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A B C J U E V E S i6 DE N O V I E M B R E D E i 9 o 5 P A G 7. E D I C I Ó N a s V vv A U LOS FUTUROS REYES DE NORUEGA. EL PRINCIPE CARLOS DE DINAMARCA Y SU ESPOSA LA PRINCESA MAUD LAS MUJERES DEL DÍA H e atravesado la Carrera, con un frío glacial, un viento del diablo y un cielo bajo, negro, de nevada. El pequeño salón, á obscuras casi, lleno de humo y reventando conversación, tiene ambiente extranjero; penumbras de París, con sus tertulias charlatanas, sus delgadas mujeres elegantes y sus hombres gordos, con monock; extraños rinco- LLEVABA BOA... nes berlineses, donde el gesto, en reposo, da su guardia de honor á la cerveza. De español, ni asomos veo aquí; rótulos, camareros, parroquianos, dicen ó hablan cosas forasteras. Nuestra patriota bonhomie siente una vaga humillación. A la vuelta de pocos años, la taberna, ese cuartel de nuestro escudo, habrá desaparecido para siempre... Tras los cristales, empañados del frío, las somnolencias del otoño agobian. El nirvana crepuscular trae estados caóticos, laberintos de una psicología que molesta. Desfilan por el pensamiento los irritables ajenjos de Verlaine, las decadentes morfinas de Barbey, alguna estrofa errante, como el errante espíritu de Baudelaire. Y como el preso tras la reja, el cronista, asomándose al cristal, mira la calle fría y sola. j p l viento desmelenado, se desata, i os cocheros, con la esclavina hasta los ojos, están en sus pescantes sin moverse, como maniquíes; chorros de humo rodean