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Á B C. MIERCOLÉSW DÉ OCTUBRE DE r o5. PÁG. y K EL PRESIDENTE, MR. LOUBET, ACOMPAÑADO DEL REY, PRESENCIANDO EL DESFILE DE LA GUARDIA DE ALABARDEROS EN EL PATÍO DEL PALACIO REAL Fot. Muñoz de Baena por mi respetado, ni en distinguir me he parado al A B C, del Journal. Y ayer otro número. La lluvia, entremetiéndose en la ordenanza, dispuso que todos los militares tuvieran el ros calado, y aunque no se dio orden para acometer á la voz de ¡á bayoneta calada! fue imposible evitarlo. Pero el mayor dolor del antipático día de ayer lo sufrieron los taurófilos que, desde muy tempranito, dirigieron sus recomendaciones al cielo para que se apiadase de la afición. B! de los vendedores de paraguas de seda á odio reales, en ¡a Puerta del Sol. Es la única mercancía que no ha encarecido con motivo de las fiestas. Al contrario, ¡seda á ocho reales! ¡no se puede hacer más por los forasteros! ¡Lástima que á los comerciantes de acera abierta no se les haya ocurrido pintar los paraguas con los colores de la bandera francesa! ¡Qué negocio! ¡Y que manifestación tan original! ¡Dichoso día! El caso es que ya casi convencidos de que el tiempo no se volvía atrás, como si hubiese empeñado su palabra, marcharon á Ja PJazalos espectadores, tristes, macilentos... Aigunos, sin embargo, confiaban en que á úlíima hora se arreglaría la cosa. Sobre todo, faltaba la prueba suprema, infalible. ¡Ver hacia que sitio flameaba la bandera de la Plaza! Porque si era en dirección Sur, corrida segura ¡Hay quien, cree en esto á pies juntillas y pone reparos á la batalla del Guadalete! Pero todo fue inútil. La corrida no se celebró. Los picadores llegaron vestidos con impermeables y las cuadrillas cambiaron los capotes de paseo por los de monte. Algunos aficionados pedían que se celebrase la corrida, como si tal cosa, escuchando las protestas de los tímidos ante el indicado reúma, como quien oye llover. Yo vi á unos cuantos aficionados, en la calle Y no sé cómo iban á ar en pleno dilude Alcalá, con la mano extendida, interrogan- vio los diestros del margen. te como el barítono de TLa Tempestad, pero sin poder decir como él La lluvia ha cesado, En las maniobras militares, e! ejército aguanó á pie firme el chubasco, ¡bien que no es el píimero, y otros más gordos ha sufrido! que esto era lo que pedían. Por algunos momentos renació la esperanza en los entusiastas aficionados. ¡Mire usted- -decía uno, -así que descargue aquella nubécula, sale el sol! -Yo creo que tenemos toros- -afirmaba el más optimista; -en cuanto cambie el aire, se va esta nube de aquí encima, que es la que nos molesta, y la señalaba con un expresivo gesto de contrariedad. ¡Como no hubiese bajado el Barquero- -ayer- -Lo malo es que las nubes vienen por Alcalá- -aseguraba uno como sí hubiese tenido te- el más indiscutible- -con un paraguas para aliviar á los matadores, no sé de qué manera! legrama de su salida, -y viniendo por Alcalá, ¡Y que en esta corrida- -y perdón por la tenemos agua. para rato. ¡Si se corrieran á frase- -sí que podían haber entrado á snatar Torrelodones... mojándose los dedos! ¡Maldita sea Alcalá! -decía el primero, como si esta villa tuviera ia culpa dei mal Luis GABALBÓN tiempo