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A B C MARTES 7 DE NOVIEMBRE DE 1505. PAG. i3. EDICIÓN 1 a Ai terminar su brindis dio varios ¡vivas! que fueron contestados entusiásticamente por el público. El general Polavieja, después de dedicar sentidas frases de recuerdo á los ilustres caudillos que pelearon victoriosamente en África, saludó á los voluntarios catalanes y brindó por la Patria, por el Rey y por el Ejército. D Rafael Comenge leyó unas cuartillas escritas por el ilustre novelista D. Benito Pérez Galdós, que se encontraba también entre los asistentes y fue calurosamente aplaudido. El Sr. Tovar, presidente del Círculo militar, brindó por España, por el Rey y por las provincias catalanas. El general Orozco dirige frases de cariño á los voluntarios que representan e! pasado glorioso, y dijo que todos los españoles debemos contribuir á perpetuar lo que aquellos significan. El general Ríos se levantó, y profundamente emocionado, recuerda que en la campaña de África murió su padre, y que allí comenzó su carrera militar. Saludó á los voluntarios, y terminó dándoles un ¡viva! entusiasta. D. Joaquín Beltrí, uno de los voluntarios en cuyo honor se celebró el banquete, levántase y pronuncia patrióticas frases, que el griterío del público no permite escuchar bien. Habla luego el diputado catalán Sr. Roig y Bergadá, quien, entre otras cosas, dice que esas luchas del regionalismo catalán aumentarán seguramente la fortaleza de la Patria en momentos difíciles, esa Patria hermosa y grande por la que todos estamos dispuestos á sucumbir. (Ovación) El conde del Serrallo pronuncia un brevísimo discurso, que es también muy aplaudido. D. Rafael Gasset propone que se levapte una estatua al general Prim, porque entiendo- -dice- -que toda estatua de hoy engendra el héroe de mañana Brindo muy elocuentemente en nombre da 1 a Prensa, antes que por vosotros, por vuestros abuelos, por vosotros mismos y por vuestros nietos que han de contribuir- -termina- -á perpetuar las glorias de nuestra amada España, hasta el punto de que pronto han de poder repetir, recordando una frase célebre: Decíamos cyer... yi El general Jácome, marqués del Real Tesoro, pronuncia luego un discreto brindis, que es también aplaudido. El Sr. Maltrana- saluda á los catalanes en nombre de la Cámara de Comercio de Madrid y propone que á más de los obsequios y agasajos con que nuestra capital ha querido celebrar la visita de los voluntarios, debe hacerse algo práctico, algo positivo, algo que les permita llevar á sus familias un auxilio pecuniario que seguramente necesitan y han de agradecer. A este fin la Cámara de Comercio ha resuelto abrir una suscripción que encabeza con la modesta suma de 2 5o pesetas. (Aplausos. Bien, bien, en el público. Levántase e! genera! Polavieja y hace constar que, aceptando la idea, el Círculo militar se suscribe en el acto con la suma de 3.ooo pesetas. (Ovación delirante. El general Ríos ofrece en nombre del Casino de Madrid 5.ooo pesetas. D Miguel Moya ofrece otras 5.ooo en nombre de la Asociación de la Prensa de Madrid. El capitán Borrajo, del Círculo militar, levántase, y á nombre del general Polavieja dice que el Casino dará, en vez de las 3.ooo pesetas primeramente ofrecidas, una cantidad igual á la mayor de las que ofrezcan. (El público entusiasmado prorrumpe en ¡vivas! á España y al Ejército. D. Rafael Comenge leyó acto continuo los preciosos versos de Cano, que á continuación publicamos: Así, en la frente altanera que sólo ante la bandera de nuestra Patria se inclina, me gusta la barretina teñida en sangre extranjera. ¡Jlném! en reñida acción contestaban al cañón estos viejos que aquí están. ¡As! se habla el catalán y lo entiende el corazón! Así, entre aplauso y reflejos de gloria, como estos viejos, se cantan patrios furores en himnos de segadores del laurel de Castillejos. Indómita aventurera, el antojo por frontera y la hacienda en tierra extraña (como éstos) Así era España: asi será cuando quiera. En la pobreza mayor le queda á España un valor: ¡e de éstos, que saben cómo se paga en onzas de plomo toda la deuda exterior! LEOPOLDO CANO Al terminar la lectura de estos versos estalló una salva de aplausos, y de nuevo se dievon ¡vivas! á los voluntarios y al Ejército. Restablecido el silencio, levantóse á brindar D. Segismundo Moret. No es posible, dada la falta de espacio y lo avanzado de la hora en que escribimos, consignar en estas columnas algo que se aproxime á lo dicho por el Sr. Moret en su discurso. D escribió la batalla de los Castillejos, con tan brillante colorido, que el público, entusiasmado, delirante, le obligó con sus aplausos y aclamaciones á suspender la narración dos ó tres veces. Hablando de la Patria tuvo frases felicísimas é hizo párrafos tan grandilocuentes, que sería inútil tarea, por nuestra parte, tratar de reproducirlos. Se dirigió luego el orador á la juventud que le escuchaba y con frases vehementes que revelaban el entusiasmo de su alma ¡es habló del pasado glorioso que representan esos voluntarios, que han venido- -dijo- -en un momento que no vacilo en llamar psicológico para nuestro país, porque apagados los entusiasmos que despertó el viaje de Loubet, necesitábamos algo que levantara nuestro espíritu, algo que hiciera revivir nuestras ilusiones y nuestras esperanzas Oíó luego un adiós sentidísimo á! os vo! un ranos, y terminó su discurso en medio de i na tempestad de iphusos y ¡vivas! Ai acabar el Sr. Moret su brindis, las oú sicas entonaron la Marcha Real, y a sus acordes comenzó el desfile de la concurrencia. ¡R BERLÍN 6, í T. CTn MagdeDurgo. Al llegar el tren imperla! á Magdeburgo, estaba formado el regimiento 66, de que ts coronel honorario S. M el Rey. Hallábanse presentes la plana mayor del regimiento y las altas autoridades civiles y militares de Magdeburgo con todo el séquito de D Alfonso. Hizo la presentación de los jefes y oficiales del regimiento el embajador de España, señor Ruata, y el Rey conversó con todos los jefes y oficiales durante un buen rato, produciendo en ellos agradabilísima impresión. Rindió los honores de ordenanza al Monarca español durante la visita el batallón entero, con bandera y la banda de música dirigida por el profesor Herr Brekau, que ejecutó la Marcha Rea! española y el himno alemán. Terminadas las presentaciones, el Rey se despidió afablemente de todos los jefes y oficiales de su regimiento, anunciándoles su visita para pasado mañana, día en que, conforme al programa establecido, dedicará la mayor parte del tiempo á revistar los batallones de su mando, después de lo cual asistirá a) almuerzo organizado en su honor por los oficia 3 es de Magdeburgo, A todos estos impresionó muy aj mente la frase de D Alfonso, que les manifestó que una de las distinciones que más le enorgullecieron de cuantas le ha otorgado el Kaiser, ha sido el nombramiento de jefe honorario del regimiento núm. 66. Una vez en la estación salieron con el Rey, en el vagón Real, el coronel efectivo del Cuerpo, barón Digeon de Monteton, el general Lindenquiot, el coronel barón de Nohenau, ei barón de Sender y el comandante del yate imperial Tichenzoitern, Herr Ingenohl. El tren salió para Berlín, donde debe llegar á las tres de la tarde, sin hacer parada alguna en todo el trayecto. La población en masa se agolpaba en todos los sitios del tránsito de la Real comitiva. EL REY EN BERLÍN BERLÍN, 6 4 T. I a llegada, A la hora en punto entra el tren imperial. D. Alfonso, con uniforme de coronel de! 66 regimiento, de guarnición en Magdeburgo y la banda del Águila Negra; venía asomado á la ventanilla del vagón. Parsdo el tren, salta el Rey con ¡get ¿a a tierra. El Kaiser, avanza y se estrechan la mano. A este primer impulso de ambos Soberanos sigue un abrazo, durante el cuai ei Kaiser besa dos veces en las mejillas al Rey. Conversan breves momentos sonrientes y siguen ¡as presentaciones. El Rey hace al Kaiser la del ministro de Estado, la del general Bascaran y la de sus ayudantes. El Emperador hace al Rey la del Kronprinz, del príncipe Adalberto y Eitel- Federico, del príncipe Leopoldo y de los demás miembros de la familia Imperial. El Rey saluda con gran afecto a! príncipe Enrique de Prusia, hermano del Kaiser, al que ya conoce por haber estado en Madrid. Sigue la presentación del Canciller principa de Bülow; del ministro de Negocios extranjeros, barón de Ritchthofen; de ¡os altos personajes palatinos conde de Wedel, ministro déla Casa Imperial, y conde de Eulembourg; del general gob. mador de Berlín, conde de Níoltke, y de todos los generales que componen el Cuarto militar. Con el Rey han llegado los personajes de