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S ANO TR Z. NUMERO 296. CRÓNICA UN 1 YERSAL IL USTRADA. NOVIEMBRE i9o5, DE DE NÚMERO SUELTO, 5 C. ÉNS. tocolos de tales visitas y ceremonias sin tan fúnebre como el de ayer, el conociduda se hacen ya con más cuidado, y don miento de que todavía quedan centenaPío Gullón, quien si la memoria no me res de ciudadanos decididos á sacrificarse es infiel, precisamente debutó como mi- por el bien y por la inmaculada adminis nistro, aunque de otro departamento, por tración del pueblo de Madrid. aquella fecha, debe de tener muy preLos veteranos catalanes que estos días sentes los sucesos referidos. De presu- pasean la barretina por Madrid fueron á mir es que ahora no se distraerá, ni se El Escorial á depositar una corona en la dormirá en los brazos de la confianza. tumba de Isabel II, y encontraron mucho Aun cuando la facultad de recordar la frío. Frío oficial y frío natural; menos tenemos los españoles bastante inactiva doloroso éste, con ser intenso y peneen todo lo tocante á la vida pública, hay trante, que aquél. ocasiones en que el esfuerzo nemotécniY nada más. La nota saliente del día co está muy indicado. fue la temperatura y ia aparición de la La complicada gravedad de los pro- clásica pañosa por las calles de la corte, blemas planteados hoy en Europa recla- proclamando la solemne entrada de un ma mucha prudencia. Siquiera como po- invierno crudo y más desconsolador que tencia exterior no representemos gran discurso de Montero Ríos para la mafuerza, téngase presente que una empe- yoría. ñada partida de ajedrez se compromete, AEMECE y á veces se pierde ó se gana por un peón. El actual ministro de Estado es persona muy cortés; pero sabe que no quita lo cortés á lo prudente, y sabrá acerías. S. M el Rey salió de Palacio ayer, á las además que si en general la política no once y media, guiando ei automóvil de 35 catiene entrañas, las tiene muy malas la política internacional, lo que es algo peor. ballos. Alfonso, á quien acompañaba el conde D. Por eso, ha de pasar ahora lo menos de San Román, se dirigió á Ríofrío, donde veinte días repitiendo la cautelosa y sa- pasó e! día cazando. pientísima máxima: ¡En la duda, absA las siete regresó el Monarca á Palacio. En la cacería mató tres ciervos, tres venatente! x MANUEL TROYANO AUTELA. Ya tenemos cuanto hacía falta. Ya hay ministro de Estado. Ya debe de estar puntualizado el protocolo del viaje de D. Alfonso X 11I. Estas circunstancias traen á la memoria los recuerdos de otro viaje análogo: el de D. Alfonso XI á Berlín en i883. No se cuidó entonces el ministro de Estado español, personaje que aún ocupa puesto preferente en la política, de determinar bien las condiciones en que había de ser í ecibido el Rey de España. Esperólo, sí; en la estación de llegada, el victorioso emperador Guillermo 1; mas, al dirigirse á Ja población, el Kaiser subió solo á su coche; detrás marchó en otro carruaje D. Alfonso XI 1 con el Kronprinz, el malogrado pad- e del actual soberano de Alemania. Este asunto fue luego debatido en las Cortes, donde Castelar pronunció sobre ello un magnífico discurso. Hacía. preseníe el inmortal orador con su natur? grandilocuencia, exaltada por e patriotismo, que ningún representante de Ja Monarquía por poderoso que fuese podía prescindir de la Historia, la cual es el terreno donde afirma sus raíces esa institución. Y recordaba ia grandeza de la corona de España, que ¡levaba sobre sus sienes con orgullo Carlos V, cuando eran modestos vasallos de su colosal imperio los aníecebores de los reyes de Prusia, los margraves de Brandeburgo. ¿Al heredero de todas esas glorias monárquicas- -exclamaba el gran tribuno- -se le ha tratado en Berlín, como al Soberano de la ayer bárbara y hoy incipiente Servia! Aludía á que por extraña coincidencia había llegado el mismo día á Ja capital alemana el rey de Servia y había ido, cual D. Alfonso XII, en el séquito del Emperador acompañado de otro Príncipe de la sangre. El precedente es desagradable; pero no es para olvidado. Y menos debe serlo todavía el nombramiento de coronel del regimiento de Huíanos que estaba de guarnición en Strasburgo, ¡a ciudad más amada entre las perdidas por los franceses en la guerra de 18 jo; ni el regalo del uniforme confeccionado de antemano y presentado por el mismo Emperador; ni la intencionada petición de que ¡o vistiese desde luego D. Alfonso; ni el efecto causado en Francia por la noticia; ni el recibimiento en París, el cual, gracias á la serenidad y perspicacia del Rey de España no nos condujo á un íenible conflicto, bascado quizá como pretexto para abatir de nuevo á Francia, que visiblemente se reponía ya de sus enormes pérdidas. Los tiempos han cambiado. Los pro- ¡Tenorios (Don Juan) dos, en el Espa- ñol; dos, en la Princesa; dos, en Pnce; dos, en Novedades; dos, en Martín; total, ocho. Tenorios (Juanifo) dos, en Eslava. Novios de doña Inés: dos, en Lara. M hacéis de reir Don Gonzalo: uno, en Mar- tín. En resumen: trece golpes de Tenorio durante la jornada de ayer en los teatros de Madrid, sin contar los que se perpetrasen por Sociedades de aficionados, cinematógrafos, etc. Así se rindió culto á á la solemnidad del día y á jSanta Rutina bendita, que es la más venerada de Todos los Santos, cuya festividad hemos celebrado ayer. El viento fresco que sopló todo el día, haciéndonos recordar las dulzuras climatológicas de la Siberia, no fue obstáculo para que la gente acudiese á los cementerios, mucha de ella á derramar una lágrima por los fieles difuntos y á merendar alegremente después, rematando la tarde con un poco de baile y otro poco de esírépito vocal. Mándalo así la costumbre, y ¡as costumbres, aunque sean malas, hacen ley. Los estudiantes tuvieron otra reunión, y de lo que en ella se trató, dedúcese, para consuelo del vecindario, que el conflicto sigue en pie. -Continuó en proporciones alarmantes la lluvia de candidaturas para concejales, si rviéndonos de consolador regocijo, en día dos y once gamos. El ¡unes íavo el Rey otra cacería, acompa nado de! príncipe viudo de Asturias, los infantes D Felipe y D Raniero, los marqueses de laMina, Víana é Jvanrey, duque de Arión conde de San Román y D r Ledesma. Cobraron a enorme cantidad de 846 piezas, entre ellas 240 perdices y. un faisán. El Rey hizo primores con la escopeta; es decir, con las escopetas, porque su rapidez es tan asombrosa que lleva a! puesto cuatro de ellas. Claro es que no tira con las cuatro al mismo tiempo; tira con dos, ayudado por su habilísimo cargador; pero como dispara una cantidad enorme de tiros, con una velocidad vertiginosa, se calientan pronto las dos escopetas con que tira, y las cambia entonces por las otras que lleva á prevención. e paseo. S. M la Reina, SS. AA. la infanta doía María Teresa y el infante D Fernando de Bavíera, pasearon ayer por la Casa de Campo. X, ipj l viaje del Rey. Como ayer anunciábamos, S. M el Rey saldrá de Madrid hoy á las ocho y cinco de ia noche en el sudexpreso del Norte, dirigiéndose á San Sebastián, donde permanecerá día y medio, continuando después su viaje directo á Berlín. Las clases de etiqueta, de gentiles- hombres de Cámara con ejercicio y servidumbre, de mayordomos de semana y de gentiles- hombres de casa y boca, han sido citadas por la Mayordomía, para que se hallen en Palacio á las siete y cuarto de la tarde con objeto de despedir á S. M El uniforme será de diario. También han sido citadas por la camarera mayor ¡as damas de S. M la Reina. D X