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¿V 3 J 6. CRÓ- NOVIEMBRE DE 1905. NUMERO SUELTO, 5 CÉNS. NICA UN 1 VER- SAL ILUSTRADA. Para observarla marcha de la mentalidad española, hacia la vida moderna, conviene asistir á sesiones de Asambleas como la que se halla reunida actualmente, para tratar de los asuntos ferroviarios. Porque en las Cortes impe (ra más lo teatral de la vida política, to davía reducida por exigencias de partido, por viejas rutinas, más irreformables que 1 cuanto se podía creer, por la forma de selección del personal y por el entero concurso de circunstancias, á puro convencí onalismo- Indudablemente, hay en Asambleas, cua ¡a mencionada, mayor espontaneidad. Los intereses se manifiestan con vigor y aun con sobrada crudeza; pero la masa social queda al descubierto, como terreno de costa en la baja marea, y permite mejor su estudio; deja conocer su naturaleza, la inclinación de sus capas y formar de su estado más claro concepto. En tal sentido, la reunión de la Conferencia en el día de ayer facilitó ancho campo de observación, prestándose á mu chas y consoladoras observaciones. Bajo la presidencia del conde de Romanones continuó el dsbate sobre los dic, íámenes relativos al primer grupo de cuestiones, de los cuatro en que se han Veunido ios temas; es decir, acerca de Jas ítariías generales de transportes. La discusión reposada, serena, sobria, ceñida al ssunío, nutrida de datos pertinentes á S a materia controvertida y de ejemplos que la ilustraban, sin vagas generalidades, sin declamaciones, sin rimbombancias, pudie, ra servir de modelo, especialmente en su primera parte, á cualquier Parlamento, MANUEL TROYANO donde en ía manera de discurrir y de dis cursear prepondere todavía lo arcaico. Aparte de algunas breves consideraciones del señor conde de Torres Cabrera p l único consuelo que tuvimos ayer los y otras no tan breves del Sr. Porcada vecinos de la villa y corte fuá saber sobre tarifas especíales a! finalizar la se- que lo que aquí fue lluvia, en París y en sión, puede decirse que llenaron ésta, otras capitales fue nieve. La nieve paraimpugnando las tarifas generales de los liza la vida callejera y los servicios púferrocarriles y su manera de aplicación, el blicos. Aquí el tiempo no hizo más que jSr. Fsrias, de Soria y el Sr. Carbonell, pasarlos por agua durante el día y por un de Córdoba, á quienes contestó con su esbozo de nevada dudante la noche. Si acostumbrada lucidez el Sr. Borreíl y llega á ser nieve lods la lluvia que ayer JVlaíeu. El auditorio escuchó con gran cayó en Madrid, no quedamos ni para complacencia á estos señores; Jo mismo la contarlo. jparre respecriva de él, que se hallaba ai La dichosa lluvia aguó la fiesta de los lado de cada uno de éstos, que i a que que sin duda se px opo lían continuar ron estaba enfrente. dando las calles y entregarse á la grata El Sr. Farias llevó su crítica á algo tarea de romper faroles y gritar contra más oyzrá ¡as tarifas generales; la exten- los consumos. dió á los servicios, que no eran en aquel De 3 a eficacia del agita, como disolmomento tema de discusión; pero, sus vente, no puede dudarse. Hace tiempo observaciones fueron tan agudas con tanta que se demostró que para acabar con los claridad expíes TS é iluminadas, con ejem- tumultos no hay nada como Jas mangas de EJosJ n prácticos y concretos, que deja- riego. LA SEGUNDA CONFERENC 1 A ron honda huella en el ánimo de los oyentes. Otro tanto ocurrió con el Sr. Carbonell, quien con una limpidez de frase admirable puso de relieve contradicciones enormes encerradas en las tarifas y en su forma de aplicación, citando casos precisos, y produciendo impresión vivísima al referir que, no por culpa de las Compañías, sino dsl abandono en que la clasificación de las mercancías ha venido estando y de la confusión que por ello se ha producido, acaeció que, cuando la pérdida de ¡os pastos por la sequía, causaba estragos en los ganados del territorio andaluz, se quiso llevar allá paja de Castilla, y, por la causa indicada, el transporte costó más que, si los vagones hubiesen ido cargados de harina. Todo ello, expuesto con sencillez por los citados oradores, sin frases gordas, sin brochazos, con gran consideración hacia Sas Compañías, fue de un efecto sedante para los ánimos. Con igual templanza y quitando al empleo de los números su aridez, el Sr. Borrel! probó que, si las Compañías accediesen á la reforma en los términos que se pide, ¡as Compañías cas) 1 quedarían sin ingresos líquidos. Pero, convino en la necesidad de una nueva y buena clasificación de mercancías y en ejf señalamiento de la tasa fija para la mer- ma de ésta. Eí acuerdo ss de verdadera trascendencia. Así, merced al muíuo respeto y á las consideraciones mutuas, eliminado lo teatral que entre nosotros, al pedir ayuda á la pasión creyendo hacer el pape! mas gallardo, tuerce el curso de los debates y los esteriliza, la sesión de ayer tuvo el carácter razonador y moderno, que su índale reclama. Seguramente que el ministro iniciador debió de salir muy satisfecho de la conferencia. Prosiguió sus tareas la Asamblea ferroi iaria, pidiendo los asambleístas y defendiéndose las Compañías con todo coraje. Sin embargo, en la sesión de ayer hubo algunos puntos de acuerdo, que, no obstante, pudieran convertirse para los efectos prácticos en puntos suspensivos. En la plácida sesión del Senado se pidió una cosa justa: que se releve á! os carteros de la obligación de subir á los pisos para entregar las cartas, como ocurre en otras poblaciones donde los pliegos se entregan en las porterías ó se llama á los pisos por medio de timbres que parten de la puerta del portal. Lo que tiene es que en Madrid, dada la genialidad de las gentes trasnochadoras, podrían despedirse de pegar los ojos los vecinos de las casis que tuviesen esos timbres. De todos modos, si la proposición prospera, como es justo, quedará sin efecto la maldición de la gitana: Permita Dios que tengas callos y que te nombren cartero. La lotería se mostró esquiva con Madrid, que acostumbrado á quedarse con algún premio de los gordos en casi todos los sorteos, no se resignará con la poca suerte que tuvo en el de ayer. No le tocó ni la aproximación de los diputados caíais nistas, cuya llegada se anunciaba para intervenir en los debates del Congreso. La nevada que se inició en las primeras horas de la noche, tornó á ser lluvia á 14 madrugada. Gran decepción para los Berig lliures, que se dispondrían á hacer hoy prodigios escultóricos de nieve por esa calles de Dios. AEMECE F N A ELEGÍA. ¿Qué queda de aquel hombre tan bondadoso tan ingenuo, que se llamó D Raimundo Fernández Viliaverde y que hace aún tan poco tiempo que desapareció de nuestro lado? El señor marqués de la Vega de Armijo dedicó ayer tarde á su memoria unas frases sentidas desde la presidencia de la Cámara. La nación- -decía el señor marqués- -vio su mueríe con un profundo sentimiento; la Mesa presidencial, excusado es decirlo, participa de este sentimiento y de esta trisieza. Señores diputados- -dijo después e) mejor anvgo de este hombre afab ¡e, el Sr. Besada; -señores diputados: yo tuve para el se ñor Viüaverde una amistad cordiaJísima, un cariño de hermano; permitidme que yo exprese aquí mi deber. El Sr. Villaverde tenía una inteligencia clarísima: su voluntad era constante. Fue modesto empleado de Hacienda, primero; fuá luego gobernador de Madrid, ministro de ia Gobernación, ministro de Gracia y justicia, ministro de Hacienda, presidente del Consejo: á todas panes llevó su rectitud y su buena fe. Yo conservaré piadosamente su recuerdo mientras viva. Y el Sr. Maura se ha levantado luego y ha dicho: Conocí á Villaverde desde niño; puedo atestiguar de su inte