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SUSCRIPCIÓN PAGO A N T I C I P A D O POR CADA MES P y B L C I D A D S O L I C Í T E N S E TARIFAS Anuncios económicos. Reclamos. Anuncios por palabras Noticias. Informaciones. Administración: 55, Serrare, 55, Madrid España, pts. i,5 ü. Portugal, pts. 2. Unión Postal, i,5o francos. Adminisiracíóu: 55, Serrano, 55, Madrid N. 287. M A D R I D M A R T E S 24 D E OCTUBRE D E jooS NUMERO SUELTO, CINCO CÉNTIMOS EN TODA E S P A Ñ A WsBraeo; KssaKOj lísaaansin Nismnaní I P I i fVIOi TERA, 51 Teléfono 1.852 DE MUEBLES Acíuaíroiinle a casa de moda en R adrid Seguro es U liadic qücdaríi pesaroso de venir á ver las actuales cok ciorios. Mao halhirá que llene sus deseos. Hay mucho y muV i. ucno para elegir. Prees. fijos y b a r a t Í N Í i t i o M leKsiüííJiaíinTel y ííamstiaf; J j o g d l l l ü O S j ÓD l. 12 LOUBET Y EL REY OMEGA no se le conoce competencia. París, IfiOO. Grand Prix. CMavor rccomoensa. en postales. 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Esta contradicción me impresionó y me hizo ver la pobreza de los sentimientos humanos. M a r c o s me dictó el nombre y las señas de la casa de Claudia. A la noche siguiente su agonía t e r m i n ó El buque corría hacia al N o r t e entre M o g a d o r y las islas Canarias. Debía hacer escala en O r a n al cabo de veinticuatro horas, pero no fué posible conservar el cadáver para enterrarlo en sagrado. La descompolí éfi q u s había precedido á la muerte se precipitó, y el médico ordenó que fuera arroiado al mar el cadáver. 111 L o que mas pri. a me corría, más aún que ver a mi familia, era cumpllímentar el encargo de M a r c o s A no ser p o r esto, no hubiese pisado el asfalto del bulevar. -Almorcé y tomé n coche que me llevó á la casa cuyas señas me había indicado M a r c o s ¿El S r Laurilücre? -me dijo el p o r t e r o -P e r o ¿no sabe usted que se mudó isace tres meses? Desde que se casó su hija no vive aquí. ¡A h! ¿La S r i i Claudia se ha casado? -Sí, y bien oportunamente por cierto; ya sabrá usted que M r Laurilliére se arruinó. -N o no lo sabía. ¿Y la Sría. Claudia? -Aliora es S r a Bouchamont, y vive en la calle de W a s hington, esquina á los Campos Eh seos. Su marido es b a n q u e r o N o debí de ¡ievarle la muñeca. Ahora caigo en ello. Si te hubiera contado antes esta historia, estoy seguro de que me hubieras aconsejado que no fuese. P e r o yo soy así, un militarote -T e engañas, miícliacho; pero aunque así no sea, hay que poner el remedio. A lo sumo, estarás en los primeros instantes del envenenamiento y puedes curarte. Ton a purgantes, depurativos; el aire y el agua del m a r -N o- -me interrumpió. -jYa sabe usted que no hay remedio! A los dos dias embarcaban los repatriados en el Taygete. E r a n más los enfermos que los sanos. Busqué al médico de á b o r d o y le recomendé que asistiera con toda solicitud á M a r cos. Aquel médico había estado mucho tiempo en el Senegal y había hecho la campaña del Sudán. N o se equivocó en el diagnóstico y emprendió una curación imposible, vecetandcf purgantes y depurativos enérgicos, alternados con reconstituyentes, vino de Burdeos y carnes asadas. De la noche á la mañana y de la mañana á la noclie advertíamos la demacración creciente de M a r c o s la progresiva hinchazón de su abdomen, el agotamiento de sus fuerzas. El cuarto día de navegación, al amanecer, me llamó M a r c o s -V ucrrdo cú: uidj ntg- -ax dij -Re tífcro sp rsr s. HAúmo momento pí ra pedirle á usted una prueba más de su bon dad un servicio muy delicado. -Habla. Serás complacido. -H e ddr. mido algo esta noche y! ie s o ñ a d o La he visto vestida de blanco, con velo de tul, coronada de flores de azahar, como la liubiera llevado yo al altar, si hubiese vivido, dentro de algunas semanas... Si sabe usted interpretar los sueños, n o ignorará que eso de aparecerse una mujer en traje de boda es nuncio de muerte para quien la v, en sueños. Esta vez me ha tocado á mí, y me apura tanto morir sin haberme casado con ella, como pensar en lo que va á sentir mi muerte. El traje de boda ya no lo hrcirá ella ó lo lucirá más tarde, después de haber vestido de l u t o Para ella quiero darle á usted un encargo. Aquí, debajo de la almohada, hay un envoltorio; ruego á usted que lo recoja y se lo entregue, para que sepa que hasta el último instante me ha sido querida esa antigualla sólo porque ella me la había d a d o El pobre Mr 4 rcos no podía ya estar echado ni agacharse; tanto había progresado su dolencia.