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A B C L U N E S 3o D E O C T U B R E D E ioo5. P A G 6. E D I C I Ó N i. mayor parte de las expediciones de América y otras partes del globo; pero Inglaterra ha disminuido ahora sus importaciones, lo que ha dado por resultado hacer bajar sus stocks, pues el consumo ha seguido tan activo como siempre. El estado del tiempo se ha vuelto ahora más conforme con las necesidades de los campos. Es cierto que ha habido heladas, también algunas nevadas, pero nada de esto ha sido hasta tal punto grave que haya comprometido os trabajos de la sementera. LAS MUJERES DEL DÍA N MISA, EL La misa dominguera E DOMINGO tiene un carácter especial. En los días de trabajo, el templo es fácil á una observación pronta y rápida. Beatas, mendigos; alguna dama que en las penumbras del altar se abisma en contrición devota; tal cual pareja de novios que madrugan; la criada que, cesta al brazo, reza una salve á la Virgen de su pueblo; sacristanes llenos de splin; largos silencios toses con resonancias, el Hn- ín de las campanitas, el chisporroteo de los cirios. Penumbras, paz, sosiego. Los días de trabajo se va á misa por Dios, no por el prójimo- dijo en el siglo xvn el ascético Padre Vieremberg. La misa dominguera es de psicología complicada; tiene bullicios pecadores, y sobre el golfo de sus pompas retumba el anatema místico. Hablando de cómo ha de ir á misa la perfecta casada, dice el maestro Fray Luis: Pues digo que quiere Dios declarar en esto á las buenas mujeres, que no pongan en su persona sino lo que puede ponerse en el altar. El traje no se ha de cortar á la medida del antojo, sino conforme á la honestidad y vergüenza. Aquí señala Dios vestido santo para condenar lo profano. Dice vestidos, mas no diamantes ni rubíes; concede ropas, pero no permite rizos ni afeites... Y á ese tenor, el místico admirable llega hasta proscribir el peinado: cuerpo se vista, pero la cabeza no se encrespe, en pronóstico de su gran miseria. La higiene, pues, andaba preterida; bien es verdad que en aquel tiempo la higiene apenas se empleaba... Vengamos á lo de hoy. La misa dominguera lleva camino de ferial; si no es exhibición y escaparate, tiende á serlo; y aunque á mí el predicar me cansa- -no por moralidad, sino por estética, -pido para la misa dominguera más sencillez y menos similor, que es pedir elegancia y arte. Releyendo estos días á los místicos, he comprobado en Santa Teresa, y en San Juan de los Angeles especialmente, que todo el ascetismo se reduce á la sencillez. Sólo en las almas candidas se abre la bella rosa mística; sólo en vivir sin vanidad cabe la devoción á Dios. Así, la monjil toca, el hábito claustral modesto encarnan los ideales religiosos. ¿Por qué toda esta gente viene tan peripuesta aquí? Esta iglesia de San Pascual, con su atrio pobre, con su interior rural y en sombra, reniega de sombreros jaros, de espléndidas sortijas, de lujosos vestidos á lo reina. M e sitúo á la entrada y observo el alu- y del aprovechamiento de los guardias vión devoto. marinas confiados á su dirección en estos Es casi todo femenino y h- ay mucha viajes, no olvida ninguno de los muchos presunción en él. Las muchachas llegan á penosos deberes de su cargo en estas diprisa, prendiéndose el último alfiler, co- fíciles navegaciones. Como representante locándose el boa, abotonándose el guante de la nación española en los puertos extranjeros que el barco visita, corresaún. Entran por el cancil tumultuosas, como ponde con la brillantez y generosidad quien quiere que le miren, cuchicheando, propias de nuestra Marina á las atenciones sonriendo. El religioso ambiente á ci- de que son objeto los tripulantes de la rios se llena de perfumes sensuales; el JSautilus. El Sr. Márquez Solís tiene una alma se contrista un poco, mas el empe- honrosísima hoja de servicios: ha desempeñado en tierra cargos muy imporcatado corazón se alegra Una rubia gentil, grave y gallarda como tantes, y en la mar dio siempre relevanlas ideales dogaresas, ha penetrado ho- tes pruebas de pericia y un acendrado nestamente. Va á la pila y hunde su dedo amor por la prosperidad de su Cuerpo. señoril. El mojado guante deja en la Navegó por los mares Mediterráneo, frente pálida una gota. La gallarda se Atlántico N y S. mar de las Antillas, pierde en la penumbra. Es la sola mujer de China, Japón y Archipiélagos filipique vi serena; las demás, ó afectaban no y joloano, Isla de Cuba y costas de contrición burda, ó, francamente juveni- América del Norte. les, graciosa y leal mente flirteantes, volHa mandado varios buques y merecido vían maliciosas la cabeza. muchas recompensas. Fue comandante de Hay un frou- frou que cosquillea el la División naval de las Carolinas Occiánimo, y una matrona señoril adelanta dentales, y fue uno de los oficiales destiopulentamente. Es un crujir de sedas, nados al apresamiento del vapor filibusteun incensar de heno que atortolan. ¿Quien ro Virginius en la penúltima guerra cuguarda devoción así? Bien pudo esta se- bana. ñora dejar sus gallardeos para después. Deseamos á la Nautilus en esta nueva Pero no; ha de ser en misa, cuando ía expedición, en la que ha de recorrer los gente está en silencio, cuando el monago puertos Madera, Cabo Verde, Montetrae las vinajeras. En el preciso instante video, Buenos Aires y el Cabo, un magen que el sacerdote, entornando los ojos. nífico viaje y un regreso feliz. dice: Lavabo Ínter inocentes manos meas el circundabo altarem tuum, ha entrado esta señora taconeando gentilmente, alta h cara bajo el gran sombrero, encorsetada como para el teatro, perfumada como para un gran baile, llena de lujos y de oro, Guadalajara, 28 Octubre. llamativa y espléndida como una tenA las once y cuarto llegó á la estación tación... el tren conduciendo al ministro de La alegre mariposa campoamorina re- la Guerra y generales Gómez Pallete, vuela en torno á su descaro; sobre el de- Pintos, Ursucia, Orozco Chacel y Licer vocionario abierto, una flor seca dice, de la Torre. Esperaban su llegada la quizás, una dolora. Arrodillada junto á Academia d e Ingenieros, gobernador mí, su olor á heno me hace de cuando- civil, alcalde, Parque aerostático, los en cuando suspirar. Ella también, tam- alumnos de quinto año de la Academia bién suspira. Y su adorable mano breve de Caballería, entre los que se encuenpasa las cuentas de un rosario, sin rezar. tran los príncipes Raniero y D Fernan ¡Oh, misa dominguera! Renuncio á tu do de Borbón. Inmediatamente los genepsicología complicada. La señora se ha rales y la mayor parte del cuerpo de Inlevantado y va á salir. Es cosa de saber genieros de Madrid se dirigieron á la si por la calle va tan gentil y tan airosa- Academia de Ingenieros, en la que su mente... digno coronel Sr. Arias les ofreció un CRISTÓBAL DE C A S T R O banquete. Los alumnos de Caballería é Ingenieros marcharon al Parque aerostático, en donde se verificó una comida campestre en la que reinó el mayor entnsiasmo y -i a zarpado de El Ferrol la corbeta cordialidad entre los alumnos de ambas JVautilus para hacer un nuevo viaje Academias. A la una y media se presentó en el de instrucción con los guardias marinas Parque aerostático el ministro de la Guerecientemente embarcados en ella. Este viaje será tan interesante como rra, que fue recibido con verdadero los que la jNautilus lleva hechos, habien- entusiasmo, dirigiendo la palabra á los do merecido alguno de ellos el honor de alumnos presentes y manifestando su desti narrado en un libro amenísimo é ins- seo de que se realicen visitas frecuentes éntrelas Academias militares para fomentruLtivo por un bravo marino. En el viaje que ahora emprende la tar la unión y compañerismo de todos sus Nautilus, lleva de comandante al muy individuos. Poco después llegó al Parque, en auto ilustrado y pundonoroso capitán de fragata D Miguel Márquez Solís, que la ha móvil, S. M el Rey acompañado de S. A el Príncipe de Asturias y el infanmandado también en el último viaje. El Sr. Márquez es un jefe querido de te D Fernando de Baviera, y seguido cuantos navegan á sus órdenes. Cumplido del ministro de la Guerra y de todo el caballero v militar celoso de la disciplina elemento oficial se dirigió á la orilla del EL REY EN GUADALAJARA EL VIAJE DE LA NAUT 1 LUS Wll llHIÍ: lll l i l i III