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ABC. MIÉRCOLES 8 DE NOVIEMBRE DE j 9o5. PAG. 4. EDICIÓN i. quintillas para llegar a ai o últi! y necesario. Menos mal; porque e i oirás ocasiones se malrota elocuencia y se. consumen horas, días y meses para no hacer en suma nada. El crimen del día, porque, eso sí, ya no se concibe el transcurso de veinticuatro horas en la villa y coríe sin. cí consabido derramamiento de sangre, fue vulgarote como él solo, iín flagrante adulterio unos estacazos y una puñalada son cosas que muchos ingenios de esta coríe tienen ya gastadas de puro sacarlas á relucir er esos dramas comprimíaos que sirven al respetable público á o, j 5 la butaca con 5oo por ÍOO de prima ¡y ran prima! para el probo revendedor, fiel y constante conculcados de las disposiciones gubernativas. Ocurrió una grave desgracia en la caííe del Carnero, donde se hundí un tabique, lesionando á tres trabajadores. Es la eterna historia del Madrid viejo, que se hunde porque no hay celo en quien puede y debe demoler lo mucho que se sostiene por milagro de la Divina Providencia. Hubo revuelo estudiantil. Variaciones sobre el mismo tema, que dicen ios músicos, sin referirse en esta ocasión á esa murga que vienen padeciendo casi á día rio los pacientes vecinos da Madrid. También hubo agitación peluquera y hasta amagos de huelga, siendo esto io único que podía faltarnos: que en esta tierra, esencialmente irónica y humorística, llegase á faltar quisa ROS tornase d pelo. La gente parlamentaría discutió actas en el Congreso, mientras la Comisión de ¡as mismas declaraba Jeves las de Aladrid- ¡ni siquiera de pronóstico resesr vado quiso declararlas! -y mensaje en el Senado con derroche de buenas intenciones, de las que España sufre empacho; Jos ministros celebraron Consejo pava hablar... para hablar de presupuestos y echar cálculos sobre ia probable constitución de! Congreso, y ya se sabz que eso de los cálculos es cosa doJorosa y achaques de ia vejez. Y, finalmente, hubo tres estrenos; dos de maestros indiscutibles y un constitutivo de fusilamiento, y eso que aquí nos las echamos todos de adversarios de Ja pena de muerte. AEMECE y pecadoras manos. Y luego ¿para qué sa conminación de Jos jefes a! Presidente? Para negarle su concurso personal cuando él se lo pedía invocando ei mismo engrandecimiento del M i n i s t e r i o que ellos invocaban. Pero ¡oh egoísmo! el desgaste del poder contraría las pretensiones directoras de esos hombres fieles y afectuosos de palabra y rebeldes siempre en las obras. Y la opinión ha seguido tranquila, sorda y muda ante este juego de compadres que juegan y pierden los intereses y la dignidad de la nación. ¿Qué suceso, desgracia ó agravio ha de ocurrir para conmoverla y levantarla á esas justas iras de los pueblos viriles? Los políticos españoles tienen sobre sí grandes culpas de acción. Pero no son menores las culpas de omisión del país que los tolera. La mitad de l a afrenta conyugal corresponde á los maridos bonachones que consienten los extravíos de sus esposas. N o basta esta indiferencia despreciativa con que la opinión se aparta ya de los políticos. Hay que hacer lo contrario: acercarse á ellos para enmendarlos. El castigo moral es pena insensible para ios endurecidos de conciencia y de epiiermis. por lo hondo de nuestra masa social, fue el que anteanoche en el Frontón Central saüó á la superficie. La noble y feliz iniciativa de Mariano de Cavia no cayó, por esta vez, en pelada roca, ni en terreno ingrato. La palabra Patria ha vueito á ser usada con profusión, cariñosamente, orgullosaments, sin temor á que aparez- j can cursis las frases en que sea engarzada. En el Círculo conservador y en hermoso discurso había dado la nota serena del concepto de Patria e ¡Sr. Maura. Pero, la nota vibrante, la que antes repercutía con tanta fuerza en el corazón de nuestro pueblo, la que, gastada por el abuso, no extendía ya en todas partes sus ondas sonoras, esa se dio con magnífica amplitud en el banquete de anteanoche por todos los oradores, y singularmente por el señor Moret. Trozos de elocuencia, emocional, deslumbradora, casteiarina, délos que sacuden con más vigor el alma española arrebataron al auditorio, remozando los espíritus, llevándolos al período de nuestra historia, que los gloriosos y veteranos catalanes representaban allí. La acción de presencia ejercida por los humildes viejos comunicó á la atmósfera, que transmitía las elocuentes frases, el calor de c i e r t a s reacciones químicas. Aquellas páginas vivientes de nuestra leyenda heroica, principal vínculo de la EUGEMO SELLES nacionalidad, acababan, cual por evocacación, el sueño cataléptico de és a, superficialmente tomado como fallecimiento. Porque, en la época recordada, esa nacionalidad sería más ó menos pobre y atrasada, pero era sana y robusta. N o E BUEN AU- N o el desastre final, había catalanistas, en el mal sentido deS GURÍ O no ¡a guerra con el mote, ni bizcaitarras. Las provincias vas oloso americano, ni las ruinosas consecongadas armaban y enviaban al África cuencias de la misma, sino la terrible dusus tercios, que se batieron bien aun ración de la lucha con los insurrectos de Cuba y con ¡os de Filipinas, la inutilidad cuando llegaron á última hora, y Catalude los esfuerzos hechos desde principios ña, más identificada que nunca con ¡a nade 1 895 hasta mediados de 1898 y la ex- ción, mandaba á esos nietos de los almocitación constante de la fibra patriótica gávares á verter su sangre por el honor durante ese período, á veces por los de la bandera española. En este efusivo renacimiento del amor medios más artificiales, dejaron, en el sopor que siguió á la catástrofe, tan este- á la Patria, es augurio fausto el hecho de nuado y deprimido el ánimo de nuestro que haya sido motivado por catalanes, y pueblo que pareció obscurecido y casi presagio feliz de que Ja invocación de tan excelso cariño no volverá á ser socoapagado el sentimiento nacional. rrido tópico de retórico manual, sino poEn dicho estado de ánimo hizo presa el excepticismo ambiente. La palabra sitivo y firme sentimiento, purificado en Patria casi desapareció de la dicción el crisol de la desgracia. MANUEL TRO Y ANO corriente, como un vocablo anticuado é inexpresivo ya. Mirados á través de los lentes de un pesimismo présbita, que sin elios sólo ve bien lo lejano, agrandáronse ¡os defectos de la raza, y una sen- C e marcharon ayer los voluntarios catatencia condenatoria fue lanzada sobre lanes de la guerra de África y se ésta y sobre su porvenir. despidieron del alcalde con frases de sinLa situación del espíritu público pres- cera gratitud. Se acabaron Sos discursos taba resonancia á los términos de la te- y las poesías. El agasajo que los pobres rrible sentencia. La debilidad del cuerpo veteranos han recibido ha sido justo, social, parecida á la de un convaleciente pero ¡qué español también ha sido todo mal alimentado, predisponía á imagina- ello! Observen ustedes que el último ciones tétricas, é impedía que aquél reac- momento del último obsequio ha resulcionase. Los gérmenes de vida y de salud tado el verdaderamente práctico. En él poco favorecidos por el acierto de los po- se han reunido un puñado de pesetas y deres del Estado no hallaban una causa se ha acordado pedir á las Cortes una determinante, grande ó pequeña, para su pensión merecida para esos héroes. Lo manifestación. Sin embargo, estaban y que prueba que, como ocurre siempre en están aquéllos bajo la. corteza seca y fría, España, ha sido indispensable perder ávidos de mostrar su virtualidad. mucho tiempo hablando, largar discursos Este movimiento psíquico, que corre sin tasa y hasta tiradas de irremediables D PARLAMENTAR! AS A T A R D E ESTABA Ni conocemos ai A GRIS... Sr. Pons ni tenemos amistad con el Sr. Rosal; para nosotros lo mismo nos da ei primero que el segundo se ñor. Pero parece ser que al! á en Berga, el señor Pons ha llevado á cabo algunas empresas que han merecido Ja reprobación de! Sr. Rosal y de sus amigos. Entre estos sraiges se encuentra el Sr. Martín Sánchez. El Sr. Martín Sánchez es un excelente caballero que merece todas nuestras simpatías. El Sr. Martín Sánchez ha hablado largamente ayer tarde en! a Cámara popular en contra del Sr. Pons. El ambiente estaba triste, plomizo, lluvioso; e 3 Sr. Martín Sánchez peroraba imperten ¡ío; nosotros sentíamos un íntirao desconsuelo. En estas elecciones pasadas se han observado I ininmiirnTmiiTMii wiriimiin imi -i i n n l