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A B C MIÉRCOLES 22 L) NOVIEMBRE Dt, ioo5. PAG. i3. EDICIÓN 3. a í rueba ae esto- -añade- -es que cuesta 7 céntimas menos la caja de 35 kilos de naranja que se envía desde Murcia á Bilbao por la vía Liverpool, que por la lima férrea. La fruta española tiene aceptación en el Extranjero, especialmente en los mercados de París y Londres, pero tan pronto como llegan á aquéllos las similares francesas é italianas, deja de venderse, pues no puede soportar ia competencia por los precios de transporte. En España- -dice- -creen los ferroviarios que se produce poca fruta, pero esto es un error, porque sólo la de verano, sin contar la uva ni los ocho millones de cajas de naranjas y limones á que me he referido, asciende á 40.000 toneladas. Estos datos- -termina- -creo que son suficientes para que las Compañías, teniéndolos en cuenta, accedan á la revisión de las tarifas. M r Leflor, que tiene el doble carácter de hullero y ferrocarrilero, entiende que las Compañías pueden hacer algo en favor de la industria de carbones rebajando el transporte. El Sr. López Péiez habla de las tarifas referentes á los pequeños encargos y paquetes, que tienen en su opinión gran importancia, porque éstos hacen que se conozcan los muestrarios, base del comercio en todos los puntos de la Península. Los paquetes y encargos cuestan o, y 5 céntimos desde Cádiz á los Pirineos, porque este servicio se considera tráfico internacional; pues bien, con las reformas propuestas por las ponencias, ha de costar el transporte i,5o, cantidad que es natural beneficiará á las Compañías, y sin embargo, éstas no lo aceptan; y no lo aceptan porque no han venido aquí á discutir ni á convencernos, sino decididos á sostener á todo trance el actual estado de cosas en lo que al servicio, tarifas y transportes se refiere. El Sr. Farias propone que se unifiquen las tarifas para que el particular sepa la que ha de aplicar. Pide que se evite también las oscilaciones que en aquéllas se observan, cosa que se conseguiría son una escala gradual. Excita al Gobierno para que. modifique las tarifas, garantizando á las Compañías ingresos iguales á los del último quinquenio, si bien no se le oculta que ha de ser difícil establecer la base de cálculo. M r Leflor solicita que se establezca en España la clasificación de tarifas francesas, y especialmente la del Zollverein, ó sea la europea que abarca varias naciones, pues con elio se darían grandes facilidades al tráfico internacional. Rectifica el Sr. López Pérez y le contesta el Sr. Borrell afirmando que el precio de los transa portes en España para los paquetes y pequeños encaraos, es para aquéllos que vayan destinados al Extranjero; y constituye una imposición del Gobierno. Ahora bien- -dice el Sr. Borre! -si se quiere que porque hemos aceptado esto que nos peijudica, lo aceptemos todo, será mejor que se pida de una vez la desaparición de las Compañías ferroviarias. El Sr. Núñez dice entre otras cosas que los viajeros de tercera clase tardan veinticuatro horas en hacer el recorrido de Monforte á Santiago, y que todas las locomotoras que circulad por Galicia son del año J 852. ferrocarriles, quz se han sacrificado y se sacrifican de hecho por el interés general, concediendo en favor del comercio y de ¡a industria, que le deben su engrandecimiento y prosperidad, cuanto su estado económico les permire. Está conforme con los representantes de las Cámaras de Comercio y productores en lo que se refiere al impuesto de transportes, y propone al ministro, de acuerdo con ac uéllos, que se recabe del de Hacienda la supresión del impuesto mencionado. A) terminar su discurso el S r Borrell, se levanta la sesión. cha nieve, pero no ñau sentido frió á pesar cíe marcar el termómetro siete grados bajo cero. El Rey se ha retirado á descansar al arrancar el ti en de esta estación. -Ciuz. LA LLEGADA DEL REY la una la D esdeacudir á yla media de dtltarder t eempezaron á estación No numerosos curiosos que se proponían presenciar la llegada de nuestro Monarca. Aunque la hora era un poco intempestiva, lo espléndido del día ha hecho que en la corta carrera que la comitiva había de seguir, estuviese también ocupada por muchas persanss, entre las que figuraban bastantes señoras. Al andén de la estación comenzó á acudí! el elemento oficial á las dos menos cuarto. E l Gobierno acudió en pleno, vistiendo los ministros de uniforme. Había muchos hombres políticos, entre los que figuraban los exmínístros y exsubsecretarios que residen en Madrid y una nutrida representación de! elemento militar. Recordamos, entre otros, á los Sres. Sánchez Guerra, Dato, Liniers. Merino, Romeo, Sanchiz, La Cierva, Cortezo, Barros A g u i lera, Antequera, marqueses de Barzanallana, de Valdeiglesias y de Vadillo, duque de Bivona. El alcalde S r Vincenti y el gobernador se iior Ruiz Jiménez, este último de uniforme, y el gobernador militar general Ech g t k estaban en el andén desde primera hora. Una compañía del regimiento de León con bandera y música era la encargada de tributar los honores militares. A las dos y cuarto, la banda entonó! a M a t cha Real, y se presentaron en e! andén Su M a jestad la Reina madre, Jas infantas María Teres. aé Isabel, el Príncipe viudo, con uniforme de general de brigada, y el príncipe de Baviera líistiendp el de capirin de Húsares de Pavía, seguidos de los altos funcionarios palatinos, de Jas damas de guardia y de los Gr nies de E s paña. A las dos y veintidós entró el tren real en e Eindén, é inmediatamente S. M el Rey, que ostentaba el uniforme de capitán genera! de dialio, descendió del coche y dirigiéndose á la Reina la abrazó y besó repelidas veces, haciendo otro tanto con las Infantas y los Príncipes; al Rey ptecedían los señores duque de Sotomayor y general Bjsc ¿ra, Después de haber saludado D Alfonso a presidente del Conse o, los ministros todos y al Obispo de Sión, revistó la compañía que hacía los honores, y por final, entre saludos afectuosos y jvivas! entusiastas, se dirigieron las Reales personas á la sala de espera, desde donde salieron á tomar asiento en los coches que los condujo á Palacio. En el rostro dei Rey, en sus movimientos vivos y resueltos, no se advierte nada anormal; todo lo contrario, en su tez ligeramente curtida, en sus mejillas coloreadas se denota la excelente salud que goza nuestro Soberano. s La comitiva siguió por la cuesta de San V i cente y calle de Bailen á Palacio, entre! os saludos y jvivas! de la muchedumbre. ÉL VIAJE POR TELEGUAFO PAR 3 B, 2 1 1 T Calida de D Alfonso. Con motivo de la salida de D. Alfonso, la estación del Quai d Orsay hallábase adornada con mucho iujo y elegancia, luciendo trofeos con banderas españolas y francesas, plantas, flores y preciosas colgaduras. En el salón de espera estaban ¡a infanta Eulalia, ci príncipe Felipe de Borbón, el embajador de España y la marquesa del Muni con todo el persona de la Embajada y Consulado. En el andén esperaban numerosas personalidades de la colonia española. Don Alfonso llegó á las doce, siendo recibido, por los coroneles Lamy y Reibell en representación de M r Loubet. X, RUN, 2 1 T 1 os Reyes de España y Portugal, Los Monarcas de España y Portugal se cruzarán dentro de pocas horas en esta estación. Don Alfonso llegará esta noche á las diez y cuarenta en el sudexpreso, y continuará su viaje en el mismo tren. Don Carlos llegará á 1 as once y tres minutos en tren especial, y desde Hendaya continuará su viaje á París también en tren especial, que ya está dispuesto y es el mismo que condujo á D. Alfonso á París en e! mes de Mayo y á M r Lobet á Madrid en Octubre. En el centro del andén se ha improvisado una sala en la misma forma que cuando fuá el Rey de España á París, y en ella saludarán las autoridades francesas á D Carlos de Portugal. El paso del andén francés al español está adornado, según costumbre en ocasiones análogas, con plantas y flores, y tanto en la estación francesa como en la española hay fuerzas de los respectivos Ejércitos para tributar á los Soberanos los honores militares. xSAN SEBASTIÍN, M I M. El presidente ¡lama la atención del orador, r o gándole que se ciña á la discusión del segundo grupo que ahora se debate. Ocúpase de las tarifas en los ferrocarriles en la región que representa, y dice que no se exporta más por las dificultades que hay en el tráfico, y asegura que si se rebajasen las tarifas, éste se triplh aria en dos años. El Sr. Rebollar habla para alusiones. El Sr. Villegas interviene brevemente. El Sr. Borrell defiende áias Empresas ferroviarias de los cargos qus ios oradores les han hecho, asegurando que las Compañías marítimas reportan menores beneficios al público en los transportes, que las de ferrocarriles. Aclara los conceptos de tarifas máximas legales, tarifas generales de aplicación y tarifas especiales. Lee los artículos de la ley de Policía de Ferrocarriles y Reales Ordenes que autorizan á las empresas á establecer tarifas especiales. Dice que dentro del cumplimiento estricto de ios pliegos de condiciones, las Compañías de ferrocarriles tienen libertad para moverse y buscar sus ganancias y utilidades como cualquiera empresa industria! ó mercantil. Hacf- 10! brillante defensa de las Compañías de TTn Irún. Las primeras autoridades de Iiún que esperaban al Rey de Portugal subieron al coche para cumplimentar á D. Carlos. El tren arrancó de pronto y las autoridades citadas tuvieron que apearse precipitadamente. Los Monarcas no se vieron. Los trenes se cruzaron cerca del puente internacional. El tren que conducía á D. Alfonso llegó á Irún con veinte minutos de retraso por haber sufrido avenas la máquina y haberse recalentado el freno automático hasta ponerse rojo. Esperaban en Irún las autoridades provinciales y locales y escaso público. -El Rey, apenas llegó, mandó expedir dos telegramas de saludo á la Reina y á Loubet. En San Sebastián esperaban el elemento oficia! y mucha gente. Las señoras dieron ¡vivas! al Rey. D. Alfonso y sus acompañantes hacen grandes ponderaciones del viaje El Rey trae lastimado el dedo índice de la mano derecha de tanto disparar tiros. Sus acompañantes dicen que han visto mu- 10I Í TELÉüRAro 21, 8 oble desgracia. Hallándose pescando en un bote cerca de Gaveiras cuatro hombres que utilizaban la dinamita en su faena, y al pretender arrojar uno de ellos al agua un cartucho de dicha substan cía, cayó éste dentro de la embarcación, matando á un pescador y resultando oír gravemente herido. D