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A B C LUNES 13 DE NOVIEMBRE DE 9o5. PAG. 6. EDICIÓN MEDICINA MORAL 1 a figura del médico contemporáneo ha aparecido simultáneamente en los teatros de la corte, y es muy de agradecer á los autores la justicia con que la tratan. El tipo cómico y semigrotesco, cuya caricatura trazó Moliere, sirvió de modelo á muchos dramaturgos, y le hemos visto en escena, escéptico ó ignorante, repitiéndose á su costa bufonadas de almanaque. Pero los tiempos cambian. Letamendi dijo que el médico que alardea no saber sino medicina, ni siquiera sabe ésta. Y es la pura verdad. La ciencia contemporánea no estriba tan sólo en el conocimiento de los simples y en el arte de mezclarlos para confeccionar drogas y recetarlas con mayor ó menor acierto. Ya no puede negarse el alma humana en la sala de disección, porque se halla en el hombre vivo, analizando la psicología infantil, escudriñando las leyes de herencia, compulsando los influjos de la educación, la irresistible influencia del medio ambiente, examinando los estigmas orgánicos. Y todas estas pequeñas cosas, insignificantes en apariencia, pero de enorme interés social, han hecho que el hombre de ciencia llegue á convencerse de que los bromuros y los glicerofosfatos no son los únicos remedios para modificar el ser enfermo tan necesitado de curación ó reforma, de igual modo que la fuerza brutal es contraproducente para reprimir los males sociales. Muy cómodo es considerar á hombres y mujeres como muñecos vaciados, tosca ó finamente, en moldes perpetuos. De esta creencia nace el renegar de muchos respecto á lo que juzgan inverosímil por su rareza, en la vida social ó en el arte, su nítido espejo. Si existen variantes en la morfología y dinámica animales, si los naturalistas no cesan de describir familias y especies en los infinitamente pequeños, en lo que se refiere á la parte psíquica del hombre, está aún por crear científicamente la historia natural del llamado rey de la creación. Antropólogos, criminalistas y pedagogos andan empeñados en esta penosa tarea, mientras que el artista, con clarividencia genial, con atisbos de observación exquisita, proporciona ejemplares definitivos que han de servir de norma para la corrección ó redención indispensables. Y al darles vida, no puede por menos de infundirles lo que en su propia alma palpita, lo que siente, lo que piensa, ó lo que quiere pensar y sentir. De ahí nace la misteriosa labor suavemente persuasiva ó brutalmente sugestiva de la literatura en sus diversas formas. En la plástica, en la acción representada por el teatro, el artista, para vencer, ha de sugestionar el espíritu colectivo del público con rapidez suma, sin darle tiempo á discurrir, excitando vivamente el r. eflejo pasional, difícil de provocar casi siempre. Pero es mucho mejor que persuada calladamente, como ocurre con la lectura reflexiva persoaal. ¡Cuántas veces hemos salido de presen- En Schcembrunn, en la misma cámara en ciar éxitos teatrales ruidosos, y á los que que su padre- -el gran Napoleón, -venhemos contribuido con nuestro aplauso, cedor de Europa entera, durmió un sueño y al hallarnos a solas nos hemos llamado de conquistador victorioso, moría veinte á engaño, hemos renegado de nuestro en- años después el hijo del gran soldado: un tusiasmo hacia el homicidio brutal, por niño pálido, rubio, nostálgico de gloria... ejemplo, realizado en forma dramática, Anémico Hamlet blanco que agostaron que halagaba nuestro orgullo de varón á las grandes aspiraciones. costa de inverisimilitudes amañadas con El triste destino de este niño, muerto color real, pero que nos envolvía la men- sin haber podido añadir líneas insignes á te después en la negrura de la pesadilla! una historia demasiado grande para que En cambio, en no pocas ocasiones, al fuera él su continuador, inspiró á Rostand separarnos de un cuadro, al cerrar un li- el drama lleno de poesía, de fatalidad y bro, al caer un telón, no hemos experi- de gloria, que se titula L Jliglon El Aguimentado emoción aparente; nos pareció lucho. llano ó pueril lo visto ó leído, pero la luz Yo he traducido esa obra, en compañía se iba haciendo en nuestro cerebro; á de Luis de Oteyza, para el Gran Teatro, medida que cerrábamos los ojos, la visión de Ceferino Palencia. Y puedo anticipase agrandaba luminosa, empezábamos á ros una descripción de las principales cáver claro, á sentir hondo. maras de Schcembrunn, tal vez más artísHay cuadros que todo lo detallan y tica que la de los reporters y Bcedec er. nada nos dicen, y hay otras pinturas que Oid á Rostand describiendo el Salón de trazando tan sólo una silueta transparentan las Lacas (acto II) un alma, y el alma del médico de Amor Todos los muros están recubiertos de y Ciencia, creación admirable de Galdós, viejas lacas antiguas, cuyos lienzos briirradia luz vivísima cuando pensamos en llantes, ilustrados con paisajes, kioscos, la urgencia de emprender la cura de las pájaros y figurillas de oro, aparecen enalmas enfermas por procedimientos bon- cuadrados por molduras doradas de un pedadosos y suaves. sado y suntuoso rococó alemán. La cenefa El gran error de los moralistas ha con- del techo se compone de trocitos de laca. sistido en olvidar la realidad fisiológica, De laca son las puertas; y ¡os quicios, de en no estudiarse por dentro, en preten- laca aún más preciosa. Una ventana en el der buscar la perfección, á despecho de fondo deja ver ampliamente el parque de las propias imperfecciones no reconoci- Schcembrunn. Entre dos murallas de fodas jamás, renegando déla vida, re- llaje recortado se encierran estatuas y dihuyéndola, deformándola; por su parte, bujos floridos de un jardín á la francesa. los médicos han considerado el tratamiento Y lejos, allá al fin de los parterres, más moral como cosa secundaria, baladí, in- allá del grupo de mármol de la fuente, en consistente, cuando constituye, rectamen- la cima de una eminencia cubierta de céste aplicado y fervorosamente seguido, la ped, se alza al cielo la célebre Glorieta. clave del arte de sanar. Dos puertas á la derecha; dos á la izUn médico psicólogo ilustre, el doctor quierda. Entre ellas pesadas consolas, y Simarro, hablándome de una obra cien- sobre éstas los orgullosos retratos impetífica moderna que trata de este impor- riales en sus marcos áureos rematados pottante problema, se lamentaba del atraso las águilas bicéfalas. Gran mesa de trabaen que nos hallamos todos respecto al jo. Sillones de pesadas molduras doradas, particular. pero cubiertos de ricos tapjces de GobeSí, hay una higiene moral mal obser- linos. Esta pieza sirvió desalón al departavada, desconocida para la mayoría, cuyo olvido origina males sin cuento, y hay mento del duque en el Palacio. Las dos una medicina moral que los corrige, y puertas de la izquierda dan á la alcoba cuya eficacia terapéutica estriba en prac- donde durmió Napoleón I cuando, por ticar bondadosamente el bien, en tener fedos veces, habitó Schcembrunn. y energía, en saber sacrificarse, en aprenVedla descrita por Rostand (acto VI) der á vencerse á sí mismo, en perdonar El cuarto del duque de Reischtadt, sin esfuerzo, en conquistar el amor, sombrío y suntuoso. Al fondo la alia amando con ternura al débil, al desgra- puerta negra y dorada del salón de Porciado, al doliente. celana. El mobiliario tal y como se conAsí se crean y reforman las almas hu- serva, molduras negras y doradas. Butacas manas, pues ni cárceles, ni bromuros, ni Imperio, consolas, reclinatorio. Tapicehierros acerados, ni glicerofosfatos rege- rías de los Gobelinos. Una estatuilla de neradores, bastan por sí solos para curar bronce de Napoleón 1, etc. ó sanar á los hombres pronto y bien. Todo el Palacio de Schcembrunn se MANUEL DE TOLOSA LATOUR conserva hoy como entonces. Rostand ha tenido que reconstituir apenas una época que parece sobrevivirse en el elegante castillo austriaco. Otro día hablaremos del Parque, del salón blanco, de la roEL PALACIO tonda, del salón de rosa, donde las archiDE SCHCEMBRUNN duquesas recibieron á los mariscales de Entre las cosas que visitará D. Alfon- Francia... Además, ya lo veréis todo eso so XI 11 en su viaje a Austria, está el cas- en el escenario del antiguo Lírico. El detillo imperial de Schcembrunn, próximo corado de El Aguilucho será reproducción á Viena. exacta del que lució en París el teatro de En Schcembrunn transcurrieron los úl- la insigne Sarah. MANUEL MACHADO timos días del joven duque de Reischtadt. Mil, TI 4II HrlTI Tff l U