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f AÑQ TRES. NU- MERO 3 a 9. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. de los nuevos ministros para responder á los anhelos del país debe quedar en suspenso, hasta que se salga á campo extenso y despejado. Claro está que hay asuntos, como el del impuesto sobre cereales y harinas, el de alcoholes y las pretensiones de los alcoholeros, que no se pueden ya aplazar; peto existen otros que consienten mucho margen. Y éstos no habrán de significa! un capítulo de cargos, si no se les aborda aunque sea con ligereza. Pero es indispensable, para estimarlo así, contar con serenidad de ánimo y eso es mucho cuento. Lo seguro es cuanto queda indicado á la cabeza de estas líneas: áfin de no fomentar la desconfianza en ios propósitos de! Gabinete habrá que actuar á prisa, muy á prisa. MANUEL TROYANOÍ 5 DE DICIEMBRE DE 1905. NUMERO SUELTO, 5 CÉNS. cómico. El de la Guerra se ponía de pie para contestar á las preguntas ó interrupciones de los diputados aficionados á ellas. La falta de hábito, decía el público de las tribunas. Natu- raímente, como que el ministro iba de uniforme. Menos gracia tuvo el incidente provocado por el Sr. Osma al decir que la reforma del presupuesto presentada por el Sr. Echegaray puede hacer que Caín mate de hambre á Abel, esto es, que suba el precio del pan, que es lo que pensaba la opinión al observar el jaleo armado con los presupuestos: todo esto parará en que se encarezca el vino... y el pan Algo hubo, sin embargo, de plausible en la sesión de ayer: el aprobarse sin debate el Mensaje. Se habría aprobado de todos modos tras de mucho discutir, luego se ha ganado cuando menos tiempo. ¡Lástima que el caso no sea más frecuente! En la Bolsa hubo pánico. El temporal se había desarrollado en la de París y recaló en la nuestra sin producir más que efectos reflejos del h aoh habido en aquélla. Los millones perdidos ayer en París harían la felicidad de cualquier ministro de Hacienda español. Y de cualquier español que no sea ministro de Hacienda ni de nada. AEMECE I AY MUCHA El mayor peligro del PR 5 SA recién nacido Ministerio está en su actividad Ha sucedido éste en el mando á un Gabinete, cuya infecundidad le ha caracterizado; se compone de ministros jóvenes en su mayoría y á quienes se supone laboriosos, iniciadores, con bríos suficientes para no quedar dere iudos ante Jos primeros obstáculos. Ei Presidente, aunque ya ha alcanzado la madurez, es considerado como un espíritu juvenil y no puede ser tenido por la opinión como el áilalor, spe longus, de Horacio. Además su conveniencia está en aparecer á los ojos del país como el reverso de la medalla, cuyo anverso es su antecesor. De ahí proviene el hecho de que por todas partes se oiga exclamar: ¡actos, actos, actos! Lo piden así hasta los propios amigos de los consejeros responsables. Los plazos son ciertamente más cortos para toda gestión. Lo es desde luego y por fatalidad, que ni al Sr. Moret ni á sus colegases imputable, el de la aprobación de los presupuestos. Con razón ha podido decir eí Sr. Maura que la contestación más satisfactoria, que puede darse al discurso de la Corona, es presentar á ésta legalizada la situación económica dentro del plazo constitucional. Es por otra parte la postergación del Mensaje un medio para que no se cumpla la profecía, ni se confirme ¡a sospecha de que el Gobierno, una vez obtenida la aprobación de los presupuestos, se apresurará á cerrar las Cortes. La discusión del Mensaje, siguiendo de cerca aquella labor, dejará abiertas las puertas de! Parlamento y permitirá que sin premura se discuta lo mucho que ha quedado por discutir. El ideal de un ministro constitucional en la época presente, es gobernar con las Cortes cerradas el mayor tiempo que le sea posible. Pero ya se ha visto en dos ocasiones consecutivas, que los Ministerios con la representación nacional en suspenso, corren constante riesgo de asfixia, y además se hallan tan inseguros que los derriba un papirotazo. No es razón, ni aun pretexto, para prolongar el debate de los presupuestos hasta los límites de la obstrucción, la sospecha de que, cuando aquél termine, acabarán las sesiones de ías Cámaras. Como tampoco es censura fundada y seria, la de que no se planteen y se resuelvan todos los problemas en veinticuatro horas. Por ¡o pronto, lo primero es pasar la garganta cada vez más estrecha, por donde en el terreno económico hay que llegar antes del 1 de Enero á la legalidad. Ei juicio del espíritu público sobre la voluntad y el arte B- l asta para morirse se necesita tener suerte. Esto diría, si los muertos hablasen, el infeliz qje ayer falleció en una delegación de Vigilancia, después de recorrer en calvario Casas de Socorro y delegaciones en solicitud de que le diesen ingreso en el Hospital. -El hombre ss sentiría morir, pero le faltaba un requisito indispensable para entrsr en el benéfico establecimiento, según le manifestaron en una Casa de Socorro: no tenía fiebre. ¡Al diantre se le ocurre enfermar gravísimamente sin fiebre! El caso es que el pobre hombre se mutió en la delegación, y el Juzgado ordenó que el cadáver ingresase en el depósito municipal. Menos mal que á la entrada de este depósito no se toma el pulso á los que entran, para ver si tienen fiebre. Los artilleros y los ingenieros celebraron la fiesta de su patrona Santa Bárbara con solemnidades religiosas, que estuvieron muy concurridas, demostrándose así, contra lo que suele decirse, que hay quienes se acuerdan de Santa Bárbara aunque no truene, porque ayer no tronó, hizo un día bueno de un buen invierno. Los estudiantes volvieron a reunirse en mitin para desagraviar á Ja Prensa agraviada y para oir al Dr. Moliner, un generoso señor que se desvive por dar vida ai sanatorio de Porta Cceli, por curar á los tuberculosos y por pedir peras al olmo, que á tanto equivale pedir al Gobierno 25 millones de aumento en el presupuesto de enseñanza. Hay que desearle en esto tanta suerte como en la liberación de un escolar preso. Ofreció sacarle ó quedarse con él en la cárcel, y cuando vaya á gestionar el asunto, estará ya decretada la libertad del estudiante. Pues bien; que cuando vaya á pedir el aumento de los 25 millones estén ya concedidos, ¿no? Las sesiones de las Cámaras ofrecieron poco interés. La presentación de los dos ministros militares, nuevos en las lides parlamentarias, dio motivo en el Congreso á un incidente algo 1 PARLAMENTARIAS ONROSA INGE- Poco nos toca que NU 1 DAD escribir h o y Ayer tarde lo más notable que ha ocurrido en la Cámara popular ha sido el gesto de ingenuidad, de candor, del señor general Luque. El señor general Luque y el Sr. Concas, como no se hallaban en Madrid el sábado, han hecho ayer su presentación al Parlamento. Los dos vestían de uniforme; el Sr. Concas, grueso, achaparrado, sin cuello, con sus ojos opacos, sin luz, no nos ha dicho nada al espíritu; el señor general Luque, vestido sencillamente, con sobrias bordados, sin más que una pequeña medalla de bronce sobre su pecho, nos ha inspirado una viv. a simpatía. El señor general Luque tiene el gesto vivo, espontáneo; su cabeza blanquea, pero hay en sus movimientos, á pesar de esta nieve, toda la presteza, la decisión y el impulso de la juventud. Y después el señor general Luque nos ha demostrado que no sabe nada de las pequeñas artimañas, superche- rías y convencionalismos parlamentarios, y esto ha acabado de granjearle nuestro afecto. ¿Qué impresión ha recibido el señor ministro de la Guerra ai penetrar ayer tarde en esta Cámara y echar ¡a vista por los escaños llenos de estos señores que se creen los salvadores del país? Ante todo, el señor general Luque, como era natural, ha ido á sentarse en el banco azul; el señor general ha penetrado por el extremo donde se acomoda el jefe del Gobierno; luego ha avanzado un poco; después se ha quedado un tanto perplejo, sin saber lo que hacer: si avanzar más ó si detenerse allí y sentarse. No apartábamos nosotros la vista del ilustre general y le veíamos en esta situación violenta, di- fícil. Y afortunadamente, esto ha durado un brevísimo instante; e! Sr. Moret ¡legaba en el