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A B C MARTES 28 DE NOViEMBRE DE i 9 o5. PAG. 7. EDICIÓN 1. LOS SUCESOS DE I Tn relato imparcial. La Vanguardia, periócii- o J rio de Barcelona, de cuya seriedad é i. npaicialidad no puede dudarse, refiere los sucesoí acaecidos en aquella ciudad en la noche del sábado en la forma siguiente: Al anochecer eran muchas las personas que sabían que iban á ocurrir graves sucesos. También se aseguraba que el capitán general había ordenado el acuartelamiento de las tropas, disponiendo que se adoptara severas medidas de vigilancia en los cuarteles. A las ocho de la noche se celebró una reunión de autoridades, en la que se trató de lo que pudiera ocurrir. Se dijo en esta reunión que la oficialidad de Barcelona, exasperada por los constantes ataques al Ejército y á España de una parte de la Prensa catalanista y dispuesta á no tolerar tampoco que se profiriesen impunemente en lascalies de Barcelona gritos contra la integridad de la Patria, había resuelto realizar una manifestación de protesta. X edidas preventivas. La autoridad mi litar adoptó medidas para impedir que la manifestación pudiera realizarse. Parece que se apeló á los medios más enérgicos que las Ordenanzas facilitan; pero, como verán nuestros lectores, los propósitos previsores fueron ineficaces. El acuerdo era firme: oficiales de todos los uerpos de la guarnición habían empeñado su palabra. El mandato, si se dio, no fue atendido. X C n la plaza Real. A las nueve menos cuarto acudieron á la plaza Real grupos numerosos de militares, oficiales la mayoría, jefes algunos, vestidos de uniforme y luciendo casi todos en sus pechos las honrosas condecoraciones que ganaron derramando su sangre por la Patria. Muchos se sentaron en las mesas del café Español y otros paseaban bajo los pórticos. X 1 a señal. A las nueve en punto llegó un grupo de 40 ó 5o oficiales. Los reunidos ascenderían en aquellos momentos á unos 400. Un comandante que llevaba bastón con borh s lo enarboló en el centro de la plaza y gritó con voz resonante: Caballeros: ¡viva España! Este grito fue entusiástica y unánimemente contestado. X BARCELONA al grupo, y cogiendo al muchacho por un brazo lo apartó á un lado, diciendo: ¡Es un loco y está indefenso! ¡Dejadlo! Los militares obedecieron. X Aestigios. Del. Cu- Cut no quedaba ya nada. El fuego había consumido los paquetes de folletos, los libros y las colecciones. La letra estaba desparramada por el suelo, los pedazos de la máquina estaban esparcidos por el Llano de la Boquería. X La Teu. Entonces se oyeron voces de ¡A La Veu ¡A La Teul El gobernador civil quiso intervenir nuevamente. ¡Como general, ordeno á ustedes que se disuelvan! -dijo. ¡Usted no es general en estos momentos! contestaron algunas voces. Voy á disolverles á la fuerza! -gritó el gobernador. Los militares, sin hacerle caso, avanzaban. No quedaba al Sr. Fuentes otro recurso que ser testigo neutral de los sucesos que iban á desarrollarse, si no quería producir mayores trastornos. X Q o r las Ramblas. Como una avalancha los militares bajaban por las Ramblas. Algunos llevaban los aceros desenvainados. Los vítores á España continuaban incesantes. Completaba el cuadro un concierto de pitos de vigilantes y serenos que pedían auxilio. A la cabeza de los grupos se destacaba la silueta del gobernador. X p n marcha. Formando una masa compacta, los mililares se dirigieron, por las calles de Fernando y Quintana, á la redacción del Cu- Cui. En el grupo iban jefes y oficiales de todos los cuerpos: infantería, caballería, artillería, ingenieros, carabineros, marina y guardia civil, de paisano los de este último cuerpo. En aquellos momentos llegó á escape un carruaje, cuyos cocheros llevaban sombreros galoneados. X i 1 gobernado; Era el gobernador civil, Sr. Fuentes, quien abandonó el carruaje, precipitándose hacia los grupos. El gobernador extendió los brazos mos trando su bastón con borlas y pidiendo á los manifestantes que retrocedieran. Sus consejos fueron desoídos, y los oficiaJes siguieron avanzando. X T iálogo enérgico. El general Fuentes, que sequía á la cabeza de la manifestación procurando disuadir a los manifestantes, al llegar al llano de la Boquería, dijo en voz alta: Si se altera el orden, adoptaré medidas de energía. Un oficial le contestó: -Estamos dispuestos á castigar ejemplarmente las osadías separatistas y nada nos impedirá que realicemos nuestro propósito. ¿Y si saco la Guardia civil á la calle? -replicó el gobernador. Una voz nos pareció escuchar que contestaba: -Se nos unirá la Guardia civil, porque también es española, ó lucharemos con ella. X delante! Algunos militares enarbolaban bastones, otros desenvainaban sables. La situación era gravísima. Una imprudencia podía costar ríos de sangre. El gobernador y la policía no dejaron de comprenderlo. X pTn el Cu- Cut. Los manifestantes llegaron frente al local que ocupa la redacción y administración del Cu- Cut. Los ¡vivas! á España eran ensordecedores. Algunos oficiales jóvenes subieron por los adornos modernistas del aparador y en un periquete arrancaron la muestra de hierro macizo, que fue arrojada con estrépito á la calle. Aplausos entusiastas y ¡vivas! á España y á Cataluña española atronaron los aires. X f i policía ni paisanos. Un oficial de ingenieros, provisto de un hacha, reventóla puerta de hierro. Entonces se precipitó un grupo dentro del local. Algunos agentes de policía y varios paisanos quisieron seguirles. Junto á la puerta se situó un grupo de oficiales, que les impidió la entrada. ¡Aquí no entran más que militares! les dijeron. También rogaban los oficiales á los paisanos que se mezclaban con ellos que se retirasen. ¡Esta es cuenta nuestra! les decían. Por la puerta del local empezaron á salir objetos, que eran lanzados con gran fuerza por los militares que había dentro. El muñeco del Cu- Cut fue destrozado á sablazos. Los almanaques, los paquetes de letra, libros y papeles, eran sacados á montones. Pronto se formó una gran hoguera. Lot cristales de los aparadores caían á pedazos. El estruendo era terrible. Unos cuantos oficiales de ingenieros en pocos momentos rompieron la máquina, que por cierto era nueva. Durante estos destrozos no cesaron de oírse vivas! á España. X 1 a caja de caudales. Algunos oficiales salieron del local con la caja de caudales en brazos. Acercándose al gobernador, le dijeron: -Señor gobernador: le hacemos entrega del dinero de esa gente. ¡No vayan á decir después que se les ha robado! El general Fuentes se hizo cargo de la caja. X 1 f n exaltado. Un joven se acercó á los grupos de militares, diciendo: ¡Viva Cataluña libre! Más de 5o aceros brillaron en el aire. El exaltado joven iba á pasarlo mal. Un jefe, que en Ja obscuridad no pudimos ver si era teniente coronel ó coronel, se acercó A A p n La Veu. Se detuvo la manifestación frente al edificio de la Rambla de las Flores, donde se hall instalada la redacción de La Veu de Catalunya. Uhos cuantos oficiales avanzaron pretendiendo violentar la puerta. Resultaba difícil, por ser maciza, y alguien gritó: ¡Prendedla fuego! Se acercaron algunos dispuestos á seguuir el consejo; pero un jefe lo impidió. Perjudicamos al propietario de la casa, que no tiene nada que ver con el periódico les observó, y fue atendido. Cuatro ó cinco oficiales jóvenes subieron con una facilidad que envidiaría el más consumado gimnasta, por el balcón. En su arriesgada empresa eran alentados con ¡vivas! á España y entusiastas aplausos. Montaron sobre la barandilla del balcón, y, con los sables desenvainados gritaron: Com pañeros: ¡viva España! En seguida comenzaron á realizar la misma obra destructora que poco antes habíamos presenciado en el Cu- Cut. X D espetad el escudo! Se oyeron muchas voces: ¡Respetad el escudo! ¡Respetad el escudo! Los que estaban en el balcón contestaron á estas advertencias con ¡Vivas á Cataluña españolal, demostrando que no era necesario darles aquel consejo. X atalanista apaleado. Un individuo que se hallaba contemplando el asalto dio un grito de ¡muera España! No había terminado de proferir la blasfemia, cuando recibió un golpe que le dejó sin sentido. X A briendo brecha. Los balcones de La Veu deben ser sóli dos, pues los oficiales tardaron algunos minutos en abrir boquetes para penetrar en el local. C