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8 DE 3o CRONICA UNIYERSAL ILUSTRADA. NOVIEMBRE DE i9o5. NUMERO SUELTO, 5 CÉNS. ¿ROÑICA TELEGRÁFICA DE NUESTRO C O R R E S P O N S A L ESPECIAL, ESCRITA EN BERLÍN EN LA MADRUGADA DE HOY BERUM, Sj 1 M, El Rey simpático comenzó la jornada de noy con la solemne jura de Jos reclutas. Los grifos lanzados al unísono por los regimientos á ía voz de mando cortaban el aire. A lo lejos, en los alrededores de Lutsgaríen, advertíase el ruido sordo de la gran ciudad laboriosa y extrañada. El Kaiser ha reservado para D Alfonso los honores del acto, y recordó á los reck: vs que el juramento era esta vez doblemente sagrado, porque lo honraba con su presencia el Rey de España. Y cuando, a 1 terminar, lanzó los tres ¡hurrahs! ai Rey, ellos le contestaron con ferviente entusiasmo, como si comprendiesen ia emoción que sintió el joven M o narca al atravesar Berlín en coche para dirigirse al C a s i n o d e oficiales de la Friedric 1 nsís s; e. Ha sido un día de ajetreo paia el Rey. Después del aLauerzo, la protocolar recepción diplomática; más tarde, ¡a comida íntima; ahora, la función en la Opera. La bella partituia de Leo Delibes ha alegrado durante el primer acto los recuerdos melancólicos de la solemnidad de! a jura. La sala de la Opera resplandece, y en el escenario la alada Urbanska, la genial Dell Era, Ja arrebatadora Pfaffemberg, han distraído con sus piruetas adorables á este abigarrado auditorio de uniformes, placas, bandas, senos palpitantes y brazos desnudos. Y yo abandono con pena el teatro cuando en el entreacto comienza la recepción en el vestíbulo. Pero, en cambio, al salir á la calle mis ojos contemplan otro espectáculo no menos interesante. Les berlineses pásanse día y noche en la calle, esperando siempre ver aparecer al Monarca español, que luce gallardo el airoso uniforme de general prusiano. Se apretujan, se maltratan disputándose las primeras filas, y á veces, como hoy, es preciso sacar de entre la multitud á una pobre criatura congestionada, amoratado el rostro, espantados los ojos, con la muerte pintada en el semblante... ¡Bah! ¡no importa! El hueco libre llénase de nuevo por otro individuo de la multitud ansiosa de contemplar al Rey, al Rey simpático como le ha bautizado con fortuna Lokal Anzeiger. i La nota de! día ha sido el rumor llegado de Madrid hablando de un supuesto atentado. Ese momento de pánico LA SEGUNDA ORNADA ha extrañado á los berlineses, pues si el Rey, cuya persona es sagrada, fuese aquí objeto de una agresión, ievantaríanse hasta las piedras de la calle. Pero nada hay que temer; no es humanamente posible, así puede afirmarse. Ayer decía el director de Policía: Respondo de que nada sucederá Y hay que creerle. No temáis, pues, por el Rey. Mientras se encuentre en Alemania no habrá un solo alemán qus no se crea en el honroso deber de custodiarle. GUJLLERMO SILVA KEMPER, suceso de magnitud nunca vista, qué desgracia de dolor nunca sentido, qué catástrofe de terrores nunca imaginados habrían de ocurrir para que España, conmovida, los llamase suceso, desgracia ó catástrofe nacional? Mirando á los acontecimientos r t u t n tes se ve que, aun sin ser de gravedad mortal, tienen la bastante á fijar el interés de 1 a nación. El hambre ha afligido buena parte del territorio. Pueblos enteros, millares de ciudadanos caían desfallecidos: los más resignados se dejaban caer y lloraban; los más turbulentos saqueaban las viviendas y rugían. Se proveyó á la necesidad del momento con limosna del Estado; pasó el peligro del orden público, que es el único despertador de los Gobiernos. El pePgro mayor y menos pasajero de la consunción de la raza, el peligro de la muerte lenta no quita el sueño á nuestros políticos. ¡Muéranse los españoles con tal que mueran sin desorden en las calles! Y pasados los días tristes, nadie ha vuelto á acordarse del hambre. Vendrán los rigores de! invierno, y la reproducirán. ¡Qué importa eso ahora! ¡Allá veremos y proveeremos entonces! Y todos los que no sean ciegos de entendimiento ó de corazón, ¡a están viendo ya. E encarecimiento injustificado de la vida en España anuncia horas angustiosas; el hambre va subiendo desde las clases ínfimas á las clases medias. ¡Qué importa eso tampoco! El partido conservador está formado por gentes bien acomodadas, defendidas de la miseria. El partido liberal está en el Poder, defendido también por sus sueldos, por sus concejalías, por sus comisiones y gajes. El partido republicano es ya un burgués comodón, que atiende más á sus actas electorales para mejorar su representación en Cortes y Concejos que á sus promesas de mejorar ia existencia mísera del pueblo. Se hunde en el mar el Cardenal Cisneros, casi ¡a mitad de nuestra potencia marítima, que no menos que eso significa el hundimiento üe un buen buque donde sólo hay pocos y malos. Parecía, por ello, un caso de duelo nacional, bien que estemos acostumbrados á los duelos y quebrantos de las frecuentes roturas, averías y pérdidas de nuestra escuadra. Pero ¡ay! dos días de atención secundaria en los periódicos y cuatro relatos que interesaban más á la curiosidad que al dolor y á la pintura novelesca de suceso que á sus consecuencias desdichadas, bastaron para hundirlo en el silencio y cubrirlo con capa más espesa y fría que la que cubre hoy á la nave en las pintorescas costas de Galicia. Y ha naufragado con tiempo hermoso, cielo despejado y mar en calma, y en bajos conocidos y navegados diariamente por nuestra marinería. ¿Comisión parlamentaria que investigue las causas de la catástrofe? N o la ha querido el Gobierno. ¡Si fuese el nombramiento dz una Comisión de actas favorable á la elección de un amigo ó tertulio, ya estaría hecho! ¿Investigación rápida, instantánea del ministro de Marina? ¡Ah! el ministro andaba á la sazón muy preocupado y entristecido por negocios de mayor monta, por si su cinta roja de la Legión de H o nor era más ancha ó más estrecha que otras cintas regaladas por M r Loubet. Se formará el consabido expediente. ¿Quién lo duda? El expediente español es el bajo burocrático donde encallan y se sumergen todas las cosas que los Gobiernos quieren echar á pique. Se ha operado en el Alinisterio und crisis insólita. La han seguido atentos los políticos profesionales; es su oficio. El país la ha mirado con indiferencia. La crisis en España no es ni siquiera suceso de curiosidad, porque ya se sabe lo que ha de suceder. Pero esta crisis inmotivada, producida en presencia de unas Cortes inconstituíclas, merecía una protesta del país, por lo que revela en partidos y hombres que por su historia y sus años debían ser más serios en sus procederes y más corteses con d Parlamento. Los primates, copartícipes de una jefatura nominal, se reúnen, y en conferencias de antecámara ó de gabinete delibe tan sin contar con diputados ni senadores, de igual modo que un Consejo de generales resuelve sin contar con sus soldados. Pero aquí los soldados sin voto son los representantes de la nación. Los caudillos de mesnada se acuerdan al cabo de varios meses de que el Ministerio es débil y diminuto y deciden modificarlo. H a sido un voto de censura contra el presidente del Gobierno, ó más bien una antevotación de censura dada por la oligarquía que está sustituyendo á los partidos en la política española. El régimen representativo, cada día más desmedrado de crédito y autoridad, va reduciéndose i expresión mínima y quedando, en pocas