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A B C MIÉRCOLES 25 DE OCTUBRE DE i 9 o5. PAG. io el pobre cliente ha de contentarse con lo que le sirvan. Los críticos de todos los países, al leer estas cosas, exclamarán elevando las manos al cielo: ¿Adonde vais, si la jurisprudencia de M r Antoine prevalece y se pone de moda? En efecto, ¿adonde vais? ó mejor dicho, ¿adonde corréis? Corremos á unos tiempos en que no se podrá criticar un libro, ni un cuadro, ni una comedia, ni un acto, ni un actor, porque todo será motivo de comercio, y á título de comerciante, el hombre será sagrado... en Francia. F. MORA zo por esas calles a aumentar con mí llanto sa humedad reinante. ¡No ha de darme pena contemplar la perca lina hecha una sopa y la estearina con más agua que todas las tabernas y lecherías juntas! ¡Qué falta de previsión! Si en lugar de ensayar un desfile y preparar una corrida de toros hubiéramos dispuesto una naumaquia en Carabanchel y unas regatas en la Plaza para el día de ayer, las fiestas acuáticas hubieran resultado primorosas. Por algo el programa que se repartió estos días llevaba al respaldo el anuncio de una compañía de esponjas. Mas como nunca llueve á gusto de todos, mientras gozan los acuarelis tas, rabian los fotógrafos. Uno de ellos me de cía anoche para pintarme su desolación: ¡Calle usted, por Dios! Aquí me tiene us ted hecho una placa. Ayer me impresionaron, y hoy al baño. Y el hombre se rebelaba, con b CARLOS LUIS DE CUENCA f na querella entre el célebre actor Antoine, director del teatro que lleva su nombre, y el notable crítico del Echo de París, Nion, está siendo motivo de los más sabrosos comentarios. Antoine se niega á invitar al crítico al estreno de las obras porque los juicios críticos que publica en el gran diario le causan perjuicios. Nion ha sometido el caso al fallo del Cercle de la Critique. Posible es que la paz de la república de las letras sea turbada; que la querella degenere en conflicto; que la crítica solidarice con el adversario de Antoine, y que con éste hagan causa común los directores de los demás teatros. Hasta que la paz ó la guerra sea declarada, oigamos las razones que el flamante director alega en defensa de su causa: Los críticos- -dice- -vienen al teatro en calidad de invitados; por tanto, tengo el derecho de suprimir los convites que se me antojen. A esta opinión, hasta cierto punto racional un periodista ha argumentado: Es decir, que usted no tiene derecho á quejarse de los juicios que pueda publicar un crítico que ha pagado su butaca. Y Antoine replica: Siendo mi negocio una empresa comercia! la ley me autoriza á llevar ante los tribunales á todo crítico que con sus apreciaciones pueda causar perjuicios á mis intereses. Actualmente el crítico es un convidado; por tanto, puedo expulsar al anfitrión que me molesta... Y el día que venga como cliente, tendré derecho á querellarme como comerciante. M e encuentro en el mismo caso que el dueño de un reslaurant. ¿Acaso el pago del almuerzo da derecho á publicar que nos ha envenenado? N o pues tampoco con el pago de una entrada de teatro se adquiere la facultad de publicar que el espectáculo es detestable... que el espectador ha sido envenenado. ¿Cómo tomarán los críticos esas singulares declaraciones? La teoría de monsieur Antoine podrá, en rigor, no interesar más que á la crítica. Sin embargo, su tesis va más alta y nos abre toda clase de horizontes y de perspectivas extraordinarias. Admitamos esa asimilación y consideremos á M r Antoine como dueño de un restaurant de moda. ¿Por ventura, si la chuleta servida á su cliente estuviera, por ejemplo, ahumada, no se apresuraría á ordenar que se sustituyera por otra falta de todo defecto? ¿Acaso negaría una segunda botella de vino, si el primero tuviera el desagradable sabor del corcho? H e ahí una cosa que jamás hemos visto en el teatro. M r Antoine, cuando un acto es malo ó cuando una escena sabe á corcho, ¿lo reemplaza con otro? N o Ni yo creo que pretenda hacerlo. En ese caso, el teatro de M r Antoine no es comparable de ningún modo á un restaurará medio decente; y de existir alguna analogía, habría que asimilarlo á una modesta casa de roiniHas ó á un misero figón, en aue ACUARELA omo para los extranjeros lo más interesan te que tiene un viaje á España es la nota de color, la atmósfera, que tan secamente trata á los agricultores españoles, ha regalado una acuarela á nuestros ilustres visitantes. La decepción de éstos será grande. El hermoso cielo de España, de color de plomo; el sol brillando por su ausencia; la lluvia cayendo á cántaros. -Pues no crean ustedes- -les decimos para consolarlos; -hasta el mismo momento de llegar ustedes ha estado haciendo un tiempo hermosísimo. Y sólo por cortesía dejan de contestarnos con las palabras de nuestro Fernando VI al cosechero famoso: -Pues guárdenlo ustedes para mejor ocasión. No lo tomen á mala parte los desilusionados viajeros, porque todo ello está inspirado en el mejor deseo de agradarles. Con el tiempo les ha sucedido lo que á su compatriota de la comedia de Bretón de los Herreros que llega á Cartagena deseoso de conocer las cosas de España, y desde el traje de su novia hasta el guiso de sus comidas todo lo encuentra á la francesa. Aquí somos así: tan modestos, que no nos parece que estamos decentes con nuestras ropas y nos vestimos copiando los figurines que nos envían. Madrid con sol nos parecía cursi, y lo hemos hecho lluvioso para más etiqueta. Pero esto, como aquí decimos cuando nadie nos oye, ¡cae por fuera! ALEMANIA Y JAPÓN POR TELÉGRAFO Q e r l í n 24, 1 1 m. Se han comunicado é Kiel órdenes de que la escuadra de cruce ros alemanes se prepare para hacer un viaje al Extremo Oriente y visitar los principales puertos japoneses. LOS CORACEROS DE LOUBET A sí se llama á los tres militares que, por ser- los que mandaban en París la escolta ia noche del atentado, han sido invitados por S. M el Rey á pasar estos días en Madrid. OÍ coronel Lamy (Jules) es un brillante jefe -í de la Caballería francesa, que se distingue por sus talentos militares y su vigor aún juvenil. Tiene cuarenta y nueve años de edad y veintinueve de servicios, de ellos dos en el empleo de coronel. Manda el 1. de Coraceros, de guarnición en París, Cuerpo a cual pertenece el escuadrón que escoltaba al Rey de España la noche del atentado, y desempeña al propio tiempo el destino de ayudante de monsieur Loubet. Procede de la Escuela de SaintCyr, y aunque el largo período de paz que Francia disfruta no le ha dado ocasión de tomar parte en operaciones de campaña, sus servicios militares son distinguidísimos, justificando el hecho de que á los cuarenta y nueve años de edad y veintinueve de servicios, haya alcanzado el empleo de coronel y las constantes distinciones de que es objeto, p l capitán Garnier (Adrián) es el comandan te del 4. escuadrón del 2. de Coraceros que escoltaba á S. M la noche del atentado. Procede de la Escuela de Saumur. Cuenta treinta años de servicios y es antiguo en su empleo actual. En su historia militar figuran varios hechos de armas realizados en Argelia, en varias de cuyas campañas tomó activa parte. Por su ilustración y condiciones militares cuenta con grandes simpatías y consideraciones entre sus camaradas superiores é inferiores. P 1 capitán Scheneider (Aimé) es el capitán segundo del escuadrón que manda Garnier, y formaba, por lo tanto, entre los coraceros que escoltaban el coche en que iba monsieur Loubet y el Rey de España la noche del atentado, del cual, como sabe todo el mundo, resultó gravemente herido el caballo que montaba. Eí capitán Scheneider lleva dieciocho años de servicios; ingresó en 1887 en la Escuela de Saint- Cyr, haciendo luego su curso en la de Saumur, y desde su salida de ésta, prestó siempre sus servicios en Coraceros. Joven é ilustrado, de exquisito tacto y de probados entusiasmos por su carrera, es Scheneider uno de los oficiales fianceses aue tienen asegurado un brillante porvenir. La decoración es lo de menos, y el efecto y! a consideración lo demás; y en este punto sí que no pueden tener queja. Díganlo los periodist? s franceses que trataron de trabajar en la vía pública el día de la entrada del Presidente. ¡Cómo se entiende! -dijeron las autoridades. ¿Cómo vamos á consentir que las visitas se pongan á trabajar? Y nada. ¡No los dejaron! ¡No faltaba más! Y para darles una prueba de confianza, trataron á nuestros huéspedes como de casa. Quiero decir, que les dieron un trato de casa de huéspedes. Como no conocen nuestras costumbres, no faltó colega francés que creyera que aquel procedimiento que con ellos se seguía era inusitado, y no es así. Eso suele ser aquí lo ordinario. Lo otro sería lo fino. Para otra vez les aconsejo que adopten la costumbre de los soberanos y viajen de incógnito, porque lo peor que se puede ser por acá es huésped; díganlo sinceramente las patronas; y todavía peor que huésped, chico de la Prensa. Repítalo el padre Cobos, que hace mas de medio siglo que dijo (La Prensa es libre; el escritor esclavo Áteme usté esa mosca por el rabo! Dicho lo que antecede, que como el Canto á Teresa, de Espronceda, es sólo un desahogo de mi corazón, me calzo los chanclos, me pongo el impermeable, fbro el paraguas y me lan- nmnniii ¡t imamiii JHHIIIBiBMBIl nMmnaiE ilHiilllBdUilMIMIttlilltHHm HlllülillMiiaMMliiilTl