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3 AMO TRES. NU. MADRID, 25 DE NOVIEMBRE DE 1905. NÚMERO SUELTO, 5 CÉNS. leco de que nos ha hecho donación el S r Junoy; hemos sacado de nuestro Forcel- -cosa que no saben los señores académicos lo que significa- -nuestro viejo sombrero de copa; nos hemos puesto, finalmente, en guisa parlamentaria, y hemos emprendido el camino de la Cámara popular. Ayer era día solemne; cuando nuestra mirada se ha espaciado por el salón, hemos observado que en los escaños sólo se aposentaban seis ú ocho personeros de la nación y que en la cáncana ministerial- -pues de de tal podemos calificar ya el banco azul desde ayer tarde- -mostraban sus figuras un tanto lacias el Sr. Puigcerver, el S r Echegaray y el Sr. Montero Ríos... Y este gesto de resignación, de laxitud, ha llamado vivamente nuestra atención. ¿Cuál será la génesis oculta y profunda de esta actitud? -nos preguntábamos nosotros. Y en estas reflexiones nos hallábamos sumidos, cuando ha venido á despertarnos á la realidad la poderosa voz de nuestro muy querido amigo el señor Romeo. Y ¿qué quería el Sr. Romeo? El señor Romeo ha abierto una pequeña tienda enfrente de la antigua y acreditada del Sr. Soriano; ya los viejos y prudentes parlamentarios hemos reparado, con ciería sorpresa, en este fenómeno. El Sr. Romeo se propone hacer todas las tardes al Gobierno una pregunta un tanto sensacional. Y en la tarde de ayer nuestro excelente amigo deseaba investigar e! paradero de cierta misteriosa vajilla; si esta- vajilla fuera de mera y tosca loza, la curiosidad de nuestro amigo parecería excesiva; pero se trata de na soberbia vajilla de recia plata, de una verdadera obra de arte, y el Sr. Romeo que sabe, como sabemos todos, que esta vajilla fue traída de la Capitanía genera! de Cuba al ministerio de Ultramar, desea que el Gobierno ponga en claro por obra de qué sutil artificio esta vajilla ha desaparecido de dicho ministerio. Y decía el Sr. Romeo con un tiniej de suave ironía: Hace tiempo, señores diputados, que un notable escritor inglés que está escribiendo na historia de nuestros desastres coloniales, me escribe cartas y más cartas pidiéndome noticias y fotografías de esta vajilla: yo me veo en un apretado compromiso. ¿Qué he de contestar yo á este señor? ¿En qué sótano, covachuela, archivo, biblioteca, museo ó ministerio está esa vajilla? Cámara una voz incisiva, agria, que vocifera: ¡Seguro que no parecerá! Experimentan todos una agradable sorpresa: esta voz es la del Sr. Soriano. El S r Soriano ha hecho esta tarde su solemne aparición en la Cámara, y estas palabras son el primer grito que lanza. Y á seguida, cuando el Sr. Romeo ha rectificado, el S r Soriano hace unas preguntas misteriosas á varios consejeros de la Corona. En el salón se ptoduce un movimiento de ansiedad: ningún representante del país posee como el S r Soriano el don de despertar el interés del auditorio. ¿Qué va á decir ahora el S r Soriano? El S t Soriano desea que el Sr. Echegaray traiga á la Cámara unos documentos y active las obras de la Fábrica de tabacos de Valencia, y por otra parte, el Sr. Soriano, dirigiéndose ai señor Montero Ríos, pregunta si este señor es propietario de unos solares cerca de los Jerónimos. Promete el Sr. Echegaray acceder á los deseos del Sr. Soriano; manifiesta el señor Mantero Ríos que el solar que él posee- es el primero que está detrás de la estatua de M u rillo declara el Sr. Soriano que con esto hay bastante para esta tarde y entramos, Henos de confusiones ante tal misterio, en la discusión del Mensaje... Esta discusión del Mensaje es la cosa más importante, más trascendental que realiza el Parlamento. Un señor presenta una enmienda y habla sobre ella dos ó tres horas; la enmienda, claro está, no es tomada en consideración ó es. retirada por el propio autor, y el kilométrico discurso del señor diputado, con más del eterno discurso en que otro señor lo contesta, pasan al Diario de Sesiones, después de haber pasado ¡ay! por nuestras mentes. En la tarde de ayer quien rompió el fuego fue el señor Cobián; el Sr. Cobián es villaverdista. Ser villaverdista en la actualidad es igual ó casi igual que ser partidario de D Claudio Moyano, de D José Posada Herrera, de D Cristino Martos, de D Venancio González ó de D Manuel Alonso Martínez; es decir, es ser partidario de algo que no existe, ó lo que da lo mismo, es no ser nada. Y si á esto añadimos que el Sr. Cobián es un orador del antiguo régimen, que gesticula violentamente y que profiere estentóreas vociferaciones, comprenderá el lector la delectación con que le hemos oído. Nosotros deseamos que él nos perdone. El Sr. Cobián es de los oradores que gustan de reforzar ¡as expresiones que salen de sus labios. ¿Hay que decirlo, y hay que confesarlo, y hay que reconocerlo- -exclamaba ayer tarde- -estamos indefensos! Creemos que á este abuso de los sinónimos es á lo que los retóricos llaman metábola; y ello es, sea como sea, que el Sr. Cobián ocupó ayer la atención de la Cámara por espacio de dos ó tres horas interminables. i MERO 319. CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. MADRID AL DÍA T íempo de perros fue el de ayer, según frase vulgar é injuriosa para la raza canina, porque no hay razón para atribuir cosa tan mala á animales que por fieles y simpáticos son llamados amigos del hombre. S a b e D i o s si llamarán ellos tiempo de hombres al tiempo malo como el qtie ayer soportó Madrid. La policía detuvo de madrugada á tinos falsificadores de moneda que se dedicaban á hacer pasar duros ilegítimos. Su ilegitimidad consiste, como es sabido, en no estar acuñados por el Estado, pues por 3o demás, también se sabe que el Estado fabrica duros de cinco pesetas que no valen cinco pesetas ni mucho menos. Y, sin embargo, los hace pasar sin que nadie se meta con él. Las huelgas continuaron á la orden de ¡día, no obstante significar algo tan reñido con el orden. Los peluqueros se reunieron por la noche y si Dios no lo remedia tendrán motivo para regocijarse los fabricantes de máquinas de afeitar, porque de esta vez va á resultar un gran consumo del artículo. Los estudiantes asaltaron una Facultad para reunirse y acordaron Ja huelga; pero el acuerdo no es unánime y hay quienes, reconociendo la necesidad de reformas en la enseñanza y reclamándolas, repiten la frase del sabio: Pega, pero escucha y quieren entrar en ciase. El Gobierno se reunió anoche y acordó en resumidas cuentas dar gusto á los huelguistas. Las sesiones legislativas no carecieron de interés. El Senado, tras de aprobar el acta de nuestro querido amigo é ilustre compañero D Manuel Troyano, á quien felicitamos, volvió á ocuparse de los asuntos de la Diputación provincial de Aladríd. Entre los senadores se r e partieron, al comenzar este debate, frascos de Colonia. Y si no se repartieron, debieron repartirse por caridad é higiene. En el Congreso comenzó el debate poJírico; pero antes se preguntó por una vajilla de plata que YÍRO de Cuba, y de cuya vajilla 110 se sabe en concreto nada. Y no nada entre dos platos, sino entre todos ios que componen aquélla. Les ferroviarios siguieron discutiendo, pero no á velocidad de sudexpreso, sino de mixto con paradas, transbordos y tracción simple. 1 En Lara huho anoche un estreno con suene. Igual se la deseamos para hoy al Gobierno. AEMECE IMPRESIONES 1 A MEN A P O L I A N T E A Hemos dado or den á nuestro cubiculario de que nos aprestara la pequeña levita y el soberbio cha- La Cámara oía con marcado interés ¡as preguntas del S r Romeo; nosotros hemos notado, sin embargo, que en tanto que nuestro compañero las formulaba, dos ó tres délos señores ministros se hallaban entregados á una amena char a con otros tantos representantes de! país. Y ahora bien: esío no puede ser; nosotros entendemos que cuando un diputado se propone ser un orador de cómbale, un poleJemista- ¡y ojaiá se lo propusieran machos! -e! primer deber que este diputado tiene es el Dimos un suspiro de vaga satisfacción cuande hacerse oir atentamente, religiosamente, por do vimos sentarse á este excelente diputado, y los ministros. Esío se consigue con gran faci- comenzamos á oir a! señor barón de Sacro- Lilidad, y el Sr. Soriano conoce como nadie el rio. ¿Habrá hombre más benévolo, más afable secreto... en todo el Parlamento que el señor barón de Sacro- Lirio? Esta Crónica va siendo ya excesiY claro está- -volviendo á nuestro lema- -vamente larga; el espacio nos falta para transque el Sr. WeySer no sabe nada de ¡o que el cribir ¡as palabras que en ¡a sesión de ayer proSr. Romeo desea saber; el Sr. Weyler ha henunció el discreto señor barón; ellas fueron cho por su parte algunas averiguaciones; desmuy elocuentes. Bástele al lector esto, y denos graciadamente e s t a s averiguaciones n o han dado ningún resultado. ¿Fue llevada la tal va- su licencia para que nos retiremos hasta mañana. jiila á la Casa de la Alonada? El Sr. Weyler nos cuenta que él ha oído vagaimente que allí AZORiN rué llevada, en efecto... Y al llegar aquí en su réplica el señor ministro se oye en toda la