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A B C MIÉRCOLES 8 DE NOVIEMBRE DE i 9 o5. PAG. 7. EDICIÓN i. t. T V I r f; Vá -i- Ltót- tWllliili- fcl IHK i t i ti i. t. Ui LOS MÉDICOS TITULARES DE LA ULTIMA ASAMBLEA REUNIDA EN MADRID, PRESIDIDOS POR D JOSÉ CANALEJAS Fot. Ernes u ra vez les pasa lo mismo, y no puede ser de oirá manera: entre los modestísimos Precisamente cuando las gentes esta- entresuelos de casa de huéspedes donde ban más alborotadas y les ánimos echa- se alojaban las casas editoriales, y el edifiban lumbre, quince ó veinte autores, cio en que ahora tienen ios autores su reunidos una tarde en nuestra casa de! domicilio, hay tanta diferencia como del Salón del Prado, trataban de que los día á la noche. Grandes sótanos que sirven de talleres ejemplares rebosaban de los sótanos, los encargados de la litografía no podían de litografía y de almacenes de librería moverse, á los empleados les era imposi- y música, hermoso jardín con cenador) ble trabajar por la estrechez de las ofici- todo, magnífica y abundante instalación nas y, en fin, de que allí no cabíamos ni de luz eléctrica, máquina de calefacción, de pie. De pronto uno de ios presentes, salas de copistería bañadas de luz, oficiel Sr. Boceta, salió por este registro: nas amplias, independientes, despache- -Hombre, yo sé de una casa que del gerente tapizado de terciopelo, escaconvendría á la Sociedad, y se vende en lera monumental de mármol, galería japonesa con muebles valiosos, salón de múla mitad de lo que vale. sica tapizado de brocatel, biblioteca, se- ¿Cuál es? -El palacio de la señora viuda de cretaría, salón de juntas, salón árabe para Martos, donde ahora están instaladas las conversación amena, sala de fumar, cuarto oficinas del tranvía del Este, que se mu- de baño, gabinetes para conferencias y visitas... todo con techos pintados al óleo, dan dentro de un mes lo más tarde. todo grande, rico, espléndido. Y todo- ¿Y hacia dónde cae eso? se apreció en lo que valía mientras hubo- -En la calle de Núñez de. Balboa. amistad, unión y compañerismo. Cuando- ¡Está muy lejos! ¡No hable usted más! ¡Muy lejos! faltaron las tres cosas, los autores encontraron aquello malo y asqueroso, y hasta A cien leguas de la Puerta del Sol. -Señores, que más alejado del centro los empleados renegaron de sus comodivivía Fiscowich y en peor barrio, y nadie dades. ¡Sólo volviendo unos cuantos pacaía en ello. Y, sobre todo, por verlo sos atrás, unos y otros las echarían de ¿qué se pierde? menos! Salimos de la visita haciendo comen- -Se pierde el tiempo, porque no tarios y planes de color de rosa y distrihemos de hacer nada. ¡Quién sabe! Si quieren ustedes ve- buyendo con la imaginación las mesas y nir... ahora mismo los llevo. las sillas. Total: que fuimos, y todos los que- ¡Calma, caballeros! -dije yo entonhicieron aquella primera visita quedaron ces- -no vayamos áfreir el lomo antes de encantados. A cuantos lo ven- por prime- matar el cerdo. Conviene ó no aue nos 1 TEATRO. CAPÍTULO XX. EL PALACIO mudemos aquí? Piénsenlo ustedes bien, para que luego no tengamos trapos que lavar. -Sí, sí; conviene. -Bueno, y ¿cómo pagárnoslas 325.000 pesetas que piden por la casa y los muebles? ¡Ah! eso allá usted. Las matemáticas son de su negociado. I a recaudación por todos conceptos ert- la República mejicana no había podido llegar jamás á mil pesetas mensuales, y estaba á punto de firmarse un contrato arrendando todos los servicios en la suma de cinco mil. Repartiendo tres mi! entre los autores y aplicando dos mil como producto de materiales de orquesta, aquéllos saldrían ganando el 66 por 100, y la Sociedad recibiría ocho mil realitos al mes, por lo mismo que antes la producía, con iguales gastos, una bicoca. Daban, por consiguiente, en cinco años estas dos mil pesetas que vendrían de Méjico, una utilidad nueva de veinticuatro mil duros, y teniendo en cuenta que en el mismo período de tiempo habría que pagar de menos, por el interés de las obligaciones que se iban amortizando, la cantidad aproximada de 200.000 pesetas, tendríamos una suma total de 3 JO. OOO. En cinco años, pues, podría pagarse el psilacio... si el crecimiento natural de ingresos por pequeño derecho y alquiler de archivos, bastaba para cubrir el exceso de gastos que, sobre la anterior, exigía la nueva finca. Si no bastaba, la señora viuda de Martos sería tan amable que nos concedería un plazo prudente