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A B C MARTES 34 DE OCTUBRE DE i 9 o5. PAG. a 2 aguardando la llegada de M r Loubet, y presentó á S S AA. los Infantes. 1 Luego, acompañado de D Fernando y don Carlos, del ministro de la Guerra, del marqués de fa Mina y del cuarto militar, revistó la fuerza de Covadonga. En la estación se hallaban los ministros, de uniforme, los presidentes de las Cámaras, el capitán general de Castilla la Nueva, el gobernador civil, el alcalde, el teniente de alcalde del distrito, el director del Museo Sr. Villegas, comisiones oficiales, civiles y militares, el senador Sr. Labra, el jefe de vigilancia señor barróla, de uniforme, periodistas franceses, entre ellos la corresponsal de Gil Blas, madame Delaunnais, y algunas otras personas del elemento oficial. Estaban también el director de la Compañía, D Nathan Süss; el subdirector, Sr. Peyronceli; el jefe del Movimiento, D Luis Escalier, y otrosvarios altos empleados. El arco de entrada á la estación de! Mediodía es de celosía pintada de verde, de la que se han empleado nueve mil metros, adornado con escudos y guirnaldas de flores, banderas y trofeos y rematado por unas bonitas canastillas de flores. En Jos frentes hay unas cartelas en que se lee: La Compañía de M Z. A. al Presidente de la República francesa. Grandes banderas y gallardetes de Francia y España pendían de la techumbre; guirnaldas de ñores y verdura adornaban las paredes. El saión regio estaba tapizado de raso blanco, floreado de rojo y amarillo; muebles de estilo Luis XV de madera dorada, tapizados de blanco. El tocador era blanco, y las paredes y c 2 muebles forrados de raso tórtola. El recibimiento era de peluche bronce viejo con dos divanes de la misma clase y color. En e andén había tendido un tapiz rojo. A la entrada de la puerta, dos grandes macetones de flores naturales y palmeras. El zaguanete de Alabarderos, al mando del teniente D Bienvenido Real, formó á los dos lados de la entrada del salón regio. La compañía de Covadonga encargada de hacer los honores de ordenanza la mandaba el capitán Sr. Pérez Villamíl. A las tres menos cinco minutos ha hecho su entrada en la estación del Mediodía el tren presidencial. Formábanlo diez unidades: la máquina era la número i 977 y estaba engalanada en el frente con un gran escudo Real de España y grupos de banderas francesas y españolas, las cuales adornaban también los costados. 1 En el momento de llegar al andén el convoy, la banda de música del regimiento de Covadonga, del cual había una compañía con bandera, tocó la Marsellesa. lina batería de artillería del cuartel de los Docks hacía las salvas de ordenanza. El tren entró pausadamente. S. M el Rey, vestido de capitán general del Ejército español, con la banda roja de la Legión de Honor, y S S AA. el infante D. Fernando y D Carlos, de capitán de húsares el primero y de general de brigada el segundo, se adelantaron, seguidos de todos los ministros y del general Debatisse hacia el coche salón en donde venía S. E. M r Loubet con el presidente del Consejo M r Rouvier, ambos de frac, luciendo el primero el collar de! Toisón de oro, y así que hubo parado el tren descendieron el Presidente y M r Rouvier estrechándose las manos con gran efusión el M o narca español y M r Loubet. Acto seguido pasaron revista á las tropas que interpretaban la Marsellesa y la Marcha Real, sucesivamente. Volvieron el Rey, el Presidente los lnfan- ¡Jes y todo el cortejo, y delante del salón regio de la estación, dispuesto a! efecto, se hicieron ¡as presentaciones de los ministros, del alto personal de S E y palatino, y se puso en marcha la comitiva para tomar los coches. Un ¡viva Loubet! fue contestado por cuantas personas había en el andén, que respondieron con igual entusiasmo á los vivas! al Rey. S. E M r Loubet ocupó un coche de la Casa Real con S. M el Rey, siguiendo detrás S S AA. los Infantes, los ministros y todo el séquito del Monarca y del Presidente. Con M r Loubet han llegado, además del presidente del Consejo de ministros francés M r Cambon, el teniente coronel CornuÜerLuciniére, M r Paul Loubet, el genera! Dubois, M r Combarieu, el general Zappino, el corone! Madariaga, el agregado militar señor Echagüe, el coronel Milans de Bosch, el señor Requejo y otras varias personalidades. LA CARRERA Desde antes de Jas dos de la tarde! a animación en las calles que había de recorrer la comitiva era extraordinaria. Una compacta muchedumbre se apiñaba detrás de las filas de soldados, que estaban formados desde la una y media; los jefes y oficiales tenían orden expresa de no romper filas por ningún motivo, ni dejar transitar á nadie por la vía pública. Dicha medida fue cumplida con tan severo rigor, que dio lugar á varios incidentes y rozamientos. El embajador de España en París Sr. León y Castillo tuvo necesidad de hacer constar su jerarquía para poder penetrar en la estación; el delegado Sr. Puga, á pesar de llevar bastón de autoridad, tuvo también un ligero rozamiento con un oficial del ejército. De los periodistas no hablemos: los pases facilitados por el gobernadt r no han servido absolutamente para nada; el general Echagüe atropello con su caballo á los fotógrafos Sres. Asenjo y Alonso, que iban provistos de sus correspondientes pases, y un capitán de Estado Mayor mandó cargar sobre un grupo de siete periodistas con tanta saña como si se tratara de anarquistas ó de facinerosos. Aparte de estos incidentes, el entusiasmo ha sido inmenso, y las calles del tránsito presentaban un aspecto verdaderamente pintoresco. En los tejados de varios edificios, en los del Hospital Provincia! Banco de España, ministerio de Hacienda y en los de algunas casas en construcción, había verdaderos racimos de personas, muchas de las cuales agitaban pañuelos con los colores de la República vecina. En el salón del Prado, en los andenes laterales de! paseo del Botánico y en la calle de Alcalá, hacíase muy difícilmente la circulación; pero en la Puerta del Sol, calles Mayor y de Bailen y en la plaza de Oriente, la aglomeración era tan enorme, que no era posible dar un paso. Las señoras han tomado una parte muy activa en el recibimiento y han comunicado á éste una nota muy alegre y muy simpática, ocupando los ¿aleones y las primeras filas de las tribunas. A las dos y media llegaron á la estación una carretela á la gran d Aumont y cuatro landos con objeto de conducir al presidente de la República y personas de su séquito. Detrás iban varios ómnibus y camiones de las Reales Caballerizas para recoger los equipajes del Presidente y de su comitiva. La colonia francesa acudió á presenciar el desfile á la tribuna construida al efecto delante de los jardines del Buen Retiro, y en muchas bocacalles y detrás de los soldados de CabjJterrá serhacinaban los carruajes, repletos literalmente de personas ávidas de presenciar e 4 desfile. D E LA ESTACIÓN A PALACIO Al sonar el primer cañonazo se produjo en la multitud que rodeaba! a estación un revuelo general. Las cornetas dieron el toque de atención, las tropas presentaron armas y las bandas entonaron la Marsellesa. E! himno francés fue saludado por el pueblo con una atronadora salva de aplausos. El Presidente y el Rey salieron al patio exterior donde esperaban los carruajes, y salieron en el suyo. De la estación subieron primero en coches de Palacio e! general Debatisse y los capitanes de coraceros con los oficiales agregados á la misión. La comitiva se puso en marcha por el orden siguiente: En una berlina cerrada iban el gobernador civil, Sr. Ruiz Jiménez, de levita y sombrero de copa, con el secretario Sr. Dieffebruno, de uniforme. Detrás, en coche descubierto, el alcalde y el duque de Arévalo. Seguían los batidores de la Escolta, y entre dos filas de soldados de la Escolta el capitán general, el gobernador militar, el príncipe viudo de Asturias, el coronel jefe de la escolta, los caballerizos y los ayudantes, rodeando por completo la carroza Real. El Rey daba la derecha á Loubet. Este saludaba al pueblo quitándose el sombrero y sonriéndose afablemente. Una sección de Ja Escolta. Detrás del coche regio iba otro conduelen do al príncipe de Baviera y el marqués de la Mina, y al estribo el ayudante dd primero, Sr. Elorriaga. Otra sección de la Escolta. Un coche conduciendo al presidente de v Consejo de ministros de Francia, M r Rouvier, de frac; M r Combarieu, secretario general de la Presidencia, y el duque de Sotomayor. Seguían en otros carruajes los demás personajes de la Corte, los ayudantes militares del Presidente con los agregados españoles, los diplomáticos franceses con el Sr. Pina y los comisionados españoles. Paul Loubet iba en un carruaje con un diplomático español. En otros coches iban los ministros, el general Weyler con su ayudante, solos; los ministros de Instrucción Pública y Fomento, juntos. Todos estos carruajes sin orden alguno. En el Botánico y en el Prado la multitud acogió el paso de la comitiva con aplausos y ¡vivas! á Loubet y al Rey. EN LA CALLE D E ALCALÁ Imposible, ó poco menos, resulta hacer la descripción del aspecto que presentaba esta hermosa y amplia vía. Desde la Cibeles hasta la Puerta del Sol eran los balcones filas inmensas de banderas francesas y españolas agitadas por el viento, de gallardetes y flores y, sobre todo, de cabezas hermosas de mujeres madrileñas que se aprestaban á dar la bienvenida a! huésped ilustre que en representación de una nación amiga viene á estrechar más ¡os lazos que con ella nos unen. Los balcones del Casino de Madrid, de la Gran Peña, del Banco de España y del Círculo de Bellas Artes, lucían espléndidas colgaduras y brillantes adornos. En las aceras se agolpaba el público, esperando á pie desde la una de la tarde. Desde la calle de Sevilla hasta la Puerta del So! ofrecía la calle un aspecto realmente imponente, pues eran miles de personas las que en aquel angosto sitio se amontonaban. Un toque de corneta anunció á las tres menos cuarto que el cortejo se aproximaba, y un movimiento de expectación recorrió las nutridas filas. La presencia de Mr. Loubet fue acogida con un entusiasmo delirante. Todas las manos se unían en aplausos estruendosos; de todos los labios salíanjvivas! entusiastas. Las señoras