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A. B C DOMINGO 29 DE OCTUBRE DE c o5. PAG. 10. EDICIÓN LAS CONSULTAS La crisis y Montero Ríos. ranscurrió la tarde de ayer sin que la crisis avanzase un solo paso. El Sr. Montero Rios, al dirigirse al Consejo de Estado, que se reunía en pleno, dijo á los periodistas que no tenía necesidad de consultar con ningún otro personaje del partido mientras éstos no concurrieran á Palacio. Entretanto, el Sr. Montero Ríos se había dedicado durante- la mañana á sondear el ánimo d, e algunos prohombres para ver si podría contar con su apoyo. esas legítimas de que hablaba anteriormente. -De ninguna manera- -replicó el interpelado, -porque para eso mandaría yo también mi representación al Ministerio. Soy ya muy viejo para no ser formal, y por consecuencia, si no constituyo el Gobierno como he prometido al Rey, me marcharé á mi casa. Y se separó de nuestro lado. Hablando con Sánchez Román. l ministro de Estado dimisionario estuvo ayer tarde n Palacio. Su presencia K ¿mó la atención de los periodistas. -No vengo aquí- -dijo- -porque me hayan llamado, sino porque tengo pendientes de resolución algunos asuntos de mi departamento. Interrogado acerca de la crisis, manifestó que ésta no tenía razón de ser. Porque no puede a! cg? rse como fundamento serio que existan d e n l o del partido liberal grupos diferentes, pues esto siempre ha su; edido y jamás ha motivado una crisis tal faita de homogeneidad. Además, el Sr. Montero Ríos sabía ya cuando se hizo cargo de! poder, lo que ahora parece haberle decidido á reformar el Gabinete. Agregó que, a tratar de la crisis en Consejo, el fue también quien primero presentó la dimisión de una cartera que ya me pesaba demasiado- -dijo sonriendo el Sr. Sánchez Román. -Pero de estas y otras cosas me reservo el derecho de hablar en el Parlamento en ocasión oportuna. s E que, como nemos dicho, de la actitud del segundo de dichos señores, depende principalmente la solución de la crisis. El Sr. Moret manifestó á su visitante que considera imprescindible su continuación en la Presidencia del Consejo, según había expuesto poco antes al Rey, y el Sr. Montero Ríos le rogó á su vez que formase parís del Gobierno que pensaba constituir. Ambos guardaron absoluta reserva acerca de este punto, pero el Sr. Montero Ríos, al salir para su domicilio, parecía bastante com placido. A las once de la noche se retiró el Sr. Montero Ríos á descansar. ün detalle del Consejo. p o m o muy válido corrió ayer un detalle de lo sucedido en el Consejo en que se planteó la crisis. Es el siguiente: Según se decía, antes de separarse los ministros dimisionarios hubo uno que propuso á sus compañeros juramentarse para no aceptar ninguna cartera en el nuevo Gobierno que se formase, sí no estaba presidido por el señor Montero Ríos. Esta proposición no faé aceptada. Las consultas. las seis de la tarde empezaron en Palacio a s consultas de los personajes que habían sido citados con tal objeto por S. M El general López Domínguez. p l primero en acudir al Regio Alcázar fue el presidente de! Senado. El general López Domínguez, al salir fue interrogado por los periodistas. He aconsejado al Rey- -dijo el genera -que continúe en el poder el Sr. Montero Ríos. Éste, en efecto, tiene una mayoría que le es adicta; lógico es, por tanto, que no tenga dificultades para gobernar; y siendo así, debe el Sr. Montero Ríos aprobar los presupuestos, legalizar la situación económica, y una vez conseguido, abandonar si quiere el Gobierno; pero de ninguna manera antes de realizar tai empresa. Más visitas. yer tarde estuvieron en Palacio, conferen ciando con S. M el Rey, el ministro de Marina y el Sr. Aguilera (D. Alberto) LOS PAJMEROS R U M O R E S Dolorosa impresión produjeron los rumores que ayer al mediodía empezaron á circular por Madrid acerca de la pérdida tota! de un buque de nuestra ya exigua escuadra. La falta de noticias en los primeros momentos y la exageración inevitable de las que circulaban de boca en boca, causaron grandísima alarma en todas partes. Luego se supo que, aun siendo muy dolo rosa la pérdida para nuestra marina de guerra, no había que lamentar desgracia personal alguna, y esto tranquilizó bastante los alarmados ánimos. EN EL MINISTERIO DE MARINA E! ministro de Marina recibió la noticia hallándose despachando con su secretario. Un oficial entró, pálido y desencajado, en el despacho del Sr. Villanueva, y dijo éstas ó parecidas palabras: ¡El Cardenal Cisneros, hundido, señor ministro! Y le entregó un telegrama en el que se daba cuenta del desastre. El Sr. Villanueva envió inmediatamente re cado á Palacio para poner á S. M al coi ríente de lo que ocurría. Esto era á la una menos cuarto; el Rey ha bía salido para Guadalajara á las doce y veinte, y entonces el Sr. Villanueva telefoneó á Gua dalajara. Recibió la comunicación el coronel Sr. Ripoliés, y se la trasladó á S. M que estaba algo distante. S. M la Reina se afectó mucho al conoce la noticia, y lamentó conjrases muy conmovedoras la desgracia. E ¡Rey montó en el automóvil del marqué de Viana con los infantes D. Fernando, don Carlos y el marqués de Viaaa, y se encaminó rápidamente á Madrid. Esto era á la una y media, y á las cuatro j media deteníanse ios augustos expedicionarios en la puerta del ministerio de Marina. S. M subió apresurado la escalera sin qut nadie tuviese tiempo de reconocerle en los primeros momentos y entró directamente en el despacho del Sr. Villanueva. ¿Hay desgracias? -preguntó jadeante. E! ministro le manifestó que por fortuna J según los telegramas recibidos, se sabía que toda la dotación del buque se había salvado. D. Alfonso deploró la desgracia, marufes íándose muy contrariado por ia merma impor tante que hacía en la escuadra la pérdida de buque de tanta valía como el Cardenal Cuneros. Luego estuvo con e! ministro consultando en el mapa la situación peligrosa de los bajo Meixides y recordó las muchas desgracias y naufragios ocasionados en dios. Demostró conocer muy b en aquellos lugares navegando por los cuales pudo convencerse de lo ingratos y expuestos que son. Ei Rey oermaneció una media hora acom Moret 3 Ca aíejas y Vega Ariíiijo. AL yer tarde celebró en el Congreso una con rencia el Sr. Moret con el marqués de la Vega de Armijo. En la entrevista parece que trataron de la constitución de un Gabinete del que formase parte el Sr. Moret, pero negóse en absoluto á lo que de él solicitaba el presidente del Congreso, pues si hien e haiia dispuesto á prestar su apoyo á cualquier Gobierno que presida el Sr. Montero R; os, no estaba decidido, j asta entonces (y decimos hasta entonces, porque luego parece que ha cambiado de modo de pensar) á prestar su concurso personal Terminada esta conferencia, celebró el ril ¿trqués otra con el Sr. Canalejas, y según nuestras noticias, tuvo e! mismo resultado. Ambos exmimstros, hablando más tarde con los que ¡es interrogaban acerca de su actitud en esta crisis, no ocultaban su extrañeza por lo sucedido, que, si como afirma el Sr. Montero Ríos, nació de un consejo, no puede negarse que este es consejo... interesado. Y algunos maliciosos creían ver en estas palabras una alusión al Sr. Puigcerver, único prohombre que ha podido aconsejar la reorganización del Ministerio al Sr. Montero Ríos. El marqués de la Vega de Armijo í firmó que este era un conflicto inexplicable, una crisis absurda, sin razón de ser. De todas suertes, puede asegurarse que su consejo coincidió con el del general López Domínguez; es decir, la continuación de Montero Ríos en el poder. El Sr. nftoret. 3 las ocho y medía de la noche salió el se ñor Moret de las habitaciones del Rey y se dirigió á su coche rápidamente. Ya en el carruaje, acercáronse dos periodistas, interrogándole concretamente acerca del consejo que hubiera dado al Rey. -Un Gabinete Montero Ríos- -dijo por último, -con mi apoyo incondicional. ¿Y personal también? -volvieron á preguntarle. -Todo, todo- -añadió el Sr. Mcsret al tiemp o de alejarse de sus interpelantes. Montero Rios. Lo que dice Remanones. L yer por la mañana hablamos con el conde de Romanones en su despacho oficia! Díjonos que la crisis se habrá resuelto segur? mente e! ¡unes por la mañar- a y que si en el Gobierno nuevo se! e ofrece otra cartera no la aceptará, pues no quiere dejar de ser ministro de Fomento. No es cosa- -añadió- -de que pierda el capital que suponen cuatro meses de incesante trabajo en mi departamento. Si el Presidente no estuviera conforme con esta pretensión mía me retiraría de! Gobierno. Montero Ríos y i i o r e l u a n d o salió de Palacio el Sr. Montero Ríos se dirigió a! domicilio de! Sr. Moret, celebrando ambos una detenida conferencia, á la que se gtribuía importancia, puesto n cuarto de hora después salió el señor Montero Ríos. -S. M. -dijo- -rae ha encargado de formar fSobierno con los representantes legítimos de lias mayorías. Voy, pues, á intentarlo, pero no respondo de conseguirlo. De todas maneras- -agregó- -nada se perdería, pues al fin y al cabo, ni Papa que nos excomulgue ni Gobierno que nos mande, nos ha de faltar. ¿Tendrá usted ya mañana la lista del nuevo Gabinete? -le preguntamos. -No puedo afirmarlo, porque tampoco es seguro que esta noche realice algunos trabajos para su formación. 1 Otro periodista que se hallaba en el grupo, preguntó al Sr. Montero Ríos si admitiría en el Gobierno representaciones que no fuesen O