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B C. MIÉRCOLES 8 DE NOVIEMBRE DE i 9 o5. PAG. 8: EDICIÓN i para amortizar el pico que faltase... y tes Jas galerías, sin una peseta y dejando te y había que acabar con ella; y, Jo que hipotecado únicamente lo que se compra- es más absurdo todavía, hubo quienes que no podía ser mucho. ¿Se ha comprendido bien la opera- ba. Sólo había en el contrato una cláusu- viviendo del producto de sus obras teala un poco fastidiosa: si al transcurrir trales, intentaron dirigirse en serio á los ción? D. Juan Dessy, representante y apode- cinco años aquél no se cumplía, la Socie- Poderes públicos pidiendo que se legisrado de la propietaria, la entendió en se- dad dejaría el palacio y abonaría quince lara mermando el derecho de propiedad, mil duros de indemnización, quedándose hasta quitar al autor el de prohibir la reguida. con los muebles. Se firmó así porque presentación de sus obras. ¡Con tal de Llegúeme á él y le dije: -La Comisión ejecutiva ha acorda- como estaba yo seguro de que se cum- dejar tuerta á la Sociedad, que les hartado comprar el palacio, y acepta el pre- pliría... Ahora parece que los demás no ba de beneficios, consentían en perder los lo están y tiemblan por el porvenir. Yo dos ojos! cio. -Bueno; pues cuando ustedes quieran no tiemblo; ni ahora ni nunca. Entonces fue cuando, para dar el golme hacen la entrega y firmamos la escriY vamos á otra cosa. pe decisivo, para que los indiferentes se tura. p l nuevo traslado se verificó mientras alzaran también en contra nuestra, surgió veraneaba todo el mundo, con la mis- la temible, la pavorosa cuestión del domi- ¡Ah! ese pequeño detalle es ei que va á faltar porque la Sociedad no tiene ma rapidez y en la misma forma que el nio público, traída y llevada un día y otro, otro: á fuerza de hombres y de carros. exagerada en proporciones gigantescas, dinero. Vuelta á desclavar y clavar cajas de hie- hasta producir la crisis... -Entonces. if LA SALA BLANCA DEL PALACIO IMPERIAL DE BERLÍN, DONDE ANTEANOCHE SE CELEBRO EL BANQUETE DE GALA EN HONOR DEL REY, Y PRONUNCIARON LOS BRINDIS, CUYO TEXTO PUBLICAMOS AYER, EL KAISER Y D ALFONSO -Pero ¡vamos á ver! ¿usted qué iba á hacer con los 65.ooo duros? ¡Toma! emplearlos en seguida en cualquier negocio. Y ¿qué cree usted que podrían producirle? -Hombre... no creo que sería difícil sacar el 6 por íoo. -Pues estamos al cabo de la calle. ¿Cómo? -Ya le hemos entregado á usted el dinero; ya lo ha colocado usted en la Sociedad de Autores con la garantía de la propia finca; y ya le está produciendo á usted el 6 por íoo mondo y lirondo. Desde mañana lo cobra usted, si quiere, y al cabo de cinco años recibirá el capital íntegro. Hace? Hizo Se compró el palacio como an- rro, á trasegar paquetes, á organizar oficinas y á dirigir herreros, carpinteros, electricistas y albañiles. La brega fue de ordago, pero tampoco se interrumpieron un solo minuto los servicios. La impresión que hizo el cambio fue de asombro primero, de indignación después... ¡Sí! de indignación. ¡Aquello ya era insoportable! Chillaron enfurecidos los autores, á quienes nadie pedía un céntimo, porque se les instalaba regiamente; arreció la tempestad en la Prensa hasta ¡o increíble, y los mismos que un año antes hacían antesalas sobre las esteras raídas, trinaron contra quienes les ofrecían, gratis el amore, alfombras y sedas, brocatel y mármol. No faltó quien dijo en letras de molde ciue aauella prosperidad era insultan- V ¿qué es eso del dominio público? Vamos á ver si lo sacamos adelante en cuatro palabras. Según la ley, ochenta años después de muerto un autor, sus obras quedan á la disposición del primero que pase. Todo el mundo puede imprimirlas, venderlas, representarlas. Una casa es de quien la hace ó la compra, por los siglos de los siglos. Una comedia ó un vals son de quien quiera usarlos al cabo de cierto tiempo. Dícese, para disculpar esta enormidad, que de ese modo se evita el peligro de que el Quijote, por ejemplo, caiga en manos de un zote y muera en el olvido. ¿Por qué? Si un zote hereda á Cervantes, aquel zote no será eterno y algún heredero llegará que comprenda eJ valor de la cosa heredada. ¿O es que to- unnmniíimnMi i