Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A. B C. M I É R C O L E S 6 DE DICIEMBRE D E i 9 o5. PAG, 8. EDICIÓN i. a que, como ocurre casi siempre, no sabía nada del hecho de autos. NOTA INTERNACIONAL -Me llamaron, dice, acudí; díjome la señora (señalando á la denunciante) que fuera testigo de que se dejaba el hígado en casa del señor... (El terror se refleja en el semblante del juez, Sr. Picón) Tiscal (con interés) -Siga usted, siga usted refiriendo. Guardia. -Pues nada más; el dueño del establecimiento se negó á seguirme, alegando que no podía dejar la tienda abandonada, y yo en vista de ello, me llevé á la señora á la delegación. Juez (dirigiéndose á la denunciante) -Diga usted qué ocurrió la mañana en que mandó detener al denunciante. Denunciante. -Pues verá la santísima Sala: yo fui á casa del señor á comprar medio kilo de hígado... (La tranquilidad vuelve al ánimo del juez) Me pesó lo que pedía y yo le rogué que me partiera el hígado en filetes. Hízolo así; pero ¡ay! entonces advertí que aquéllo no estaba en condiciones. Protesté, quise marcharme, pero el mondonguero me retuvo exigiéndome el importe de lo que no había adquirido. Y esto es todo. El denunciado, que ha interrumpido varias veces la relación anterior, niega que aquélla haya dicho la verdad. Lo que sucedió es que la señora (con retintín) protestó de la cantidad de asadura que para completar el peso había yo añadido, y como esta protesta era tardía porque yo le había hecho ya el hígado pedazos, y no era cosa de quedarme con él, insistí en que se lo llevara, amenazándola con llamar á los guardias. Pero como las mujeres son asi, gritó más que yo, acudió gente, protestó á voz en cuello y los guardias la dieron la razón, dejándome á m! en la tienda sin cobrar lo que me pertenece, y lo que aún es peor, con el hígado partido y la asadura deshecha (textual) El fiscal, Sr. Alonso Bayón, sosteniendo la risa á duras penas, impone al trípicallero diez pesetas de multa. Por tener mal hígado. UN PASANTE EL MODUS YWEfim O CELOS MAL REPRIMIDOS SAÍNETE EN UN ACTO DIPLOMÁTICO, LETRA DE SILVESTRELLI, MÚSICA PROBABLEMENTE CELESTIAL familiar, y que, por primera vez después de siete años, se fumará tranquilamente una buena pipa al lado de la chimenea, sin preocuparse de si hay crisis ni de sí la sesión de la Cámara fue borrascosa, ni de si hubo complicación diplomática. Asegurad también á vuestros colegas que por nada en el mundo permitiré que ese día venga nadie á turbar esta soirée íntima. El 18 de Febrero será día de fiesta en mi casa; fiesta de familia, no una gala nacional... El repórter quiere saber ahora si el amor á la vida de familia es el que obliga á M r Loubet á renunciar á la vida oficial. -No- -ha respondido sin vacilar M r Loubet, -lo que me induce á ello son otro género de consideraciones. No creo, conforme á las practicas de un Estado democrático, que se deba establecer, por la renovación de poderes cada siete años, una especie de continuidad presidencial. Además, me queda ya poca vida y la poca que me resta quiero pasarla tranquilo y olvidado. Los mejores años de mi existencia se los di á la política; ahora que estoy viejo y cansado quiero dedicar mis últimos días á mis propios asuntos. Así, desde el momento que deje la presidencia de la República, terminó mi carrera política. Fuera del Elíseo no solicitaré ningún cargo; no seré ni senador, ni diputado... ni siquiera concejal... ¿Ni aun alcalde de Montelimar? -ha preguntado el repórter. ¿Alcalde de Montelimar? Después de todo, ¿por qué no? -parece ser que ha respondido el presidente con cierta sonrisa de satisfacción. Y el repórter pasa á interrogar á M r Loubet sobre los principales acontecimientos de su septenio, sobre la impresión que guarda del Zar de Rusia, del rey de Italia, de Eduardo Vil y de D Alfonso XIII. -Seguramente no esperáis que os diga que me produjeron mala impresión- -ha contestado M r Loubet. -Y tal vez os sorprenda esta respuesta. No soy yo quien ha recibido á esos Soberanos: Al Zar, al rey de Italia, á Eduardo VI y al Rey de España, los ha recibido Francia. Y lo que yo puedo deciros es que todos los Soberanos que han venido á Francia después de mi elección, y que yo he recibido, se han declarado encantados de la recepción que Francia les ha hecho. ¿Pero el episodio de la bomba? -st atrevió á insinuar el repórter. ¿La bomba? -ha contestado M r Loubet. -La bomba no es más que un recuerdo. Mucho se ha hablado de mi valor, de mi sangre fría. Pero os aseguro que yo no he tenido ni lo uno ni lo otro; cuando he comprendido el peligro, estábamos ya lejos. Y mis impresiones en aquel momento fueron breves, lo mismo que las d el joven Monarca español. -Pero el temor de que D. Alfonso Xlll hubiera muerto ó hubiera sido herido- -h preguntado el repórter- ¿no os produjo ningún sobresalto? ¡Ahí ¿Creéis que hay tiempo para sobre saltos? Además, antes que el ruido de la explosión se hubiera disipado, ya estaba D. Alfonso de pie informándose de mi propio estado y preguntando á los soldados por los efectos de la bomba. Y puesto que os interesa el Rey de España, os diré, para terminar, que su sencillez y su carácter jovial resolvieron inmediatamente las dificultades que la diferencia de edades pudo haber creado entre él y el jefe del Estado francés. Y la interviú del redactor de ILectures termina con varias explicaciones de M r Loubei sobre sus aficiones venatorias, á las que piensa consagrarse con la libertad que tanto ambiciona, sin fórmulas protocolarias. F MORA POSTALES EUROPEAS LO QUE HARÁ MR. LOUBET CUANDO DEJE LA PRESIDENCIA. ¡ALCALDE DE MONTELIMAR TODO LO MÁS! a popular revista Leclures pour Tous publica la interviú que su redactor M r Nouvion ha celebrado con el presidente de la República. Oíd las interesantes declaraciones que sobre sus recuerdos, sus impresiones y sus proyectos ha hecho el venerable Presidente. Interrogado por el distinguido repórter sobre la impresión que le produjo su elección á la Presidencia, M r Loubet dijo: -Mi nombramiento de presidente, en circunstancias anormales é imprevistas de todo el mundo, causóme gran alegría por el honor que representaba, aunque muy pronto comprendí los deberes que me imponía el elevado cargo. Comprenderéis- -agregó- -que para un hombre que, como yo, ama la vida de familia, la tranquilidad y la sencillez, la perspectiva que la vida oficial me presentaba no dejaría de causarme ciertas aprensiones. El repórter pasa á abordar la delicada cuestión de saber si M r Loubet está decidido á aceptar la renovación de su mandato presidencial. ¡Ah, nol... Podéis afirmarlo- -ha contestado. -Espero impaciente el 18 de Febrero de J 906. Ese día saldré del Elíseo para no volver. Ese día seré un simple ciudadano, que comerá en su casa de la rué Dante con su mujer y sus hijos, en una intimidad puramente DE SOCIEDAD El Sr. D Ángel González y Ssn Martín, conde del Cazal, se encuentra enfermo con un ataque reumático. Deseamos su restablecimiento