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A B C MARTES 24 DE OCTUBRE DE ioo5. P G. i3 agitaban pañuelos tricolores, siendo ellas las que ofrecían un aspecto más emocionado por la visita del Presidente de la República francesa. Las bandas militares tocaban la Marsellesa. M r L oubet saludaba incesant; mente con el sombrero. La ovación tributada á Loubet en la calle de Alcalá fue grande, y más lo hubiera sido seguramente de no existir entre las señoras el temor que en su ánimo han infundido ciertas extremadas medidas. E N LA GRAN P E Ñ A Al pasar el Rey, en compañía del Príncipe le Baviera frente á esta aristocrática Sociedad, los individuos de ella que ocupaban totalmente sus balcones le hicieron una cariñosa manifestación de simpatía, descubriéndose todos y diciendo: ¡Viva el Rey! Cuando regresó el Monarca en compañía del Presidente, el entusiasmo de los socios de a Peña fue inmenso, agitando todos pañuelos con los colores de la bandera francesa y dando ¡vivas! á Loubet, ai Rey y á Francia. M r Rouvíer fue saludado con las mismas cariñosas demostraciones. También se dieron ¡vivas! al príncipe don Carlos, que marchaba al frente de la división de su mando. plimentó M r Loubet á la augusta dama y á S. A. la infanta doña María Teresa. La entrevista fue en privado y duró buen rato. La Reina dio la bienvenida á Loubet, agradeciéndole mucho las atenciones que tuvo con el Rey en París. Al bajar de las habitaciones particulares de S. M la Reina, M r Loubet y S. M el Rey hallaron formado en el patio el Real Cuerpo de Guardias Alabarderos, con el Sr. Salvador á su frente. Le revistaron y colocados en el centro del patio le vieron de fihr en columna de honor, brillantemente. M r Loubet quedó muy complacido. En seguida fue el Presidente á sus habitaciones, donde le recibieron los ministros de la Corona y el personal de la Embajada francesa con la embajadora y las señoras de los secretarios, que le cumplimentaron. El príncipe Fernando de Baviera fue á saludar á M Loubet, y le acogió con tanto afecto, que le concedió en el acto el gran cordón de la Legión de Honor. S. A. fue inmediatamente á ponerse la banda, y con ella volvió á dar las gracias repetidas á M r Loubet. A su vez, el príncipe de Asturias fue á cumplimentar al presidente de la Rspública. La entrevista füé afectuosa y larga. A las cinco de la tarde devolvía M r Loubet estas atenciones á los Príncipes. Inmenso publico se aglomeraba en la plaza de Oriente, frente á Palacio, para verle ir á la calle de Quintana á cumplimentará las infantas doña Isabel y doña Eulalia. VISITA A LAS I N F A N T A S Desde las cuatro de la tarde era punto menos que imposible transitar por la calle de Quintana y las que en ésta desembocan; tan numeroso era el público que esperaba la llegada del presidente de la República francesa al palacio de la infanta Isabel. Habíase dicho que M r Loubet haría esta visita á las cinco de la tarde; pero es lo cierto que hasta desoués de las cinco y media no llegó á la calláide Quintana. Al entrar e Presidente, que iba en carruaje á la gra ct Aumont, tirado por cuatro caballos, enjjia mencionada vía dieron la señal de su llegada los cornetas de órdenes, y poco después un inmenso clamoreo revelaba la presencia de nuestro ilustre huésped, á quien precedía un escuadrón de la Escolta Real. El Presidente, acompañado por el general D ubois y los tres capitanes de coraceros que han sido invitados por el Rey, entró en el palacio de Ja infanta Isabel, seguido del gobernador civil, Sr. Ruiz Jiménez, del secretario del Gobierno, Sr. Dieffebruno y del jefe de negociádmele Vigilancia D. Nicolás Ibarrola, que vestía uniforme de gala. M r Loubet fue recibido por S. A. la infanta Isabel, con quien converso afablemente unos diez minutos. Después se dirigió á pie, en medio deuna delirante explosión de entusiasmo del público que lo presenciaba, al hotel de la infanta Eulalia. S. A. que se hailaba con su dama la marquesa de Arco Hermoso y con el conde de Malladas, recibió á M r Loubet y á las personas que le acompañaban en Ja planta baja del hotel. Esta visita duró también muy poco tiempo, pues el Presidente debía regresar á Palacio á las seis de la tarde. Y á esta hora, en efecto, lo hizo siguiendo las calles de Quintana, Princesa, Ventura Rodríguez, Ferraz y Bailen. En este trayecto, tanto á la ida como á a vuelta, fue vitoreado y aclamadc sin cesar. Los balcones de casi todas las casas ostentaban colgaduras é iluminaciones y en muchos ondeaban las banderas francesa y española. Al pasar el Presidente por el cuartel de ¡a Montaña, las músicas de los regimientos tocaron la Marsellesa y la Marcha Real. MR. ROUVIEk A las cinco y cuarto llegaron, procedentes de Palacio, al ministerio de la Guerra, los presidentes de los Consejos de ministros de Francia y España, en el coche de éste. En la escalera principal del palacio de Buenavista esperaba el general Weyler, á quien el Sr. Montero Ríos presentó á M r Rouvier. El ministro de la Guerra acompañó al ilustre huésped á las habitaciones que se le habían destinado, y allí conferenciaron breves momentos. Después llegó el ministro de Estado á saludar á M r Rouvier, que al marcharse el señor Sánchez Román, quedó solo para cambiar de traje. Se ha puesto á sv órdenes á varios altos empleados del ministerio d e E s t a d o entre ellos al diplomático Sr. Pina. De Palacio se ha dispuesto para el presiden te del Consejo de Francia un servicio especial de carruajes, durante su estancia en Madrid. El palacio de Buenavista está convertido en una fortaleza, por las órdenes severas que el gobernador militar de dicho ministerio ha dado, no consintiendo la estancia á nadie dentro sin especial permiso, cerrando todas las puertas, menos una, y redoblando el servicio d centinelas. A las ocho de la noche marchó á Palacio M r Rouvier para asistir al banquete oficial. EL REY E N A U T O M Ó V I L Diez minutos después de llegar á Palacio ja comitiva salía el Rey, acompañado de sus ayudantes de guardia y guiando el automóvil de 35 caballos. El Monarca se dirigió á Ara vaca á visitar á los alumnos de la Academia de Caballería, que se encuentran allí alojados. Regresó un momento después de haber vuelto M r Loubet de visitar á las infantas doña Isabel y doña Eulalia. ALARMA Cuando la comitiva que seguía á Loubet se encontraba ya en la Puerta del Sol, se produjo en el principio de la calle de Alcalá una ligera alarma, ocasionada por un caballo que se desmandó. Empezaron á correr las personas más próximas, cundió la alarma, y mucha gente huyó despavorida, atrepellando mujeres y derribando niños. Algunas tiendas cerraron precipitadamente sus puertas. Afortunadamente la tranquilidad v o l v i ó pronto, pero los ánimos seguían recelosos ante ¡as medidas, jamás vistas en parte alguna, que nuestras autoridades habían adoptado. EN LA CALLE MAYOR Desde las dos de la tarde era extraordinaria a concurrencia de público en esta calle, y cuando á Jas dos v media cesraron las filas las fuerzas militares, hubo algunas protestas contra la forma empleada por varios jefes para cumplir las órdenes de la superioridad. Todos los balcones de la calle lucían colgaduras de los colores nacionales y franceses, con la sola excepción de los pisos primeros del palacio de Oñate. En Ja Embajada italiana sólo estaba la bandera izada. A las dos y veinte minutos pasó S. M el Rey con dirección ala estación. Desde Platerías se observa á las tres y veintiocho minutos movimiento inusitado en la Puerta del Sol. Se ven millares de pañuelos agitarse desde los ¿aleones, y los penachos blancos de la escolta indican la entrada del real colfíéjo en dicho punto. Eran las tres y media cuando el coche de M r Loubet y nuestro Rey entraba en la calle Mayor, donde eran saludados á su paso por cuantos ocupaban los balcones. Se dieron repetidos vivas á Francia y España y á los jefes de ambos Estados al entonar las músicas, primero la Marsellesa y después la Marcha Real. -Diez minutos ha tardado la comitiva en pasar la calle Mayor, sin, que hubiera más manifestaciones que as- de entusiasmo consignadas. A las cuatro y media entra en la Plaza de la Armería, y un minuto después en el regio Alcázar, donde al pie de la escalinata la recibieron las autoridades y personajes que con este fin se habían adelantado desde la estación. VISITAS EN PALACIO S. M el Rey y M r Loubet subieron á las habitaciones de S. M la Reina, y allí cum- EL ALOJAMIENTO DE LOUBET -Ocupa M r Loubet en Palacio las habitaciones de la planta baja que dan á Poniente, con vistas al Campo de! Moro y á la Casa de Campo. Últimamente ias ocupó el archiduque Federico, hermano de S. M la Reina con su hija Gabriela. Para recibir á M r LouOet están casi lo mismo decoradas, y en la propia alcoba que el Príncipe austríaco y en el mismo lecho dormirá el presidente de la República francesa. El estilo moderno, sencillo y elegante, y de Luis XVI, predomina y campea en esas habitaciones, que en un principio pensó S. M. la Reina alhajar para su malograda hija la puncesa Mercedes. La colección ae tapices que tienen por asuntos escenas del Quijote, decora la antecámara, como en la época en que esas estancias queda ron habilitadas para su actual destino. Lo propio sucede con los cuadros de Tiépolo que descendieron á la planta baja desde las que fueron habitaciones de S. A. la infanta doña Isabel. La luz eléctrica brota en la cámara de aquella araña de cristal en forma de barco, que allá en el Pardo pendía del techo de una de las tristes estancias en que dejó de existir el rey D. Alfonso XII, convertidas hoyen capilla por la piedad y el cariño á su memoria de S. M la Reina. Dormirá M r Loubet estas noches en una alcoba Luis XVI, grande, espaciosa, confortable, tapizada de rosa y crema. La cama es blanca con oro y colgadura azul, en que resaltan bordados en plata. Los muros de la cámara están vestidos de seda amarilla y de seda verde los del despacho particular, cuyos muebles son de estilo Imperio, formando contraste con la severa elegancia y seocílTez del inmediato despacho oficial, de gusto inglés, de tonos claros, con chime-