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H A Ñ O TRES, N U MERO 3 I I CRÓ- BIMADRID, íj DE NOVIEMBRE DE i9o5. NÚMERO SUELTO, 5 CÉNS. NICA UNIVERSAL ILUSTRADA. íf BSTÁCULO QUE Cuestión, que SE DIVISA viene á más andar y que en breve plazo habrá de dar origen á dificultades y disgustos, -así en el seno mismo de la situación política como en las relaciones de ésta con las restantes agrupaciones y sobre todo con la conservadora, es la del nombramiento de alcaldes. Hay que reconocer como demasiado positivo y evidente un hecho: por punto general, las elecciones municipales no han sido muy halagüeñas para el partido liberal. Los grandes centros de población van á contar en su Concejo numerosos elementos hostiles, no sólo al Gobierno, sino también á las altas instituciones del Estado. Desidia y abandono de las llamadas clases directivas en sus capas superiores, las cuales entre nosotros en realidad ni dirigen, ni se dejan dirigir; confianza de los elementos extremos en la fuerza propia y en la indolencia y flojedad ajena; desmayo de los que ignoran adonde van y para qué; incertidumbres, vaciJaciones, miedo, lo que quiera, que en dichas elecciones ha habido, es el resultado efectivo de una campaña desdichada. Lo han reconocido así y con gran elocuencia por cierto periódicos muy afectos á la parcialidad liberal. Cualquier Gobierno de esta significación y tendencia, que no se limite á vivir al día, sino que procure responder á los deseos del país con una labor fecunda y provechosa, habrá de considerarse con absoluta precisión de afirmar y extender su base de operaciones en el país y suplir su debilidad municipal con el vigor de sus alcaldes. Para ello lo condiciona bien la ley. La cuestión está en utilizar tan favorables condiciones, para el acierto en los nombramientos. De esa manera la pro- digalidad de facultades, con que la citada ley Municipal ha querido armar al Poder ejecutivo, tan criticada y censurada con frecuencia, consiente hoy al partido imperante rectificar y asegurar su flaca posición. El art. 49 de la ley Municipal dice que, aparte el alcalde de Madrid cuyo nombramiento será de libre disposición del Rey, éste podrá nombrar de entre los concejales los alcaldes de las capitales de- provincia, de las cabezas de partido juj dicial y de los pueblos, que tengan igual ó mayor vecindario que aquéllas, dentro del misino partido, siempre que no bajen de 6.000 habitantes. La esfera de acción pod i difícilmente ser más amplia. Nadie ignora lo que hoy, sobre todo la cuestión política, significa un al. Merced á ello el jefe oficial de un Municipio gs el vicario del cacique, cuan- do no es el cacique mismo. Un alcalde enemigo puede desbaratar el tinglado. ¡No hay para qué decir el peligro que corren esos artefactos en aquellos distritos, donde por haberlos dejado intactos salió elegido el representante del país, que fue su armador en todo sentido del vocablo! ¡Y ni habrá que decir tampoco, de qué modo y hasta qué punto ese armador se hallará apercibido para defender su obra! De suerte que el Gobierno actual, que vive de la benevolencia de todos, se verá imposibilitado de sacar partido, en favor del suyo, de la ocasión ventajosa que la ley Municipal le ofrece, para asegurar el equilibrio en muchos, muchos, desnivelados Ayuntamientos, por si hay al cabo imprescindible necesidad de restablecerlo en las Cortes- -éstas ú otras. Para el primer día del año económico la ley señala el plazo de elección de alcalde por los Ayuntamientos. Claro está, que, si el Rey los nombra donde puede nombrarlos, tendrá que hacer la designación en el próximo mes. A fin de verificarlo con reposo y conocimiento de causa, no se puede perder el tiempo. El ministerio Montero Ríos se halla mal preparado para el arriesgado y preciso trabajo, en que se juega no sólo la suerte propia, sino la del partido. Todo ello no se le puede ocultar al presidente del Consejo de ministros, pero tampoco, si no es por intervención divina, le puede llegar el aliento que exige la dura labor. Esto es uno de los previstos obstáculos, que han de obstruir el camino, por donde debía ir para el cumplimiento de su misión el partido liberal. ¡Bueno será verlo á tiempo! MANUEL TROYANO de unos cuantos descontentos á quienes debería bastar el saber que una ley se ha cumplido en España muy cerca de un año entero. Ingresaron en la cárcel los vecinos de Vallecas que se dedicaban á la ingrata tarea de falsificar moneda; ingrata, ¡porque, cuidado que es difícil hacer moneda que valga menos que la moneda buena! En el Congreso hubo también su miaja de jaleo con la aprobación de unas actas de menores. Nada, en suma, ó algo digno de nuestra página semanal de Loschicos. Por la noche, estreno en Eslava con éxito y con couplets que arden en un candil, y que, por lo tanto, levantan ampollas, sobre todo en epidermis de conce jal, y debut también, con buen éxito, de la Després en la Princesa. Mucha parte del público no la entendería; pero por lo mismo le parecería admirablemente bien. Es lo chic. AEMECE IMPRESIONES PARLAMENTARIAS Breve advertimiento á un joven diputado que aún no tiene la edad. MADRID AL DÍA I a nota saliente fue ayer el escrutinio de las elecciones verificadas el domingo. ¡Cómo sería lo que ocurrió que eso fue lo de más relieve! Se verificó el acto, y hubo las consiguientes protestas, que fueron, al parecer, leves. Bien que lo mismo hubiera sido que fuesen graves. En materia de elecciones son muchos los ciudadanos que pierden el tiempo; pero los que formulan protestas, pierden más que el tiempo: pierden, además, la paciencia y muchas veces el dinero. Continuaron las visitas de los gremios á los ministros y al alcalde para arreglar eso de los Consumos, que trae á maltraer á industriales y arrendatarios. Unos quieren que se aplace la subasta y otros que no se aplace, y la opinión cree que todo ello parará en que... se encarezca el vino. Otros agremiados fueron á quejarse á las autoridades de que el descanso dominical no se cumple por parte de algunos comerciantes. Se trata, por lo visto. oven amigo, tienes- -como preguntaba el poeta- -ceñida la coraza para empezar valiente la divina pelea? Yo quiero hacerte un breve advertimiento. Ante todo, tú has de saber que un político y un escritor han de moverse y trabajar para la muchedumbre; la muchedumbre es la que da la fama y los honores. Y ya sé que tú tendrás un íntimo desdén por 3 a multitud; que creerás que la razón no está en mayor número; que juzgarás que no son las opiniones de la masa común las que hacen caminar á la humanidad, sino las ideas raras, inauditas, peregrinas, subversivas, que unos pocos hombres profesan y á cuyos hombres la multitud escarnece, burla y á veces sacrifica por enunciar estas mismas ideas. Pero no te amilanes por esto. Y antes de pasar adelante, bueno es que hagamos constar que al Hablar de muchedumbre, no nos referimos exclusivamente al pueblo, á la base social: la muche dumbre está en los parajes altos lo mismo que en los bajos. Sépase- -decía nuestro Baltasat Gracián- -que hay vulgo en todas partes, aun en la misma Corinto, aun en la familia más selecta Y á este vulgo multiforme y pintoresco, que se extiende y penetra por todas las hendiduras y recovecos sociales, es al que tú, joven amigo, te has de dirigir para lograr tu medro. Y lo primero que has de hacer es exaltar á todo trance, con todos los motivos, la idea de patria: la patria ha de ser la plataforma sobre que tú te empines. Metido en tu casa confor table. pasando el tiempo unas veces en el Con greso, otras en alguna amena tertulia y otras- -por no hacer larga esta enumeración- -en algúr coliseo, la patria será para ti una abstracción, una idea, algo que no tiene realidad y que se supone de una porción de tópicos que nuestros padres nos han legado y que nosotros debemos conservar. ¿Te diré que el primero de estos tópicos venerandos es el atañedero á los católicos revés D Fernando y D a Isabel? Si