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ABC. L U N E S 3o D E O C T U B R E D E i 9 o 5 P A G 4. E D I C I Ó N dispuesta á levantar barricadas; de la guarnición hay absoluta confianza en la artillería, los ingenieros y la Guardia civil; se duda de algunos cuerpos de infantería, y se desconfía por completo de la caballería, entre la que goza de gran prestigio el caudillo pronunciado. La Junta de autoridades decide evitar un choque á la vista de la capital, y al efecto dispone: que desde el Puente de Viveros á Vallecas defiendan el acceso á Madrid las tropas de más confianza (en las maniobras son fuerzas supuestas) que avancen á impedir el paso del Jarama al N del citado Puente cuatro regimientos de infantería, un regimiento de caballería, dos baterías de artillería y tropas de ingenieros y administración (ó sea la 1 a división orgánica) Al general jefe de esta división se le hace saber que una brigada de caballería pronunciada ha llegado á Alcalá de Henares y trata de pasar el Jarama y entrar en Madrid para provocar el levantamiento popular. Hasta aquí el supuesto; en su desarrollo ocurrió que la división que defendía el Jarama se vio sorprendida á primera hora por la noticia de que la caballería pronunciada había pasado el río por el puente de Algete (algunos kilómetros al Norte de su extremo flanco izquierdo) y merced á una marcha, en parte nocturna, de treinta y cinco kilómetros, estaba ya á las puertas de Madrid. De seguir el supuesto táctico- histórico, debiera haber habido barricadas en la capital y caída del Gobierno. Esto último dicen que acaso ocurrirá; lo otro no podía hacerse por respeto á Loubet. V ahora, querido amigo, hará usted muy mal si toma á broma mi explicación; sólo ella aclara tres rasgos decisivos de lo que sucedió á orillas del Jarama, inexplicables en la estrategia moderna. N o pasó el río á vanguardia, y se estableció por lo menos á la altura de Algete, Cobeña, etc. la caballería divisionaria, porque dado el supuesto histórico, no había confianza en ella; hoy sí la habría, y habría ella cumplido su principal y casi única misión de explorar. N o se extendió lo necesario la división de infantería porque hacia i85o el fusil liso de pistón no permitía á ochenta ó cien hombres de infantería atrincherados contener á una brigada de caballería; con el maSser, ó íusil equivalente, pequeños grupos de infantería japonesa han impedido á la caballería rusa de Mitschenko y Griddemberg hacer daño á retaguardia de! frente de operaciones. La brigada de caballería pudo marchar á la ligera y sin artillería y sin impedimenta, poique no llevaba la misión moderna de cortar vías férreas, incendiar ó saquear almacenes defendidos; iba á una misión arcaica, ó sea al acto catalítico deprovocarunasublevación. Después de todo, este atavismo (involuntario) en unas maniobras, no es más que una muestra del espíritu que aún. domina en nuestros organismos militares; claro es que ya no piensan en pronunciamientos, pero se les hace vivir como si pensaran. Suyo afectísimo s. s. JENARO ALAS i. ai cabo de un rato, nuevamente se escucha la delicada y vieja cadencia: Le cceur de ma mié est petit tout peni, peüt... Terminada la canción, Mad. Du Gast, volviéndose hacia mí, me dice: ¡Quién pensará que en este instante pódenos matarnos! Y con gracia sin igual, mirándome con sus- íjos verdes, con sus ojos grandes, con sus hermosos ojos empequeñecidos por las lentes de miope que tienen sus gafas de carreras, añade riendo: -Y si nos matásemos, ¿usted que diría? Seguimos por la carretera d Extremadura con gran velocidad. Cerca de uno de los infinitos pueblos que cruzamos y manchando la albura del camino, se destaca una mancha negra que avanza hasta nosotros. Nos detenemos. Vemos pasar por nuestro lado un fúnebre cortejo; el ataúd negro, con rebordes blancos, es transportado por cuatro rudos campesinos que caminan llorosos... En JVlaqueda tomamos la carretera de T o ledo, y ya cerca de la imperial ciudad, cuando la velocidad del coche es de unos 8o kilómetros próximamente, á unos 20 metros de la casa de un peón caminero, un muchacho que tranquilamente está sentado al borde de la carretera y cuando nosotros, con la considerable velocidad que llevamos, pasamos muy cerca de él, se cruza en el camino. Se nos escapa un grito de terror. La valiente chauffeure se juega la vida y juega la nuestra también por salvar la del niño. Da freno al automóvil, y, al parar en seco éste, gira á la derecha, quedando en sentido perpendicular al camino y empotrado en la cuneta. Todos caemos; Mad. Du Gast se hiere en la rodilla derecha con las palancas del freno, y en la izquierda con volante de dirección. Gómez Carrillo cae cerca de ella, y yo, cuando me incorporo, con el cuerpo dolorido, no me doy cuenta de lo que acaba de sacedernos. Poco á poco van llegando hombres de! campo y de la ciudad, que nos ayudan á levantar el automóvil. Me felicito de que nuestro coche no hubiese dado muerte á este chico travieso que se puso á nuestro paso, y me felicito por su madre, por él y porque, de suceder la desgracia, no hubiese podido oir más, pronunciada por los rojos labios de M a d Du Gast, esa vieja canción francesa: Le cceur de ma mié est petit, toui petit, petit... E. NIETO i Igo se ha conseguido con la visita de Lou bet, y mucho ha hecho la convivencia que, como buenos camaradas, se estableció entre periodistas franceses y españoles para mejorar el concepto qfre de nosotros se tenía al otro lado de los Pirineos. Las impresiones transmitidas á los periódicos franceses por sus representantes, en general han sido justas y poco fantásticas. Por esta vez no asomó la navaja por debajo déla licra de las españolas, ni las duquesas se arrojaban ai redondel á dar besos á los matadores, ni los ministros iban á la grupa de los picadores camino de la Plaza, ni se ha bailado el tango en el Español después de una obra- clásica. Hemos mejorado de pandereta. Pero no obstante, La Liberté asegura que las madrileñas se disputaban- los- besos de los coraceros franceses que, invitados por el Rey, han asistido á las fiestas en honor del presidente de la República francesa. Besos que eran, según dice La Liberté, un premio al heroísmo que demostraron la noche del atentado en París á la salida de la Opera. No faltaba para la mejor composición de esta acuarela más que un detalle: que estas expansiones amorosas de las madrileñas tuvieran como fondo la vista de la Fábrica de Tabacos y que de la multitud se destacase alguna impetuosa cigarrera, vestida de medio paso y calañés, que bailara una danza sicalíptica y cndulante para seducir al capitán Schneider. Y estábamos en plena obra de Merimée, con diferente reparto de papeles. Estos nuevos coraceros de Carmen se habrán dolido de que no fuese verdad tanta belleza. Porque es muy posible que el capitán Schneider, flamante D. José, hubiese perdido la cabeza ante una provocativa habanera y al calor de los besos de una nueva Carmencita. Y una vez enamorado y rendido, EscamiUos de invierno, no habían de faltarle. En fin, debemos felicitarnos de que esos besos no hayan sido otra cosa que un fantástico apunte para la vitela de un abanico con los colores nacionales. Las que han sentido mucho que este número no se haya efectuado, son unas amigas mías privadas de toda gracia de la naturaleza y tan feas, que hasta los niños de pecho, al mirarlas, sueltan la ubre generosa y rompen á llorar. Y como el pudor quedaba á salvo y los be sos no eran otra cosa que homenajes, las seño ritas de mi cuento se levantaron ayer muy di ligentes, preguntando con aparente timidez: -Mamá, ¿es hoy cuando tenemos que besar á los coraceros francesesl ¡Qué trastornos ha podido causar nuestro colega La Liberté! Luis GABALDÓN Jttadrid, 27 de Octubre de igo 5. UN NAUFRAGIO POR TELÉGRAFO ¡querido genera y antiguo compañero: Aprobará usted que no! e haya dado gusto escribiendo estos días algo sobre las maniobras del Jarama; había que dejar marchar á los huéspedes con la impresión estética de la revista de Carabanchel. Ahora estamos en familia, y digo que todas las discusiones sobre si lo otro fue así ó fue asá, proceden del desconocimiento del famoso supuesto táctico; yo estoy en el secreto, y ya verá usted que no hay discusión posible. 1 a acción se supone en ¡a época de T o rrejón de Ardoz y Vicálvaro. La guarnición de Zaragoza se ha pronunciado y viene sobre Madrid con su capitán general al frente. En la capital hay gente IQilbao, 29, 2 t. Se sabe que el vapor nauJ? -fragado á dos millas de Heligoland es el Zuvia, de este puerto. Procedía de la Argentina, venía á Bilbao y han perecido el capitán, un piloto y seis marineros, salvándose 21 -7 eran. ECOS ACADÉMICOS e aquí el programa de la velada necrológica á la memoria de D. Francisco Navarro Ledesma, presidente de la sección de Literatura, que se celebrará el viernes próximo, á las nueve y media de la noche. Primera parte. D. Luis de Terán, presidente de la sección; D José Ortega Munilla, D Mariano de Cavia, Azorín, D. Enrique de Mesa, D José Francos Rodríguez. Segunda parte. Versos de los Sres. D José