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A B C JUEVES i j D E N O V l E M P W E DE ioo5. EDICIÓN i. a quier destello de la ceremonia que llegaba al público era acogido con hurrahs formidables, con los característicos ihree cheers en honor de la Reina, de la prin El 23 de Noviembre de 1887- -hoy se cesa Beatriz ó de! a recién nacida. Mientras tanto, en el interior del cascumplen dieciocho años de aquella fecha, -fue un día memorable en los Hig- tillo retozaba la alegría. Verdad que la hlands. Nadie recordaba acontecimiento criaturita que iba á ser cristianada hacía semejante: ni era fácil, puesto que fue ya el numero 32 entre los nietos de Vic 3i glos atrás, allá por el año i 600, cuando toria 1; pero era la primera hija d? l manació en Escocia el último vastago de trimonio de la princesa Beatriz y de Enregia estirpe. ¿Cómo extrañar que el país rique de Battenberg, y el placer de la feentero, desde los pétreos castillos medio- liz pareja se comunicaba á la augusta abueevales Hasta los más humildes coHctges, la, disipando nieblas que de Irlanda vese estremeciera de curiosidad y rebosara nían muy densas por entonces á ensomen comentarios ante la noticia de que en brecer su vida. Quiso ser, pues, la emtal día había de celebrarse el bautizo de peratriz de las Indias quien tuviera en s- us 1 A FUTURA REINA DE ESPALÑA. ANIVERSARIO DE SU BAUTIZO los y los padres si aque brote llegaría á ser rama frondosa? De fijo, sí; acaso no hay parala fantasía acicate mayor que la contemplación de un recién nacido. Y tal vez, ¿por qué no? ansiando arrebatar al porvenir sus secretos, alguien deseó entonces que aquella niña de un mes viviera, fuera hermosa, lista y buena, para que, andando el tiempo, la adorase algún reyecito que por aquellos días era ya todo un hombre de año y medio. 11 ¿Quiénes eran dos quiméricas visiones, alba la una, negra la otra, que al empe zar la noche de aquel día revoloteaban cual alados, fantasmas entre los árboles -1 v (i MADRID. REGRESO DE S. M. EL REY. LA FAMILIA REAL SALIENDO DE LA ESI ACIÓN DEL NORTE EN LA TARDE DE AYER Fot A I ¡G la augusta niña nacida en Balmoral Castle el 24 del mes anterior? Toda la parte central del Deeside, el yalle regado por el Dee entre Ballaster y Brsemar se inundó de turistas. No se había anunciado fiesta alguna; oficialmente sé dijo que la ceremonia sería en familia. Pero nada contenía la curiosidad de las gentes. Y cada carruaje de autoridad que se dirigía presurosa al castillo, cada penacho que flameaba sobre la cabeza de alguno de los pocos cortesanos que tenían que asistir al solemne acto, la música que iba, ¡el clero que volvía, el pelotón de highlanders encaminándose á Palacio al son de los típicos acordes del físper, cual- brazos á la neófita; disputando este honor á la otra abuela, también presente; la princesa Julia Teresa. Ellas dos, los padres y algún otro miembro de la familia Real fueron, con media docena de servidores y funcionarios, los únicos testigos del acto, que se verificó en el gran salón del castillo. El abérdeen Madrigal Choir cantó el himno bautismal, y el deán de la Catedral, de Edimburgo, Dr. Cameron Lees, impuso á la niña, con agua traída expresamente del Jordán, los nombres de Victoria, Eugenia, Julia, Eva... El árbol genealógico de la familia Real inglesa contó desde aquel día con un brote más. Pensaron á la sazón los abue- de la vieja montaña de Lochnagaz, cantada por Lord Byron? Brujas de Burus... hadas de Scott... ¡quién sabe! Los montes escoceses abundan tanto en fantasmas como en caza. Dijérase que las damas blancas que antaño anidaban en las torres de los hoy resquebrajados castillos ó bajo las bóvedas de los templos ahora en ruinas. Dunstaffnage ó Turuberry, lona ó Melrose, huyeron amedrentadas á los bosques y allí prosiguen impertérritas su labor de profetisas ó su misión de agoreras. Una de cada clase eran, sin duda, las que charlaban en Sochuagar. Vaticinaba la negra días muy tristes... La niña que,