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ABC. MARTES 14 DE NOVIEMBRE DE ioo5. PAG. 4. EDICIÓN i. a Traen á Madrid, según íe á la Cleo de Mcrode, y ella piensa armar jaleo en cuanto aquí se acomode, ¡Sin qje lo jute 1 ¿cito! X Ya lo dije y verdad es: los peluqueros están en que el precio subirán desde primero de mes; pero á mí no habrá manera de que me tomen el pelo: desde el mes que viene, rae le cortera la cocinera. X Por cuestión de un v f tres sujetos malos, á don Bruno Soto dieron veinte palos. No es, por consiguiente, raro que don Bruno, si hoy precisamente le pregunta alguno quiénes han salido para concejales, diga distraído: ¡Veinte cardenalísf El Rey, fecundo en pr e as, ha estado en las cacerías de Spríngberg, cobrand piezts altmanas estos días. Es admirable, señores; pero sin tanto heroísmo, hoy en Madrid hay autores que esíán haciendo eso rnism JUAN PÉREZ ZÍ 3 Ñ 1 GA reprocharles por ello. A tal punto han llegado las cosas- -opina el orador- -que es preciso oponer artimaña á artimaña. Y con unas frases discretas, justas, oportunas sobre ¡a reputación que á nuestra Patria se le va haciendo en el extranjero, desgraciadamente, e! señor Moróte ha terminado su discurso. ¿Qué diremos de su correligionario e! señor Azcárate? Los historiadores que en! o futuro echen la vista sobr? nuestras crónicas- -estamos seguros de ello- -con objeto de enterarse de! estado del parlamentarismo en nuestros días, no nos querrán creer sí les decimos que el señor Azcárate no ha entrado en sus habituales furores al hablar ayer tarde. El Sr. Azcárate ha revelado algunas cosas absurdas, quiméricas, ocurridas en las pasadas elecciones; el se- ñor Azcárate no se explica nada de esto; su confusión y su perplejidad no tienen límites. Y por estas cosas y otras muchas él espera que la gravedad que la minoría conservadora pretende para dos diputados se extienda á cuatro. Yo, señores diputados, -concluía con extraña dulzura el Sr. Azcárate- -tengo condición nativa de optimista y abrigo por lo tanto algunas esperanzas de que esto se me concederá. efectivo de paz de 80.000 hombres, y 3o s franceses á uno de 520.548. Casi pegado al apunte relativo á los coroneles iranceses estaba un recorte del último discurso de Cassola en el Congreso: Hay que decir la verdad, y hay que arrostrar la impopularidad. Tenemos un exceso de oficialidad abrumador; mientras exista no podemos ex gir al país dotación suficiente para las verdaderas necesidades militares. El mal creció con la pérdida de las coonias, y no se remedió con algunos años de amortizaciones; lo prueban las dos cifras que quedan consignadas como botón de muestra. Me atrevo á demostrar que en España, pagándola mal, gastamos en oficialidad cuarenta millones de más; algún día lo haré. Por hoy admita el lector la cifra, y piense que en esos cuarenta millones podríamos aumentar en i5 millones la dotación del material y en 25 el presupuesto de Marina, donde también sobra mucha, muchísima oficialidad para Algo ha sorprendido á la Cámara la revela- la flota á que podemos aspirar. ción inesperada del optimismo del Sr. Azcára- olvamos al artículo de El Ejército Es te. El optimismo- -dice un Diccionario enciclopédico- -es el sistema de los filósofos que sostienen que todo lo que existe es lo mejor posible, de suerte que cada criatura no puede ser ni más perfecta ni más dichosa en razón del orden general del universo. Y resulta que este Sr. Azcárate que se enciende de ira á cada momento, que vocifera, que gesticula violentamente, es el hombre más benévolo de! mundo y cree á pies juntillas que todas las criaturas no pueden ser ni más perfectas ni más dichosas. El azar nos depara descubrimientos maravillosos: no podemos juzgar á los hombres- -y sería temerario hacerlo- -por las encimeras y superficiales apariencias. ¿Quién diría, por el contrario, que el P Malebranche, espíritu y filósofo dulce, piadoso, enemigo de todo mal, le sacudía tremebundas palizas á su perro, sin escrúpulo ninguno, porque él decía- -y todo esto ya no lo cuenta el Diccionario enciclopédico citado- -que su perro era una máquina sin alma y que sus quejidos lastimeros provenían de un tubo fonético colocado en su garganta? Las apariencias nos engañan. ¿Cómo íbamos á sospechar al penetrar ayer en la Cámara baja que este terrible Sr. Azcárate, que tantos sobresaltos nos ocasiona, se nos iba á revelar como un optimista á r. alivttate? AZORJN pañol. Como en toda corporación donde sobra personal, nuestros coroneles están muy mal pagados, tienen pocas y malas ocasiones de ejercer mando, y son muy viejos, casi todos de mi época. Tan viejos son, que para el año de 1911, sólo por retiros de edad, el número antes citado se reducirá al siguiente: CORONELES 5 7 Caballería 39 Ar ¡Hería 7 Ingenieros 7 Estado Mayor Guardia! civil Alabarderos Estado Mayor de plazas Carabineros TOTAL. 11 Infantería 9 1 1 34 Este número- -sobre el reparto entre las armas é institutos- -es doble de lo que corresponde á 80.000 hombres del ejército francés; pero admitiéndolo como aceptable, prueba que no es posible llegar ai desiderátum del general Cassola y de todos los que se interesen por la eficacia del ejército. Demostraré amo un día de éstos. JENARO A L A S A cabo de leer en El Ejército Españolun -GACETILLA RIMADA. comentario á Laescala de coroneles en SIGUEN LAS QUISICOSAS. J O4- J O5. Despiértense recuerdos ya Desde el último naufragio, antiguos, registro mis papeles, y ahí va a todo el mundo aconsejo el resultado: que vaya á Price y que vea CORONELES Infantería Caballería Artillería Ingenieros Estado Mayor Guardia civil Alabarderos Estado M de plazas. Carabineros. TOTAL 223 69 58 39 26 22 192 85 77 37 16 4 3 456 407 Los datos españoles son de ahora; los franceses de 1891; pero no importa, porque nuestros coroneles corresponden á un á Péris, el bajo serie. ¡Será uizá exagerada precaución; mas es lo cierto, que por no haber visto un bajo, se nos fue á pique el Císneros! X Dicen de Constantinopla que el embajador de Rusia ha ido á entregar á la Puerta una nota tremebunda. ¡Pues vaya una cosa rara! ¡Lo que ha hecho el señor aquei, lo hace en mi casa el portero el cinco de cada mes! K J I Í E S T R A S De labios del maestro Gal- M U J E R E S dos he oíd la génesis de su última obra Jlmor y Ciencia, que se aplaude estas noches en el teatro de la Comedia. Fue hace dos años, en Santander, acompañando una tarde de verano á Ramón y Cajal en su visita a Sanatorio de! Dr. Mudrazo... Felicitábase a! eminente histólogo por sus últimos triunfos, y éi contestó con sinceridad: Todo se lo debo á mi mujer. Ella me ha sostenido en mis luchas, rae ha confortado con sus espertnzas; ella ha tenida por raí obra tanta fe, tanto entusiasmo c mo yo mismo, y acaso más... Estas palabras, llenas d i ternura, sugirieron al maesí, o Gsldós el pensamiento inicial de su admirable obra, donde nos presenta el caso á la inversa: un sabio á quien su mujer abandona, falta de fe, de amor y de respeto por el alto ideal que inspira á su marido En los amargos reproches que el Dr. Guillermo Bruno, de la comedia galdosíana, dirige á Paulina su mujer, cuando el destino vuelve á ponerlos frente á frente, hay algo que nos invita á pensar en el pioblema más fundamental de nuestra vida. ¿Podemos contar con la colaboración déla mujer para e! cumpiimiento de un alto y desinteresado fin? ¿Tenemos su ayuda para realizar una misión que esté por encima de las vulgares empresas de la vida corriente? ¿Contamos con que se asocie al trabajo de una obra espiritual? No es la material la colaboración que se busca. No se trata de pedir á la mujer del investigador científico, ni á la mujer del investigador artístico ó literario, que con ellas se sumerja en los misterios de sus respectivos talleres. La mujer que supiera ayudar á su marido en el laboratorio; la que pudiese dar al cuadro las pinceladas precisas; la que acertara á componer ó á corregir las bellas estrofas del poeta, seria, sin duda, la mujer idea! Pero acaso fueran mayores sus peligros que sus vewtwas. 11; muí imrnflniíiíiinmrin n m ii milriniTiinri