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jtAÑO TRES. NUMERO 332. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. I al traste con ellos, como ocurrió aespues en el curso de la sesión. Tanto como el desfile de la comitiva QÍMTOMAS. De algo muy sei- io y trascendental son síntomas espectáculos parlamentaria, llamó la atención el de cocomo el que ayer ofreció nuestro Parla- misiones y representantes por la Puerta del Sol. Él ministerio parece estos días mento. Cuando apenas faltan tres semanas para una iglesia en la que hubiera jubileo y acabar el año- -el ejercicio, hablando en acudiesen á ganar sus indulgencias los fietérminos adecuados al asunto, -se apro- les á centenares. Pero si de templo no bó el proyecto de. ley fijando las fuerzas tiene nada el artístico edificio, algo tiene de mar y tierra, no para el ejercicio pró- ó algo tendrá de santo, porque va á haximo, como parece jógico, sino para el ber que canonizar á los ministros que, que termina. Es decir, se acordó hacer como el conde de Romanones, tienen mulo que está ya hecho; lo que de puro he- chos amigos que les hacen contraer méritos á fuerza de paciencia para desbancar cho está á punto de agotarse. en el cielo al piadoso Job. El anuncio de La deducción inmediata de este ejem- que el joven consejero va á dar tés, auplo es, y á fe que sabrán utilizarla los mentará la tertulia con gentes que ya preenemigos del régimen parlamentario, la guntan si habrá también pastas, y como de que no hacen falta las Cortes para go- complemento de todo si habrá jamón con bernar; la de que serán necesarias para chorreras. buscar una fórmula, para cubrir las apaDel conflicto escolar apenas resta nada. riencias de legalidad; la de que constituye nuestro Parlamento una especie de Los huelguistas forzosos y voluntarios mueble de lujo que da tono á una gober- han marchado, en su inmensa mayoría, á nación constitucional, pero crue reporta pasar Navidades á sus casas, y los que aquí quedan no se juzgan con poderes bien menguada utilidad. ¿Qué extraño es que días atrás hayan bastantes para resolver el asunto pensoplado vientos de fronda para el siste- diente; porque para ellos sigue pendienma, ni á quién puede sorprender que te y sólo esperan que se promulgue un sea á cada momento más exigua la fe decreto abriendo las clases que se susque la opinión tiene en Jos partidos go- pendieron. Más sencillo sería decretar la aprobación del curso y la destitución del bernantes? Sólo en un país totalmente desmora- profesorado. ¿No habrá un ministro enérlizado ó en un pueblo dócil y mansu- gico y gubernamental que se atreva á rrón hasta- -la inconsciencia pueden ocu- hacerlo? En la Bombilla hubo una desgracia horrir casos semejantes, lino y otro son harto desconsoladores, porque la única rrible, déla que resultaron dos víctimas: circunstancia que podría atenuar su amar- un niño de doce años que estaba trabagura sería la consideración de que por jando en una fábrica de ladrillos y resulhábito ó por virtud cumpliésemos todos tó con lesiones muy graves, y la ley que los ciudadanos nuestros deberes, y, por regula el trabajo y las edades de los obredesgracia, no es asi. No los cumplen los ros, que también resultó gravemente leobligados á dar ejemplo y nadie se sionada. La Diputación provincial celebró sepreocupa de exigirles responsabilidad. sión para enterarse de que la superioriPasa todo: que la ley fijando las Fuerzas de mar y tierra se apruebe días antes dad la aprueba los presupuestos extrade expirar su funcionamiento; que los ordinarios, excluyendo la partida de grapresupuestos se aprueben á paso de car- tificaciones; es decir, que el Ministerio, siguiendo el ejemplo de los maestros pega y de cualquier modo. Dios sólo sabe lo que estamos desti- luqueros, suprime las propinas. Y no hubo más, porque estos días no nados á ver pasar y á pasar, después de todo lo que ha pasado, en este nuestro pasa en Madrid más que lo que Dios y país de la pasividad estoica y sorpren- Rodrigo Soriano quieren. AEMECE dente. S ¿MADRID, 8 DE DICIEMBRE DE i 9 o 5 NÚMERO SUELTO, 5 CÉNS. pacho de la Presidencia de la Cámara. Iba eJ Sr. Pi y Suñer un tanto inquiento ante el llamamiento del señor conde de la Bobadilla. ¿Para cjué me querrá á mí el Presidente? pensaba el Sr. Pi y Suñer. El Sr. Pi y Suñer es- -ya le conocéis- -excesivamente modesto; él no puede concebir la idea de que se le necesiti para algo. Y cuando ha llegado á la Presidencia, el Sr. Pi y Suñer se ha encontrado con la grata sorpresa de que no era el señor conde de la Bobadilla quien le llamaba, sino el señor De Federico. Entonces ha descansado el señor Pi y Suñer. ¿Ha hecho bien en tranquilizarse el Sr. Pi y Suñer? Nosotros nos permitimos opinar que entre el señor conde de la Bobadilla, el Sr. De Federico y el Sr. Alvarado no hay tanta diferencia como el Sr. Pi v Suñer y otros incautos creen. Y ello es, dejando esto ahora aparte, que el Sr. De Federico le ha dicho al Sr. Pi y Suñer: -Sr. Pi y Suñer, yo voy á abrir la sesión; no hay nadie en la Cámara, y yo ruego á usted que hable, que diga algo, á fin de hacer tiempo y que lleguen los diputados. No tenemos noticias exactas sobre la cara que ha puesto ante estas palabras, el excelente, el magnánimo Sr. Pi y Suñer. ¿Que dijera algo el Sr. Pi y Suñer es l o que quería el señor De Federico? ¿Y qué iba á decir el señor Pi y Suñer? ¿Sobre qué iba á hablar el Sr. Pi y Suñer? Todas estas preguntas han pasado en un momento por la mente del Sr. Pi y Suñer, y como el Sr. Pi y Suñer es tan benévolo, tan afable, ¿cómo iba á negarse él á este requerimiento del S r De Federico? ¿No era esto algo á modo de un pequeño sacrificio que el Sr. P ¡y Suñer iba á imponerse en bien del régimen parlamentario? Y se ha convenido en que, en efecto, el Sr. Pi y Suñer diría algo. Y entonces el señor De Federico ha dado una breve orden y se ha puesto en marcha hacia el salón de sesiones; los dos maceros caminaban delante con sus mazas al hombro; el Sr. De Federico marchaba detrás con la misma solemnidad con que pudiera hacerlo el señor conde de la Bobadilla. Y llegada la comitiva al pie de la escalera presidencial, los dos maceros se han detenido respetuosos, y el Sr. De Federico ha pasado delante y ha subido lentamente los escalones; arriba, un ujier ha tomado el sombrero del Sr. De Federico; otro ujier le ha apartado el sillón, y el Sr. De Federico se ha sentado. Todo esto no puede ser más sencillo, más vul 7 gar, más prosaico, como ve el lector, y sin embargo, esta insignificante aparición del Sr. De Federico ha causado una viva ansiedad en los escasos espectadores que teníamos la dicha de contemplada. ¿Cómo? -nos preguntábamos unos á otros. ¿No es el señor conde de la Bobadilla quien preside esta tarde la Cámara? ¿Es posible que no presida el señor conde de la Bobadilla? V una sospecha de algo estupendo, de algo inaudito, de algo que no puede concebir nadie, de algo que sólo en horas de suprema ofuscación pasa por Jas Fantasías acaloradas de nuestros queridos compañeros da 25 Jmparciai; una sospecha de algo extraordinariamente inverosímil se apoderaba de nosotros: la de que el señor conde de la Bobadilla hubiera renunciado á la presidencia de la Cámara popular. Y mirábamos llenos de una viva emoción al Sr. De Federico; é interrogábamos á nuestros compañeros, tan perplejos y emocionados como, nosotros; v no acertábamos cotí MADRID AL DÍA JpJ tiempo, que sigue siendo espléndido, 4 Dios gracias, y El quiera que por muchos días, hizo que se lucieran ayer las carrozas del Congreso, conduciendo á Palacio á la Mesa para entregar al Rey Ja contestación del Mensaje. El presidente, según observación de los curiosos, llevaba cara de hombre satisfecho y complacido. Eran momentos de tranquilidad, sin Soriano ni nada que diese IMPRESIONES PARLAMENTARIAS I p O M i E N Z O D E A las dos de la tarde, V UNA SESIÓN cuando hemos llegado á la Cámara popular, no había nadie en este admirable recinto. Poco después ha aparecido el Sr. Pi y Suñer. Un ujier ha venido á llamar al S r P ¡y Suñer. -Sr. Pi y Suñer- -le ha sido dicho á esíe excelente diputado- -ei Sr. Presidente dice que vaya usted á verle. El Sr. Pi y Suñer se ha encaminado ai aes-