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LUNES 20 DE NOVIEMBRE DE 1905. PAG. 7. EDICIÓN i. 1 paz son el estancamiento, y estancarse es retroceder cuando todo avanza... Como último recurso se les ocurrió á unos cuantos señores redactar un documento en que se ratificaba la confianza de todos los autores á la Junta directiva y se protestaba de que elementos extraños á la Sociedad se inmiscuyeran en asuntos au sólo á la Sociedad importaban punta, ¿no es eso? Pues bien, no hay más remedio que atraerle, aguantar una, dos, tres descargas y esperar á que se aleje la tormenta y quede despejada la atmósfera. Para eso, ¿qué se necesita? Un pararrayos. A mí el dinero no me ha importado nunca y la fama de autor dramático la doy por comida. ¡Yo estrenaré cuanto sea preciso para que caigan sobre mí todas las centellas! La respuesta se la imaginarán ustedes: un griterío infernal y multitud de carcajadas irónicas. Entre todo ello percibí la voz de Vital, que me decía: ¡Déjate de bromas ahora! ¡Pues sólo faltaba que estrenaras tú, aunque fuera la flor de la maravilla! Además, no podrías aunque quisieras. ¿Por qué? -Porque no habría empresa que te admitiera una obra, ni músico que se arriesgara á acompañarte. En esto, el maestro Pérez Soriano, un aragonesote de pura casta, que rezongaba repantigado en un butacón, se levantó como si- le hubiera picado una víbora, gritando: ¡Otra que muele! ¡Eso sí que no! Yo estreno con Sinesio lo que él quiera y cuando él quiera, ¡qué moño! -No diga usted tonterías, Soriano; los arrastran á ustedes. -Miá tú, á él pué que sí, porque es un alfeñique, pero lo que es á mí... ¡rediós! Que yo dirijo la orquesta aquella noche y veremos á ver quién se arrima, ¡remoño! Siguió la bulla y se olvidó el incidente. Pero yo me fui á casa acariciando el pensamiento y diciéndome para mi sayo: -La verdad es que si yo estrenase ahora en un teatro grande una zarzuelita titulada, por ejemplo, La obra de la temporada... sería cosa de gusto. Con el titulillo provocador y presuntuoso, con mi firma en letras grandes y con el viento que corre... ¡el jaleo iba á ser de los de míreme usted, morena! Pero, desgraciadamente, no cristalizó la idea entonces. I a que cristalizó fue la de buscar el sosiego á toda costa, porque la gente se había atemorizado de verdad, y con gente asustada no hay quien- vaya á ninguna parte. Y como para encontrarlo, el camino más corto era el cambio de Junta, los rumores de dimisión llegaron hasta Arniches, que estaba enfermo, y hasta Serafín Quintero, que estaba en Sevilla. El primero se levantó de la cama más que á paso, y desmadejado y febril se fue al domicilio social á hacer constar su voto en contra. ¡Primeroahorcados que dimitir! ¡Eso sería un acto de cobardía que perjudicaría á la larga á la colectividad entera! -dijo en pocas palabras. El segundo telegrafió lo siguiente: ¡La dimisión jamás! Mi hermano y yo salimos hoy mismo para Madrid, dispuestos á estrenar una obra cada semana... Y vinieron Serafín y Joaquín, efectivamente, animosos y resueltos. Pero, á á pesar de todo, á los dos ó tres días empezaron á dominar los temperamentos de prudencia, y los recalcitrantes hubimos de convencernos á la fuerza de que teníamos el derecho de sacrificar los intereses propios, pero no los ajenos. Puesto que el público parecía dispuesto á negar la sal y el agua á todos los autores, chicos y grandes, administrados y socios, era preciso hacer algo para que cesara aquel estado normal que amenazaba trastornar la vida del teatro. Y con este motivo entró en escena mi buen amigo D. Emilio Sánchez Pastor, hombre prudente, serio, alejado hasta entonces de las incruentas luchas, y que venía pintiparado para buscar una fórmula de transacción entre las partes beligerantes, porque á su condición de autor dramático de renombre unía ¡a de periodista ilustre. Sánchez Pastor, pues, visitó las redacciones, ¡levándola bamdera de parlamento, y después de muchas idas y venidas, vueltas y revueltas, se presentó, por fin, ante la Junta, y dijo con la solemnidad propia del caso: -Mis dulces amigos: mi impresión es la siguiente: La Prensa comprende que se han sacado un poco las cosas de quicio, y está resuelta á dar fin á la campañíi, pero hay una cuestión que, por afectar á intereses distintos de los de los autores, solivianta la opinión más que las otras. Los contratos que la Sociedad hace con Jas empresas para cobrarlo todo, no deben subsistir... Y como la Junta directiva actual no puede reformarlos ni suprimirlos sin humillarse... es conveniente que presente la dimisión en seguida; de este modo y en estas condiciones, la paz será hecha. Dicho lo cual, fuese. EL GRAN DUQUE ADOLFO GUILLERMO DE LUXEMBURGO, QUE MURIÓ EN HOEMBURGO EL VIERNES ÚLTIMO y competían. Firmáronle muchos autores y compositores, algunos de justa fama, pero ¡como si. no, morenal Unos periódicos lo publicaron sin comentarios... y sin las firmas, otros lo extractaron no más, y algunos salieron del paso con un acuse de recibo. Verdad es que no faltaron protestantes que acudieron presurosos á las redacciones á decir que no se tomara en serio semejante cosa, porque el quemas y el que menos lo firmaba por compromiso. Con lo cual quedamos peor que estacamos y corrió como válida la especie de que era yo el que había ido de casa en casa pidiendo como limosna- el voto de confianza, ó lo que fuera aquéllo, para seguir usufructuando el Poder ¡Cristo con el Poder! Supongo que sería el del sótano) y sacrificando y aspeando á todo bicho viviente. Y ¡caramba! modesto, pero no tanto. Cuando yo creo que hago bien, no voy á suplicar á nadie que me lo diga. V vamos á la génesis de La obra de la temporada. y Una tarde en que el cuarto de la secretaría estaba atestado de amigos... y enemigos, caldeado el aire, deshechos los pulmones de tanto chillar, alcé mi voz hasta dominar las de los demás, y dije: -Señores, se me ha ocurrido una idea salvadora. ¿Cuál? -Aquí la cuestión es que nadie quiere estrenar en estas circunstancias, porque el rayo se cierne sobre nuestras cabezas y descargará en eJ que se ponga de EL PRÍNCIPE FELIPE EUGENIO, CONDE DE FLANDES, HERMANO DEL D E B É L G I C A LEOPOLDO I I QUE HA MUERTO EN BRUSELAS RE? I a opinión de Sánchez Pastor, eco ímparcial de todos los periódicos importantes, se atendió en el acto, y la dimisión quedó acordada. Y ¿en qué iba á fundarse! En que, á consecuencia de una campaña de Prensa,