia á las cosas que nos han enseñado en las Universidades sobre la relación y juego armónico de los poderes; no concedemos tampoco valer ninguno á las declamaciones que sobre el mismo tema lanzan los parlamentarios doctrinales; hemos leído el Leviathan, de Tomás Hobbes (que vale algo más que el Derecho político del Sr. Santamaría ó el del Sr. Mellado) ponemos la realidad por encima de los textos y de las doctrinas; y sabemos, en definitiva, que no puede haber Estado sin una autoridad suprema é inquebrantable, y que esta autoridad da lo mismo que sea rey, ejército ó Poder civil. A. 2O RIN tamente alejado dev la batena, re entrega á la murmuración. El viejo molinero (F Díaz de Mendoza) predice que aquella fábrica será un semillero de discordias y con razón. La fábrica se ha construido, y los jornales se pagan los sábados con puntualidad, gracias á que Débora, por conse- jo de Carlos, ha pedido dinero á cuenta de sus propiedades, en primera hipoteca, porque resulta que el socio no tiene más dinero que el que cobre de un pleito que ventila su esposa. ¡Vaya un socio! ¡Así cualquiera se mete en negocios! Pero con ser esto muy desagradable, hay otra cosa mucho peor, y es que Carlos y Mery se han asociado también y se dedican á tejer un amor pasional. Cuando Débora se entera de lo que ocurre se arma la gorda, porque después de... en fin, ya conocen ustedes el refrán. Echan al matrimonio de la casa con peores modos que en un desahucio; el marido, que además de ingeniero tizne muy buena pasta para otra cosa, se va; pero Mery se queda, porque allí es la que dispone de todo y porque no entiende de indirectas. Carlos comprende que aquella situación es iosostenible y decide fugarse con Mery. Débora sorprende el intento de la pérfida, la dice varias cosas, muy bien dichas y á tiempo, y dominada por una violenta excitación, coge á Alery por el cuello y, ¡zas! la tira a! Tajo. El salto de agua acaba en un salto mortal y termina la obra, que seguramente si tuviera un cuarto acto, conociendo como piensan aquellos personajes, es lógico suponer el fina! Carlos, sin otro amor que el de Mery, se arroja ría desesperadames- a! Tajo, y la pobre Débora, que íarnpc; n Carlos ama la vida, al río también. Pero Guimerá se ha contenido seguramente ante íanta desolación y nos ha evitado dos arrastres más. Luis López Ballesteros, que es un notable periodista y que rae consta ve el teatro de otra manera, debió poner su cariño ds Iraduc tor en algo de más enjundia y de más fuste, porque puede hacerlo. La obra fue bien interpretad? en genera! pero singularmente por las Sras. Guerrero, Suárez y Morera y ios- Sres. Santiago y Díaz de Mendosa (F y M Despuésxde ver La Miralla aconsejo á ustedes que no acepten ninguna razón social, y cuando les hablen de un salto de agua, oigan como si les mentaran algo desagradable: ¡1? gario! ¡lagarto! (FLORIDOR Para el próximo día 21 se estrenará en e Español La sobresalienta, un saínete con pinceladas goyescas, de Benavente, y música de Chapí, que dicen ha escrito cinco números primorosos de carácter. La acción se desarrolla áprincipios del siglo Hoy leerá en Lara Linares Rívas su nuev comedia en dos actos Bodas de plata. E N E L E S P A Ñ O L La Miralla, comc día en tres actos, de Guimerá, traducida por Luis López Ballesteros. Hace algunos años, la obra de Guimerá hubiera sido un éxito indiscutible; pero á las alturas que felizmente nos hallamos hoy, llega con retraso lamentable. La Miralta es un drama hecho y documentado con la técnica antigua, y aceptando esa fórmula de construcción, tiene la obra esfrenada ayer, en determinados momentos, intensidad dramática, emoción y efectismos que tan calurosamente se recogen, en la galería especialmente. Sin embargo, mucho más atendida y cuidada que la acc ón dominante de la obra, está el desarrollo episódico de los personajes, el movimiento de la masa obrera, que tan bien conoce y mueve el autor de Mar y cielo, sobre todo los caracteres de Moniqueta, el molinero y su nieto, hechos con verdadero cariño. La obra, no obstante, tuvo mejor éxito que en Barcelona, donde el acto tercero fue manifiestamente rechazado. En Madrid se aplaud zron os dos primeros, y el último se oyó con ir n uad, con aplausos corteses á su terminación. Juzguen ustedes: Débora (Sra. Guerrero) es un excelente partido de esos que persiguen los jóvenes de hoy. Sus tíos son ricos, tienen tierras hipótecables, el rtfejor salto de agua de ¡a provincia y un molino muy acreditado, lo que despierta el amor de Carlos (M. Díaz de Mendoza) un apreciabie ingeniero, que con permiso de los tíos quiere convertir el viejo molino en una fábrica de paños, par. a hacer la competencia á los mejores de SabadeH; pero como al prometido esposo de Débora no le parece prudente que sea su novia la que ponga iodo el dinero, se le ocurre asociarse con otro ingeniero amigo suyo, Enrique (Sr. CodJna) La boda se va á celebrar con arreglo á un formidable programa redactado por ¡a tía de Débora, una señora á quien todo lo moderno la seduce. En plena ceremonia nupcial se presentan Enrique y su esposa Mery (Srta. Suárez) y al hacer las presentaciones de ordenanza, Carlos se sorprende al reconocer en Mery á la criatura que le volvió el juicio con sus coqueterías cuando aún no había terminado la carrera. Y queda planteado el drama y acaba el primer acto, al que no le falta más que un concertante brioso, de esos en que cada uno dice lo suyo por su cuenta, mientras el coro, discre- Noticias de Fomento I os carbones. lina comisión, nombrada hace alorún tiempo para practicar información acerca de la producción hullera, visitó ayer al ministro de Fomento para pedir la protección del Gobierno, á fin de que los mercados nacionales sólo se surtan de carbón del país. 1 o de Boado. Ayer salieron para Boado (Salamanca) un ingeniero de caminos y otro agrónomo, á quienes ha encargado el ministro que estudien la verdadera situación del aludido pueblo y emitan un informe proponiendo les ir- edios da aliviar la pobreza extrema de! vecindario