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A B C JUEVES 2 DE NOVIEMBRE DE J 9 O5. PAG. 7. EDICIÓN su país y bastante la extranjera, dibuja y pintz un poco, y suele chapurrear el francés y el in glés. Además, sabe, por lo general, guisar, bordar, coser y... tocar el piano. No se puede pedir más. Y para aprender todo eso, es claro que ya grandecitas y casaderas sigan acudiendo á Institutos de enseñanza de todas clases, asistiendo á cursos, tomando lecciones particulares, etc. Agregúese á todo eso el tiempo consagra do á las compras y flaneries en los almacenes dear á la Sociedad de Autores, á des- poderosa, da honra y prez á quien trata truirla, á aniquilarla, sin embargo de como enemigo. significar- un progreso evidente y una ¡A punto estuve de ensoberbecerme suma de sacrificios enorme. como la lagartija de la fábula! Cuando Los ataques, dirigidos al principio á la tantos y tales elementos se juntaban para Sociedad, se concretaron más tarde á la derruirla... algo grande tenía que serla Junta directiva, negándola todo lo nega- Sociedad de Autores, y algo importante ble, y acabaron por dedicarse á mí solo. dejaba yo tras de mí, como señal imperejMaría Santísima, cómo me pusieron! cedera de mi paso por este picaro mundo. Hasta mis amigos (que lo eran y siguen SINF. SIO DELGADO i LOUBET EN LISBOA. hL PRESIDENTE CON LA REINA AMELIA, EL REY CARLOS Y EL PRÍNCIPE HEREDERO EN UNA DE LAS GALERAS HISTÓRICAS QUE USA LA CORTE PORTUGUESA EN EL TAJO Fot. lienoliel siéndolo casi todos) perdieron la cabeza, embriagados corcel apoyo que la opinión pública les prestaba, y me hartaron de palos sin compasión y creyendo que ponían una pica en Flandes. Resultó de aquella tracamundana que yo era un autor dramático fracasado con justicia, un versificador detestable y un prosista ramplón que no haf ía sabido escribir jamás ni las cartas á la familia. ¿Con qué derecho un currinche de tal naturaleza se permitía administrar y dirigir á los genios? Pero... allá va la última afirmación estupenda de la serie: aquello, lejos de apesadumbrarme, me llenó de orgullo. Por qué? Por que me combatieron rudamente, enérgicamente, con todas sus armas y en los periódicos más leídos, periodistas insignes, cronistas ilustres, literatos de verdadero mérito, críticos de innegable autoridad y de extensa cultura; V toda esa hueste intelectual, lucida y CRÓNICA DE BERLÍN Berlín, 28 de Octubre de ic o5. 1 I na de las cosas que más sorprenden al ex tranjero que se detiene en Berlín tiempo suficiente para poder observarlo, es la libertad increíble de que gozan aquí las niñas desde su primera infancia. -Cuánta gracia me hace- -me decía una amiga mía de Madrid- -ver á esas chiquillas ir y venir solas por esas calles, tan seriecitas y formales con sus libros de estudio. Pero lo que me choca es que ya tan grandes, de diecisiete, de diecinueve y hasta de veinte años, vayan todavía á la escuela, pues siempre las veo cargadas de libros. Las alemanas deben de ser muy instruidas. Mi amiga española tiene razón en sus suposiciones; la mujer alemana es, en efecto, relativamente instruida. Sabe suficientemente la Historia universal y la Geografía, tiene nociones generales de Física, Química. Botánica, Astronomía, etc. conoce bien a literatura de las visitas á las amigas, á la modista, á las tiendas de sombreros, y no es de extrañar que estén en la calle todo el santo día, con libros ó sin libros, formales ó no. Y la calle tiene sus peligros. Luego el lawn- tennis en verano, el patinai en invierno, la bicicleta en ambas estaciones. Claro que todos esos sports, cultivados aquí con verdadero frenesí, contribuyen mucho al desarrollo físico de la mujer, y se está levantando una nueva generación, que gusta ver, fuerte, robusta y sana; pero, al mismo tiempo, asaz versada en sutil arte del flirt. Pero ¿cuándo paran en casa esas criaturas de Dios? Creo que únicamente el tiempo indispensable para las comidas y el estrictamente necesario para dormir. Los cursos, las lecciones, etc. comienzan á las ocho ó nueve de la mañana, y las tiendas están abiertas hasta las nueve de la noche. ¡Eche la cuenta, lector! En los Estados Unidos pude observar, poco más ó menos, lo mismo; pero la mujer americana es más práctica, más resuelta, más enérgica, y sobre todo más respetada en ¡a calle