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A R C. AilBRCOLES 8 VE NOVIEMBRE D E 1905. P G. ¡2. EDICIÓN invitadas por el Sr. Cervantes, y allí acordaron que el deb tc soore el acta de Sequeros sea amplio. v Defenderá el voto particular el Sr. García Alix, quien aludirá al Sr. Siiveia (D. Euge nio) Este hará alusiones á los Sres. Maldo iiado y Andrade, para que también ínterveiioan e; i e- i debate. hechas almas y cura todas! as impurezas de ¡a vida. La mujer culpable logra su redención. Este cuarto acto, de una poesía intensa, de felices visiones simbólicas, forzo O es decirlo, no fue tan del agrado del público como los anteriores. Por apremios de espacio y de tiempo pongo punto á esta primera impresión, quedando en el uso de ¡a palabra para mañana. FLORIDOS. X fZN LARA. El rayo verde, comedia en dos actos, original de D Eugenio Selles. El rayo verde es el último que despide el sol cuando se pone. El rayo verde es un cuento maestro del maestro de los cuentos. Cuento para los viejos. Los hay deliciosos para los niños y en ellos todos los personajes suelen ser niños. Debe haber cuentos deliciosos para los viejos por personajes de su edad. El rayo verde es uno de ellos. La Sirena (Sra. Rodríguez) fue una gran cantante. Hoy vive vieja y con economías recordando sus buenos tiempos y haciéndose alabar por su mayordomo, maestro de canto en sus buenos tiempos y autor de un oratorio muy bueno y una misa de réquiem muy m a. La Sirena hace que suba á sus habitaciones un cuarteto de malos cantantes que andan berreando por las calles con motivo de ser Carnaval. Los artistas callejeros son antiguos carnaradas de La Sirena. La Tempestad (señora Valverde) estrella del canto, rival de La Sirena en arte y en líos amorosos; Don Juan (señor Paianca) exbarítono y examante de La Sirena; Franconio (Si Rubio) devoto de Orfeo y de Báco, y Miranda (Sr. Simó Raso) maestro director de orquesta, hoy ciego, vioKnista de esquina y sosten de dos meíecülas huérfanas. La casualidad lleva á aquella casa á Severo (Sr. La íuva) etílico retirado y hambriento. Todos estos elementos, evocando recuerdos dichosos que los años ponen en caricatura, constituyen un acto de exposición que el público celebra con. risas y con apiausos. No hay lo que ahora se ¡ama situaciones pero hay frases ingeniosas que regocijan constantemente al auditorio. La Sirena convida á cenar á sus antiguos y famélicos compañeros. Cae el telón. El público splaude y el maestro Selles sale tres veces a! palco escénico á recoger este tributo de admiración. Cuando vuelve á levantarse la cortina la cena ha terminado. Un nuevo comensal, el marqués de Bíanes, ochentón y exempresario de aquellos cantantes, la ha amenizado. Ei champagne ha hecho estragos. Resucitan celos y rivalidades; se aclaran misterios; todos y todas se engañai- on; La Sirena y D. Juan recuerdan en una escena maestra el dúo de! Don Juan, de A tozarí, pero se duermen, se duermen sin remedio y el telón baja entre los aplausos del púb ico que llama, con menos insistencia que al final del primer 2 CÍ 0, al cuentista admirable y al autor fecundo que en lo cómico como en lo dramático hace gala de tanto ingenio. La interpretación gustó ai público, y de los ejecutantes, Simó Raso obtuvo un verdadero triunfo en una escena muda, que es donde se prueba á los actores, y hubiera obtenido otro el Sr. Palanca, de no exagerar. X ÍCZSA. ios ¡res anabaptistas, juguete cómico en tres actos, de Bisson y 3 er de Turique, traducido por D Enrique Mauvars. En iíaliano gustó mucho eí vaudcviHe, y en castellano había de gustar también, aun salvando ¡as diferencias de interpretación. El público que znoche llenó el teatro de la Princesa rió mucho las situaciones de la obra, especialmente las del primer acto, y eso q s no está habituado á ver en estrados asuntos como e ¡ae que se trata, y Sas del tercero, de una movilidad y una gracia que son paírimo nio casi exclusivo de ¡os autores franceses. Por ser obra conocida ya en íniaüano de! público madrileño, huelga referir el argumento. Gustó, y eso es ¡o que importa saber. E a la interpretación se distinguieron la Srta. M o reno y ¡as Srab. Rodríguez y Soriano y los Sres. Caria Ortega, Torner y Sepúlveda. Y v. o va más. X LOS ESTRENOS N LA C O M E D I A Amor y ciencia, comedia en cuatro actos, de D Benito Pérez Galdós. V Preludio de toses, carraspeos, imperativos silencios, luz en ¡a batería y se aiza eí telón. Estamos en el elegante vestíbulo de un chaJe! residencia veraniega de Paulina (Rosario Pino) l Un areibíeírte de angustia y tristeza se cierne sobre fa pintoresca mansión. El hijo de Paulina, nir. o de pocos años, se halla gravemente enfermo. En vano la ciencia apura sus recursos: e! doetor jue ie asiste sólo confía en un milaigro, y CORSO ábimo intento aconseja á los amit S o s Y E o r E! sa (Sra. Lamadrid) que le visite el D r Guillermo Bruno, un apósjíol de fa ciencia de esclarecido nombre. La indicación produce tristes temores de que no pueda reaíisarse, pues el D r Guillermo Bruno (Sr. Berras) es el marido de paulina, de la que se separó hace seis años, por el divorcio ide sus aliñas, y á consecuencia de un probado adulterie. -Eí marqtiés de Abdalá (Sr. Tatay) amante de Paulina, con quien vive actualmente y hombre, de condición social irreprochable, ante su desesperación, llanta al Dr. Bruno, y éste se presenta sa 3 a casa. Paulina, que nada sabe, se aterra ai verle, y d doctor se sorprende del mismo raodo ai hallar en aquel s. íio á su esposa. Y ere Ja corana entre clamorosos aplausos. La presencia del doctor produce en Paulina ¡recelos de que sacie sus odios en el nocente niño, prenda de stj traición, testimonio de su primera íaiía, con un amante que corrompió su alma y ya ssurió, y se niega á que lo vea, cerrándole el psso. En una hermosa escena, jGuiiíeriao Bruno recuerda á su mujer las caucas de la separación, su frivolidad, su coquetería, lo incompatible de su carácter en e! vivir de un medio honrado, tranquilo y sereno; y firmemente fa da á entender lo grande de su sacerdocio y que allí no le llevan sus rencores, sino el siaor á Ja ciencia y la salvación de ima criatura. Los prudentes eonsejos de sor Elisa, disua den á PauJír. a, que después de una dulce invocación siente cómo bajsn á su aliña confortables consueles y acariciadoras esperanzas. Y entonces peneíra firme, seguro de vencer, Guillermo Bruno, en Sa doliente alcoba. ¡YaJor yespíranza s. dicen las dos mujeres con impulsiva fe. Y termina el acto segundo, salienjdo Gaídós cuatro veces á escena. Al comenzar ¿i siguiente, e! niño ss ha salvado; Paulina ¡siente por su marido ia viva admiración de lo milagroso y de s ¡pu ¿6 gratas complacencias al hablarle. El raarqtíés de Abdalá, que tuvo por Paurlína, primero apasionamientos de hombre, ¡ueo- o cariños de padre, se despide de ella, la excita! con saludables consejos á que deje un vivir fe faril y vuelva al reposo de su hogar; pero Paulina, que conoce! a magnitud de su falla, duda, suplica á su esposo, traía de atraerle, pero en vano. Gtdüermo, ¡nfiijdbie, juzga débi! sa arrepentí niünJo y la somete á una dura expiación ¡de sus colpas, edificándola un alma nueva. Pauiina, decidida, Se sigue á su sanatorio rno ral. jíonds eí sabia doctor endereza las contra- p n los pasillos. En los de Lara se habló de un nuevo día de moda que trata de establecerse en este favorecido teatro, bajo e! patrocinio de la marquesa de Ivanrey y otras damas de, su linaje. En los de la Comedia, del matrimonio realizado muy recientemente de un notable actor. Y en los de la Princesa de haberse recibido noticias muy tristes de Méjico, según las cuales se encuentra enferma de mucha gravedad la célebre diva española, ídolo los últimos años de! público de nuestro Rea! Srta. Barrientes. C. E Concurso de novelas. La Novela Ilustrada ha abierto un concurso de novelas, con un premio de 2.000 pesetas y mil ejemplares á la que designe un jurado compuesto de los Sres. D jacinto Octavio Picón, D. José Ortega Munilia, D Mariano de Cavia, D. José Francos Rodríguez, D. l Fernández Villegas Zeda y D Vicente Blasco ibáñez, director de La 7 ovela ilustrada. Todas ias novelas no premiadas, pero que ei jurado considere dignas de publicación (sin limitar su número) recibirán igualmente como recompensa, una edición de mil ejemplares encuadernados, que serán entregados á sus, autores, pudiendo éstos venderlos á las librerías. El plazo para ia admisión de las novelas con- cluirá el 3 1 de Marzo de 1906, á las doce de ¡a noche. VISTA IMPORTANTE POR TELLGSAFO figo, y, 10 n. Mañana dará comienzo en la Audiencia provincial el juicio por ju ¿raaos, de la célebre causa por envenenamiento ocurrido en ¡a parroquia de San Andrés, S Figuran tres procesados, para los cuales ha pedido el fiscal la pena de muerte. La vista se celebrará durante los días 8, 9,1 ¡o y 11; la defensa ha sido encomendada al inteligente abogado de Pontevedra D. Prudencio Landín. -Escauriaza. Los voluntarios catalanes A yer estuvieron á despedirse del alcalde los voluntarios catalanes, que regresan á ¡su tierra. El Sr. Vincenti les dirigió frases cariñosas, y los voluntarios demostraron su agradecimiento por las atenciones y obsequios- de que eSj han hecho objeto en Madrid. Cierre. Interior cofítado, 79,2o? 1 fin de mes, 79,35. Amortizable, 99,40. Banco, 42 a. Tabacos, 3i6 Azucareras ordinarias, 3 Frángeos, 2 8 0 Libras, 32,20. Barcelona empuja ai alza y envía cambio; altos. Aquí hace buei efecto q e haya terminado la emii síón de obligccior. es del Tesoro y que ño piense ei Sr. Echegaray en ofrecer Jos 25 iniüones reembolsados. PARÍS. Cierre. Exterior, 92,70. Reñía iraiv cesa, 99,95. Italiano, io5,8o. Ruso, 4 per 100, 92,40. Turco, 90,65. Nortes, 170. Zaiagozas, 3o3. R olinco, 1.635. GcJcifieM, ¡5 c) Á pesar de recibirse hoy mejores noticies ce Rusia, no sabe ia Bolsa por que hay sí. ifomas de encarecimiento del dinero. Tairbién z) Baieo Nacionai de Bélgica ha cievado su descueifto del 3 al 4 por loo.