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A B C. JUEVES 26 DE OCTUBRE DE iOo5. PAG, ib SALIDA DE LOS PERIODISTAS POR TELÉFONO En las esferas oficiales témess que esíajie una sangrienta revolución. POR CABLE Y TELEGRIFO EMBAJADOR DE ESPAÑA EN ROMA J oma, 26, 9 m. El nuevo embajador cerca del Quírinal, señor duque de Arcos, ha llegado á esta capital. las cuatro bajó el Sr. Moya á la estación con objeto de despedir en nombre de Ja Asociación de la Prensa á los periodistas extranjeros. Son éstos la mayoría de los que vinieron á Madrid con motivo de la visita de M r Loubet. En la estación reinaba bastante animación; el tren especial dispuesto para los periodistas constaba de seis unidades: un coche- salón, tres de primera y dos furgones. Españoles, viajan: Eduardo Muñoz, por Jmparcial; García Plaza, por el Heraldo; Campúa, por Nuevo Mundo; Ramírez Tomé, por ABC. A despedir á los viajeros acudieron varios periodistas, y vinieron algunos compañeros de Portugal para acompañarlos durante el viaje. El tren salió á las cuatro y veinticinco minutos. Al partir e! tren se dieron ¡vivas! á España, á la Prensa francesa y á la española. A POR TELÉGRAFO an Petersburgo, i5, 12 n. Ha comenzado la huelga general de ferrocarriles. Las pocas estaciones que están todavía abiertas son dirigidas por oficiales del Ejército. Los soldados conducen los trenes. Una enorme masa de obreros que se dirigía á la ciudad en busca de trabajo, ha sido detenida en el camino. A consecuencia de la huelga el servicio de Correos es deficientísimo. Todas las estaciones de ferrocarril de San Petersburgo, así como las fábricas de Putilof, Koipino, Alexandrovsky y Necosky, están cusI A FIESTA AEROSTÁTICO- todiadas por ¡a tropa. L AUTOMOVILISTA La agitación crece por momentos y nótase gran intranquilidad en la población. Los porA las tres de la tarde se nos comunica e! siteros de las casas han recibido orden de cerrar guiente aviso: los portales antes de anochecer. Por acuerdo del jurado, teniendo en cuenta Están detenidos varios trenes que conducían la consulta hecha al Observatorio Meteorolóheridos y repatriados; en Moscou hay 5oo engico, se ha suspendido la fiesta aerostático- aufermos en situación lamentabilísima. tomovílista. Numerosas patrullas recorren las calles; los La operaeión de inflar los globos era expuescomerciantes temen que sus establecimientos ta á ocasionar desgracias por causa del vensean saqueados por el populacho. daval. El día en que haya de efectuarse será aviLos viajeros detenidos en las estaciones sado oportunamente por medio de la Prensa. acampan en los vagones, siéndoles sumamenFirmado: El marqués de Yiana. -El Uniente te difícil proveerse de alimentos. coionel Vivesy S P a r í s 25, 12 n. Telegramas cifrados que se reciben de Rusia, dan cuenta de que las ciudades de Moscou, Varsovia, Karkoff, Ekaterinoslaw y otras, parecen campos atrincherados. Durante la noche reina en eilas obscuridad completa, y son rarísimos los transeúntes que se arriesgan á circular por las calles. Desde las ocho- de la noche las patrullas recorren los barrios, y á cada instante se oyen detonaciones. El aspecto de aqueiias ciudades es siniestro. La situación es muy crítica y debida al movimiento político, no al económico corao en un principio se creía. En las esferas oficiales se teme que la revo lucíón latente estalle con furia irresistible. En Moscou la carencia de leche es tal, que no la hay ni para los niños. Los precios de la carne y de ¡a manteca son fabulosos. Los viajeros de las estaciones próximas que tienen precisión de ir á Moscou, llegan á pie. Constantemente se celebran mítines tempestuosos, violentos, revolucionarios. La policía permanece pasiva, considerándose incapaz de dominar la situación. Créese que de un momento á oíro se realizará la clausura de las farmacias. En Varsovia está interrumpida 5 a circulación de trenes. Todos los ferrocarriles de Polonia han suspendido el servicio, excepto la iínea de Vieisa. En Ekaterinoslaw, los cosacos dispersaron á latigazos un mitin de estudiantes. La multitud levantó barricadas, y desde eilas resistió los ataques de ¡a fuerza pública. Hubo numerosos muertos y heridos. ÍPOBRE MUÑECA! 77 CUENTO NORTEAMERICANO, POR MARIETA MARCOVIES JC 1 ntre grupos de palmeras y rodeada por un frondoso bosque. de laureles y algarrobos, estaba situada una granja de regulares dimensiones, no muy lejos de! golfo de Méjico. Rosales, madreselvas y enredaderas de diversas especies cubrían con su tupido ramaje las ventanas, provistas de celosías, y otras plantas de la espléndida y variada vegetación tropical subían por los muros hasta cubrir el tejado de la casa, ia cual, con este adorno que la Naturaleza espontáneamente le prestaba, ofrecía un aspecto que no podía ser más pintoresco. Desde un pequeño torreón, que más que para adorno y em bellecimíenío, había sido construido con propósitos de defensa, se divisaba un panorama verdaderamente delicioso y encantador Por la parte Sur extendíase en una extensión de varias leguas la inmensa superficie azul del agua, tersa y transparente como un espejo, hasta que de repente y en un punto dado, aquella tersura se transformaba en violencia y agitación al batir con atronador estrépito las olas del mar contra las escarpadas rocas de la costa. En dirección opuesta se contemplaba frondosos bosques de frutales y pequeños islotes, que por su tinte rojizo se destacaban como grupos de corales del fondo del mar, y en lo último del paisaje enormes masas de abruptas rocas de color gris, exentas de toda vegetación y bañadas por el ardiente sol, las cuales descendían en rápida pendiente hacía el mar que se estrellaba en penachos de hirviente espuma al chocar con sus partes salientes. El sol se ponía en aquellos momentos; tintes siniestros violeta y escarlata comenzaban á extenderse por el firmamento, y esa melancólica y vaga semiobscuridad del crepúsculo invadía ya á los lejanos bosques, hast? confundir sus líneas con la del horizonte en la misteriosa penumbra de las primeras horas de la noche. Claudia se había vue to hacía la niña con una noble expresión de severidad en su rostro; el padre quiso evitar una escena de familia ante un extraño y al mismo tiempo no mostrar indulgencia culpable para con! a irrespetuosa niña. ¡Qué mal genio tienes hoy, criatura! -dijo gravemente. -Bueno, bueno. ¿Vienes? -replicó Angela. -E! coche espera y no habrás olvidado que hoy me perteneces todo e ¡día. Quisiera ir á ver la sepultura de mamá. En cada una de sus palabras se manifestaba su intención agresiva para Claudia. Boucharaont se levantó, se despidió y salió con su hija. Cuando oyó el rodar del carruaje que se alejaba, Claudia se acercó á mí y con la voz ahogada por la emoción me dijo: -No me oculte usted nada. ¿Se ha matado por mí? -No, no se ha matado. ¿De qué ha muerto? ¿Es cierto lo de ¡a enfermedad? -Sí, es cierto. Le conté sumariamente los incidentes di la catástrofe. Ella lloraba en silencio. -Murió en mis brazos, muy triste por no haber podido estrechar entre los suyos a! objeto de sus ensueños. Maldecía, y yo también, la crueldad de la suerte que le arrancaba á la vida en plena juventud, en pleno éxito, en el momento en que iba á volver á ver á usted, á realizar su aspiración de enamorado. Al reflexionar en la pena que hubiera tenido al llegar á esta casa, comprendo que Dios, misericordioso, ha anticipado su fin. Ha muerto en la ilusión del amor y hubiera vivido en ia desesperación del eng... del abandono. ¡Qué cruel es usted! Su voz y sus lágrimas me reprochaban elocuentemente el rigor de mis palabras y me pedían compasión. Arrastrado por mi ruda carrera, he tenido muy pocas veces ocasión de trabar amistad con mujeres, y no tengo la costumbre de advertir los cambiantes matices que agitan un corazón de parisiense de fina raza y educación sutil; pero comprendí perfectamente la muda expresión de aquella mirada dulce y afligida