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A B C. DOMINGO ao DE OCTUBRE DE ipoS. PAG. 7 El. CRUCERO ACORAZADO CARDENAL C 1 SNEROS PERDIDO AYER MANftNA EN LOS BAJOS ME 1 X 1 DES, CERCA DE MUROS DÍAS DE CRISIS os días de crisis tienen en Madrid un carácter muy especial: animan de un modo extraordinario los círculos políticos; llevan la inquietud y la zozobra á muchos hogares; tristezas y desalientos en los que caen; esperanzas y alegrías en los que anhelan subir, con desencadenamiento, en fin, de pasiones y pasioncillas que salen á la superficie, coreado todo por los reporters que buscan con anhelo noticias, y por los bolsistas que esperan con ansiedad impresiones para organizar sus iugadas. El poder, con muy contadas excepciones de hombres eminentes que le han disfrutado muchas veces, se abandona siempre con pena. El ministro no lo es él sólo; lo son también su esposa, sus hijos, sus parientes, los amigos que forman su círculo íntimo y el coche con los servidores de sombrero con galón dorado; las facilidades que aquí obtiene para todo el que manda; las ventajas de que disfruta, constituyen una atmósfera de delicias á la que se renuncia con pena. Ñ o hay político que no crea, cuando se le nombra ministro, que se realiza con él un acto de justicia, que se le concede por fin lo que hacía mucho tiempo que se le debía, y cuando cae, se considera despojado inicuamente de lo que indiscutiblemente le pertenecía. No hay que hacer caso de los Consejofo- s de 3 a Corona que dicen eme tenían mucha gana de abandonar el Ministerio para irse tranquilamente á su casa. El único político sincero fue D. Agustín Esteban Collantes, cuando dijo una vez en el Congreso: -Sólo una vez he sido ministro, y dejé la cartera porque á mí, como á todos mis compañeros de Gabinete, nos echaron á tiros, si no la estaría desempeñando todavía. La actual crisis no puede ser más inoportuna. Viene después de unas fiestas que han ocasionado muchos gastos á los que tienen posición oficial, y á principios de estación, cuando se está en pleno arreglo de la casa y renovación de la indumentaria para la temporada de invierno, y la señora y las niñas, que se habían acostumbrado al coche diario y á todas horas, los niños, que iban muy á gusto al colegio con los hujieres de uniforme y los criados que echaban al entrar y al salir un párrafo con la pareja de orden público estacionada en el porta! todos se consideran despojados con la inoportuna crisis, y el jefe de la familia, el ministro, que bien á pesar suyo se ha visto obligado á dimitir, tiene que oír en su propia cara indirectas que aumentan sus disimulados pesares. -Ya decía yo que esto no podía durar mucho tiempo- -murmura la esposa. ¡Cómo se reirán ahora las de Gómez que nos tenían tanta envidia! -dicen las niñas. ¡Otra vez á pie! ¿Y quién sabe si ahora nos invitara la marquesa? ¡Para qué nos habremos hecho los vestidos nuevos! -Y á Enriquito no se le ha dado la credencial. -Ni se ha complacido á los de Retamar en lo que pedían. -Mira cómo Fulano se queda en el Ministerio. -Para ese no hay crisis. -N o si tú has de ser siempre un candido. Estas y otras lindezas tiene que oír el desdichado ex, mientras vuelve áembutirse en la bata casera y se calza las zapatillas que no han de pisar alfombras ministeriales. En cambio, qué alegríaenla casa donde sonríe la esperanza. El portal del Príncipe en el Real Palacio, el de la Presidencia del Consejo en la calle de Alcalá, la Central de telé fonos, el salón de conferencias del Congreso, son los centros de animación estos días en que circulan bolas más grandes que las del puente de Segovia, y en los que se ponen en circulación soluciones para todos los gustos. UN MADRILEÑO Esperando á Loufoet. ITJans, 28, 2 t. Circula en Berlín el rumor de que Tattenbach saludará á Loubet á la vista de Gibraltar al mismo tiempo que e! el almirante inglés lord Beresford.