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A B C LUNES 17 DE NQVIEMB RE DE i9o S. PAG. 8. EDICíON nes del río productor del entozario áz Leversn, germen del paludismo, y hoy moran allí, en 5oo casitas nuevas, modelos, construidas ad hoc per la Compañía explotadora, en condiciones perfectamente asépticas y enclavadas por grupos diseminados en las cumbres de los cerrillos. Cada casita consta, cuando menos, de un amplío zaguán, ti es dormitorios espaciosos y con ventilaciónal exterior, cocina y un pequeño jardincito: las hay de tres categorías, y por ellas paga de alquiler el minero ti es, cinco y siete pesetas mensuales como máximum. El paludismo allí hoy casi no existe, porque por iniciativa del filántropo Sr. Siiss se han plantado millares de eucaliptus en las márgenes del río infecto que cruza el distrito minero, río que va á ser ahora canalizado, para lo cual la Compañía acaba de pagar 37.000 pesetas por un molino para derribarlo, que apenas si vale 4.000, y cuyas presas estancaban el agua, formando inmenso charco que era et centro de reunión de millonadas de anofeles (mosquitos engendtadores del paludismo) Por si esto no fuera bastante, la Compañía propietaria de las minas, por iniciativa del nunca bastante alabado Sr. Siiss, ha establecido un soberbio Economato para abastecer de alimentos y bebidas, calzado, vestidos, etc. á sus obreros y familias, evitando de esta suerte el que cantinas particulares y otros comercios explotaran criminalmente al obrero, que hoy puede alimentarse con substancias nutritivas azoadas y sanas, adquiridas en el Economato á precios increíbles por lo exiguos. El pan cuesta allí á 36 céntimos el kilo; la carne fresca de ternera á 1,80; la de oveja á 1,44; el pescado fino (merluza, salmonete, besugo, etc. á i,5o; el vino puro de Valdepeñas á 3o céntimos el litro; la botella de cerveza á 20 céntimos, etcétera etc. Además, la Compañía ha comprado 200 cabras de superior calidad y suministra á sus operarios leche pura, magnífica, á 20 céntimos el litro, y de esta leche, previamente esterilizada en el servicio sanitario de las minas, se reparten frasquítos aséptica y automáticamente tapados y racionados á las mujeres de los mineros que no pueden lactar á sus hijos; es decir, una verdadera institución análoga á la Gota de leche establecida en Madrid por el ilustre doctor Ulecia. Allí hay un lujo de limpieza, ae aseo, de higienización, de saneamiento, que causa gozo; dos brigadas de obreros hállanse á diario destinadas á efectuar el barrido, tanto del poblado como del suelo del campo; por eso no se ve ni un papel, ni una hoja seca de arbusto, ni polvo, ni inmundicia en aquel suelo, sobre el cual pudiera comerse sopas (valga el adagio) Cuenta la colonia con un espléndido y suntuoso servicio sanitario, jefaturado por mi ilustrado colega el doctor D. Guillermo Fernández, destinado á prestar asidua, esmerada y gratuita asistencia médico- farmacéutica á todos los obreros de las minas y sus familias en toda clase de enfermedades; allí hay balones de oxigeno en las bocas de las minas dispuestos para el pronto auxilio en los casos de conatos de asfixia; laboratorio de análisis químico; microscopio para el examen de productos patológicos; carros- cubas para suministrar diariamente á los domicilios de Jos mineros agua potable y rica; hospital lujoso para heridos por accidentes del trabajo; magnífica sala de operaciones quirúrgicas y soberbia farmacia, todo gratuito para el obrero y sus familias; hasta por haber, hay magníficas escuelas de niños de ambos sexos y un moderno cementerio, todo costeado por cuenta de la Compañía propietaria. De este modo, con tan perfectas condiciones de higienización á la moderna, los mineros de allí, sus mujeres y sus hijos disfrutan salud á raudales; allí no se ve una cara anémica; allí no encontraría mi ilustrado compañero el doctor Codina y Castellví, notable higienista y competentísimo en los estudios de la anemia de los mineros, ni un solo caso de anquilostomiasts duodenal. La salud rebosa allí por todas partes, gracias á la escrupulosa higienización empleada, y lo demuestra la siguiente estadística: en aquella comarca minera compuesta por más de 7.000 habitantes, el pasado año hubo solo 36 defunciones, éntrelas que ocho lo fueron por accidentes del trabajo, 1 2 por tuberculosis nada más, y ninguno por paludismo, y en ambio hubo i56 nacimientos. Esta estadística prueba claramente que tan preciados beneficios en la salubridad del elemento minero débese á las grandes, á las modernas reformas Í 1 Í implantadas por el Sr. D. Nathan Siiss, digno por todos conceptos de un caluroso aplauso, y secundadas por el ingeniero director de aquellas minas D Alejandro J ambelaine y el ilustrado médico de las mismas D. Guillermo Fernandez. A todos, desde aquí, envío mi mas entusiasta enhorabuena, como igualmente doy las gracias á D. Vafael Rivera, jefe d é l a Contabil dad délas minas, y á Mr. Julio od, jefe del heonomat que en unión del doctor Fernandez me acompañaron todo el día en mi visita a aquellos higienizados y salutíferos lugares. Si todos los patronos en España fueran como lo es la Compañía propietaria de las minas La Reunión otro gallo les cantara á los obieros bpañolts. DR. CORRAL Y MA 1 RA H ABLANDO CON EL SEÑOR ECHEGARAY En la Semana financiera nos hacemos eco de los rumores que han circulado en las Bolsas de París y Madrid sobre el proyecto de ley del Banco y la supresión del affidavit. Para poder enterar á nuestros lectores de lo que hay de cierto en esos rumores, hemos visitado al Sr. Echegaray. Nos ha autorizado para desmentir categóricamente cuanto se ha dicho de la supresión del affidavit. No piensa en suprimirlo, ni ha estudiado tó davía la cuestión, porque cree que existen otros problemas de más urgente resolución. Y la versión publicada por E Economista acerca del proyecto de ley del Banco- -le hemos preguntado- ¿es cierta? No estaba enterado el ministro de Hacienda de la información de Economista. Le hemos repetido lo que decimos hoy en nuestra Semana financiera y nos ha contestado: Algo de verdad hay en todo esto; el pensamiento es ese en el fondo, pero los detalles no son rigurosamente exactos. con su inofensiva blusa larga, dispuesto á embellecerme, como Cyrano embelleció á Christian ante los ojos de Roxana. -De modo que la huelga... -No sé en qué terminará. Sin embargo, aunque se han cerrado algunos salones, para no tener al público con lab barbas suplicantes hay en el Centro donde nos hemos atrincherado cerca de quinientos peluqueros, entre profesionales y meritorios, para decirle al transeúnte: ¡Pase, caballero, que no hay patronos! -Como siempre, los patronos... ¡El diablo los confunda, D. Luis! ¡Ah, si yo afeitara al mío, lo que es la nuez se la dejaba al relente! ¿Fría? -Como gustes. -Pero como ocurre en todas estas huelgas, hay muchos 11 midos para el cocido, y donde no existe unión se acaba por sucumbir. -Pues el domingo se habrá visto mucha gente comprometida por no saber, mejor dicho, por no tener donde afeitarse. -Yo sé de muchas señoras que hoy habrán tenido que servir á sus esposos, y casas donde si sigue esto de la huelga, preguntarán á las criadas que soliciten colocación: ¿Sabe usted afeitar? Hoy, encontrar así á mano un peluquero es hallar un trébol de cuatro hojas. Cuando venía á servirle, algunos parroquianos me reconocieron y corrieron detrás de mí dando voces de ¡A ese! ¡A ese! No en mal sentido ni con propósito perverso, sino para que los afeitara. Afortunadamente pude escabullirme, detrás del Sr. Aguilera. Por eso llegué á su casacon tantas precauciones... ¿A lo Kaiser? -Sí, hombre, que también tenemos que estrechar lazos con Alemania. -Y ya sabe usted: mientras sigan las cosas como hasta ahora, no mande aviso á la peluquería, porque me compromete, sino á la lista de Correos. Luis GABALDÓN DE SOCIEDAD La señora marquesa de Squilache ha inaugurado este presente invierno las por todos los estilos deliciosas comidas con que obsequia á algunos de sus amigos. El viernes último reunió en su mesa á varias damas y á varios caballeros, que por su belleza aquéllas y por su posición en las armas y en la política é tos, figuran en primera línea. Se sentaron á la derecha de la amable dueña de la casa D Andrés Mellado, y á su izquierda el Sr. Vincenti. Frente á la marquesa de Squilache se sentó el general Azcárraga, entre la señora de Dato y la condesa del Serrallo. Los demás puestos de la mesa fueron ocupados por la marquesa de Valdeiglesias, la señora de Mellado, la señorita de Dato, éste, el general Echagüe, el conde de Esteban Collantes y el joven literato D. Antonio de Hoyos. La marquesa lucía un bonito traje blanco con incrustaciones de tul y terciopelo negros. Terminada la comida acudieron, como de costumbre muchas personas distinguidas, organizándose entre todos animadas partidas de tresillo. Ayer fue el primero de los tres domingos que por la tarde recibirán á sus amigos los marqueses de Villamediana. Muchos fueron los que acudieron, viéndose en los salones de la casa que habitan los marqueses en la calle de Ayala distinguidas personas, entre las que predominaban damas hermosas y elegantes. Vimos, entre otras que sentimos no citar por no recordar sus nombres, á las marquesas de la Laguna, luciendo joyas de gran valor; Monistrol, Berna, Zornoza, Tenorio, Campillo, Torremilanos; condesas de Belle, Esteban Collantes, Múnter, Benomar, Torreánaz; ba- A yer por la mañana, el Fígaro que tiene el alto honor de pasear su navaja sobre mi cutis y que me entera en un breve repaso de lo que se murmura por ahí, vaciándome después todo su programa de gobierno- ¡qué español no lo tiene! -se presentó, embozado hasta las cejas, en mi domicilio, como un inocente progresista en época de persecuciones. ¿Me permite usted asomarme al balcón un momento? Sí, hombre, sí! -le contesté. -Por mí, hasta tirarse, si eso le conviene. -Quiero cerciorarme de si me sigue algún compañero. ¡No sabe usted lo fea que se ha puesto la cosa! No hay peligro; á nadie veo. ¡Voy con usted! Y tirando de navaja, me dio un susto regular, pues creí que á mi buen barbero se le había subido el jaboncillo á la cabeza, al ver aquella misteriosa pantomima. Pero luego recordé que, sin duda para no ser menos que los demás, también habían estrenado una huelga, y me volvió el sosiego a! ánimo. Mi hombre se quijo la capa, arrojándola al suelo, como los tenores de ópera, que maldito si le dan importancia, caiga donde caiga. Y debajo de la pañosa apareció el solícito barbero