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A B C DOMINGO 5 DE NOVIEMBRE DE icp 5. PAG. 10. EDICIÓN MI MENSAJE o acierto á referir cómo fue, pues todavía perdura en mi ánimo la turbación profunda que me produjo la visita. De riguroso incógnito honró mi casa el insigne personaje, haciéndome un peregrino encargo: la redacción del Mensaje que el Gobierno de S. M por boca del augusto Monarca, había de dirigir á las Cortes. En vano expuse humilde y modestamente mi absoluta incompetencia en los asuntos políticos y mis escasas dotes literarias. No siga usted- -me dijeron; -se trata de recoger lo que está en el ambiente y condensarlo en breves líneas. Nadie ha de saber quién escribió el documento. Las aspiraciones del pueblo entero deben constituir la bandera de un partido liberal, y éste se halla dispuesto á regenerar con leyes prácticas, con disposiciones radicales, con hechos, en fin; pero antes, bueno será bosquejar un programa ante las nuevas Cortes. Manos á la obra... Y á la obra me puse. Mi tarea era sumamente sencilla. Puro trabajo periodístico. Los prohombres del partido me lo daban todo hecho. Yo recordaba perfectamente los elocuentes discursos del ilustre Moret, su decidido amor á las cuestiones sociales. Y tenía además sobre la mesa importantes folletos. Ante todo, uno del elocuentísimo Canalejas, quien al inaugurar, en Marzo del presente año, las tareas de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, había escrito un verdadero libro, dedicándoselo al Rey, que presidía la sesión. ¡Qué vivero de ideas nuevas, cuan generosos y redentores propósitos! El noble espíritu de Pulido vibraba también en la Memoria acerca de la Sanidad pública en España, dirigida á los médicos en ocasión memorable, cuando desempeñaba la dirección dt Sanidad. Jimeno Cabanas, al inaugurar las tareas universitarias, había pronunciado uno de sus mejores discursos, que yo conservaba como oro en paño. De Moliner tenía una copiosa colección de instructivos trabajos de propaganda acerca de Beneficencia, Medicina social y Enseñanza. Y por ¡timo, me eran perfectamente conocidas las ideas de Saa Martín, de Taboada, de Calleja, de Fernández Caro y tantos otros personajes del partido, ministrables todos y de quienes tanto podría esperarse. Ya se comprenderá fácilmente con cuánto gusto emprendí mi tarea. La dificultad no consistía en tener cosas que decir, sino en condensar las más importantes, relacionadas con la vida del país. Convencido de la bondad y de la verdad que encerraban tan preciosos discursos y peroratas, copié frases, aderecé párrafos muy rotundos, y cuando, una vez terminada mi labor, en la soledad de mi gabinete, leí en voz alta y con la debida entonación mi Mensaje, es decir, el mensaje redactado con ayuda de mis respetables amigos, me pareció que oía distintamente murmullos de aprobación en la Asamblea, esos ¡muy bien, muy bien que se escapan de Sos labios de las personas graves, poco propensas al aplauso, de modo involuntario, constituyendo un éxito superior á las salvas de aplausos. Y al copiar con letra clara y cuidadosa el texto, no sin castigar el estilo que, como mío, me parecía sobrado ramplón, imagi é el efecto que haría el escrito en la Prensa toda. Aquello era un verdadero programa. De las bellas y grandes cosas propagadas en la oposición por los liberales, surgirían leyes importantísimas, y ¡a masa popular y los indiferentes, todo eso que constituye la opinión pública, exclamarían á coro: ¡Bien, muy bien, adelante! No hay otro camino. ¡Así se gobierna! Envié en sobre lacrado mis cuartillas, pero no me acusaron recibo de ellas. Llamé por teléfono y no obtuve respuesta. Un medroso pudor me impidió devolver la visita al personaje. Empezó la apertura de Cortes. N o me atreví á salir de casa; oí desde ella los cañonazos de ordenanza, yxuando en los periódicos leí el Mensaje oficial, vi con sorpresa que no contenía ni una sola de las ideas de mis insignes amigos. Y aquí me tienen otra vez delante de los famosos discursos que cubren mi mesa, abiertos como si me pidiesen un abrazo, afligidísimo al ver su esterilidad y mi torpeza, dudando si he sido víctima de una alucinación; en una palabra, sin saber- si estoy despierto ó, como tantos otros, profundamente dormido. EL DOCTOR FAUSTO llamó á los diputados sepu cros blanqueados, cadáveres y faltos de moral. El Sr. P R E S I D E N T E rogó al orador que se ciñera al u, mto y suprimiese ciertas palabras. El Sr. LLÓRENTE: Yo digo que los actos políticos que realiza ese Gobierno y esa mayoría no se ajustan á la moralidad que debiera presidir en todas sus funciones. (Algunos de la mayoría se ríen. Desechado el voto particular, fue aprobado el dictamen. Se aprobaion también otros dictámenes de las Comisiones de actas y de incompatibilidades y se levantó la sesión. MENTÍ DERO TEATRAL C N EL CIRCO Los aficionados á la zar D E PRICE zuela grande no se mostraban muy satisfechos de la elección de obras para debut de la compañía de Cereceda. Ellos hubieran preferido algo más suculento, un plato de ternera abundante, La tempestad. El anillo de hierro, El dominó azul, algo más típicamente zarzuelero, y no grumete como íever du rideau y un vaudeville de la escasa significación musical de La mulata. Sin duda Cereceda no quiso dar importancia á lo de anoche, ni echar toda la carne en el peso, limitándose á decir modestamente: ¡Hay una continuación! Como digo, empezó la cosa por El grumete, que en conjunto tuvo un discreto desempeño, distinguiéndose la Sita. Amelia Calvo Velasco, que hizo con simpática travesura y maneras desenvueltas e protagonista, y los Sres. Lluch y Gamcro. La mulata, ya conocida del público poi haberse representado el año interior en Eslava muchas noches, no es obra la más á propósito por sus condiciones, para presentación de una compañía de zarzuela grande. La señora Francisca Calvo, que es hoy una de las mejores tiples, cantando y declamando, en ese género, hizo anoche un papel relativamente insignificante, y desde luego fuera de s ¡s aptitudes. El público la hizo repetir los couplets varias veces, significándola su simpatía muy expresivamente, como á la Srta. Amelia Calvo Velasco y á los Sres. Gamcro, Peris y Soriano (H) encargados de los principales papeles. La obra, muy bien puesta, concertada y dirigida por el maestro Cereceda, que en esta? cosas puso siempre cuidadoso interés. Se anuncian los estrenos de La planchadora, opereta francesa, arreglada por Luis Larra, y El lego de San Pablo, zarzuela melodramática, del maestro Caballero. La entrada, buena, principalmente en los tendidos. F. CONGRESO SESIÓN DEL DÍA 4 DE NOVIEMBRE DE I C) o5 omenzó á las tres menos cuarto, discutién dose extensamente el acta de Fonsagrada, que se aprobó por 89 votos contra 38, después de amplio debate, en el que tomaron parte el Sr. LAC 1 ERVA defendiendo su voto particular y el Sr. OYARZABAL que apoyó el dictamen de la Comisión. Quedó proclamado el diputado electo Sr. Pórtela. Discutióse á continuación el acta de Valdeorras, impugnada por el Sr. GARCÍA AL 1 X y defendida por el Sr. MOLLED. A. El Sr. M E N E N D E Z PALLARES intervino para alusiones. Sostuvo en su discurso que con el candidato republicano S r Moyrón se había cometido una enorme serie de atropellos. Se aprobó el dictamen en votación ordinaria; lo mismo ocurrió con el de incompatibilidades y quedó proclamado D Apolinar Flores. El Sr. OYARZABAL defendió el voto particular que ha suscrito al dictamen del acta de Tarancón. El electo es el Sr. Cervantes. El Sr. SILVELA (D. Eugenio) intervino en el debate para defender la legalidad de la elección. El voto particular fue desechado en votación ordinaria. Quedó aprobado el dictamen y proclamado diputado el Sr Cervantes. El Sr. LLÓRENTE (republicano) apoyó un voto particular al dictamen de Logroño, por donde resulta electo D. Miguel Salvador. Su discurso fue breve. El Sr. M E R I N O defendió la elección del Sr. Salvador. El Sr. JUNOY intervino brevemente en el debate. El Sr. LLÓRENTE habló de nuevo y EL VIAJE DEL REY SAN SEBASTIAN, 4 7 N. p j n el Club Náutico. En este momento ha terminado el té organizado por el Club Náutico en honor del Rey. El local estaba artísticamente adornado con plantas y flores. La mesa, en forma de martillo, presentaba brillantísimo aspecto. D Alfonso y sus acompañantes llegaron á las cinco y media, siendo muchos los curiosos que había en los alrededores del pabellón de Club, á pesar de la lluvia que caía. Al llegar el Monarca, que fue recibido pot las autoridades y una comisión de la Sociedad, se dispararon cohetes. Amenizó el té un sexteto que tocó la Marcha Real á la entrada y á la salida de 3 M