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A B C LUNES 23 DE OCTUBRE DE iao 5. PAG. n Es también Loubet muy aficionado á las Bellas Artes y sobre todo á la música; cazador infatigable y fumador impenitente. Tal es, á grandes rasgos trazada, la biografía del hombre ilustre que hoy será nuestro huésped. Trabajador infatigable, pronto consiguió que todos le estimaran. Su influencia ha sido preponderante en varias épocas. Lo fue en 1892, cuando logró que el 3 por 100 francés alcanzara y rebasara la par; lo es hoy, gobernando con una Cámara con tendencias socialistas, él que siempre se opuso al impuesto sobre la renta, aunque admitiendo el impuesto sobre todas las utilidades de otra especie. En i 8 j 5 dijo que era preciso compaginar la democracia con una política financiera sana. Hoy dice lo mismo y ha vencido siempre en las luchas políticas, contribuyendo además á la prosperidad económica de su país. Su fuerza estriba en su consecuencia política, su influencia tiene por bases, su constancia y su energía en perseverar contra viento y marea. Puede Francia estar orgullosa de contar entre sus hombres públicos al actual presidente de su Consejo de ministros. vicio. La campaña de 1870- 71, en Ja que se distinguió, no fue causa de progreso en su carrera. Aquella hecatombe enseñó sobremanera al ejército francés, pésimamente educado en materia de recompensas durante el primer Imperio, y peor acostumbrado aún por la monsrquía de Julio v el segundo Imperio, con sus guerras desconcertadas en lo orgániCOj en lo moral y en la táctica, principalmente las coloniales. El valor será siempre la primera condición del soldado, pero no la única. De aquí el que, por excepción, se premiaran los actos individuales durante aquella campaña, sobre todo con empleos que favorecen la ¡legada a altos puestos, á las veces, a meros aventureros heroicos. Y aun muchos de los concedidos fueron después quitados por la comisión levisora nombrada luego del desastre. En cambio, una vida honorable y provechosa para el país y el ejercito, se estimula siempre y se premia con largueza cuando, tras muchas pruebas, llega á su plenitud. Ejemplo de ello es la carrera del jefe del Cuarto militar dé M Loubet. En la mejor sazón de su vida, M Dubois pasó entres años á coronel; cinco después, recibió las estrellas de general de brigada, reemplazando en 1900, en el palacio de! Elíseo, al general Bailloud, que fue destinado á China. En 1903, ó sea tres años más tarde, ascendió á general de división, continuando en sus funciones de secretario general de la presidencia déla República y jefe de! Cuarto militar de M Loubet, en cuyo cargo ha mostrado eS tacto y la discreción en él peculiares y necesarias en funciones tan altas y delicadas Para aprovechar sus conocimieníos profesionales y militares, e! general Dubos fue nombrado miembro del Com- íé técnico de Ingenieros, y recientemente jefe de la defensa de! a pfaza de París. Tiene sesenta y tres años, faltándole aún dos de vida militar, pues sabido es que los divisionarios franceses alcanzan el retiro por edad á los sesenta y cinco; de suerte que concluirá con M Loubet el tiempo de su mandato. Es comendador de la Legión de Honor, y cual los más de sus antecesores en el cargo palatino, posee un número crecido de condecoraciones, sobre todo extranjeras. Ha e s c r i t o algunos trabajos técnicos de mérito; pero su característica esencal es fa discreción y el consejo, por lo cual sin duda le profesan tanta estimación los hombres mas granados y conservadores de la República francesa. EL S É Q U I T O D E MR. L O U B E T He aquí la lista completa del persona! francés y español que ha- dz acompañar a! presidente de la República. Con M r Loubet vienen: M r L. Rouvier, presidente del Consejo. M r Comban eu, secretario geneía) civil de la presidencia de la República. General Dubois, secretario militar de la Presidencia, jefe del cuarto militar de! presidente. M r Mollard, ministro plenipotenciario, introductor de embajadores. M r Moreau, director del Gabinete de) presidente del Consejo. Capitán de navio Huguet, ayudante de campo del presidente de la República. M r Poulet, jefe de la secretan particular deSpresidente de la República. Teniente coronel vizconde de Cornulier Luciniere, agregado militar de la embajada de Francia en Madrid y á las órdenes def presidente de la República. Teniente coronel Beibell, ayudante de campo del presidente de la República. Comandante d e Bouillanne de Lacoste, ayudante de campo del piesideníe de Ja Republica. MADAME LOUBET 1 a esposa del presidente de la República lleva con soberana distinción el importante papel que desempeña en el Palacio del Elíseo de París. Recientemente ha dicho de ella un cronista que es una dama dignísima, que ha sabido conquistar, desde el elevado puesto que ocupa en la República francesa, el aprecio y la considereción de propios y extraños. En los días en que estuvo D. Alfonso XI 11 en París, viósela constantemente mostrando la inmensa satisfacción que sentía al contemplar los agasajos y el entusiasmo con que Francia entera acogía al joven Monarca. Dama inteligentísima, al llegar á la presidencia de la República no ha sentido ni un solo momento el peligroso vértigo de las alturas. Consagra, como siempre, paculiarísima atención al cuidado de su noble esposo y á la educación de sus hijos, y al propio tiempo presta valiosa cooperación- i todas las obras de caridad y de protección en que intervienen las damas francesas. Mad. Loubet no se ha acercado, en los siete añosN que Heva residiendo en el Elíseo, ni una sola vez á los asuntes políticos de su país. Ocupa su puesto, y lo ocupa con naturalidad, y lo ocupa bien. Las mujeres francesas tienen un espíritu de adaptación a d m i r a b l e y Mad. Loubet lo muestra en todas las ocasiones con suma discreción. En estos últimos tiempos han pasado por París la mayoría de les Monarcas de Europa, y algunos de ellos, como el emperador di Rusia, como el rey de Italia y como el rey de Portugal, han venido acompañados de las Reinas con quienes comparten su realeza. M s dame Loubet ha hecho á todos ellos los honores de Francia con la sencillez y el buen gusto propios de una dama que hubiera nacido en Versalles y estuviera habituada á las delicade as del Trianon. PAUL L O U B E T M r Paul Loubet, hijo del presidente de la República francesa, no ha querido nunca ocupar altos cargos públicos. Tampoco ejerce su profesión de abogado, temiendo que se pudieran atribuir sus éxitos al alto cargo desempeñado por su padre. Es consejero ponente del Tribunal de Cuentas, puesto muy inferior á sus méritos y con el cual se contenta su modestia. MONS 1 EUR ROUVJER El actual presidente del Consejo de ministros de la República francesa, es de los que no han vanado nunca de criterio. Pocos hombres públicos podrán como él vanagloriarse de no haberse apartado nunca de las tendencias y orientaciones que tuvieron en los comienzos de su vida pública. Pedro Mauricio Rouvier, en la profesión de fe dirigida en 1875 á sus electores de Marsella, se declaraba radical y reivindicaba su parte de responsabilidad en el advenimiento de la República; desde entonces no ha dejado de ser radical y republicano. Para compendiar en pocas palabras su programa decía entonces: Desearía conseguir la alianza entre la democracia y los negocios. Donde decía negocios, entiéndase cuestiones financieras. Rouvier ha sido quizá el primer político europeo que ha comprendido que á fines del siglo xix empezarían á tener más importancia líts cuestiones económicas que las políticas. EL GENERAL DUBOIS Entre los personajes que vendrán hoy á Madrid con el presidente de la República francesa, figura el general Emilio Osear Dubois, jefe de su Cuarto militar y secretario general de la Presidencia. Procede el general Dubois de la Escuela Politécnica, en la que ingresó en 1861 á los diecinueve años de edad, dato que recuerda el excelente criterio de los franceses idéntico al profesado por, ingleses, alemanes é italianos, de llevar gente madura de cuerpo y de inteligencia á las carreras militares, en vez de niños precoces que suelen dar un grah contingente á la caquexia moral y física. Luego de pasar por la Escuela de aplicación de Artillería é Ingenieros, íué ascendido á teniente en 1. de Octubre de i865, siendo destinado al primer regimiento de Ingenieros. Nombrado del Estado Mayor particular del Cuerpo, en Diciembre de 1868 ascendió á capitán. En este empleo hizo la campaña funesta de 1870- 71 como adjunto de! coronel Veye de Chareton, comandante general de Ingenieros del 5. cuerpo de ejército, mandado por el general de Jailly, asistiendo á las primeras batallas en Alsacia. En la de Waesth, donde el bravo Mac- Mahon fue aplastado por la doble masa del Príncipe real, ¡cómo sufriría su espíritu al notar la conducta equívoca de un Cuerpo de ejército que pudo restablecer en cierto modo la batalla, haciendo más cara en ultime extremo la victoria á los prusianos y bávaros Fue hecho prisionero después en Sedán, sufriendo su cautiverio en la histórica fortaleza de Ciistrin, pues no quiso suscribir las condiciones que se le imponían para su libertad, ni pudo, cual otros, evadirse para acudir de nuevo á la pelea. Vuelto á Francia en Abril de 1871, Dubois sirvió en el ejército de Versalles, recibiendo á los pocos meses la cruz de la Legión de Honor. Poco después fue designado como ayudante de campo del general Chareton, á cuyo lado estuvo hasta su muerte. Por esta circunstancia, Dubois comenzó á imponerse y aun á colaborar en los problemas constitutivos y orgánicos del ejército francés, pues su general era el ponente de la reorganización militar discutida por la Asamblea militar á raíz del desastre. Como oficial del Estado Mayor particular de Ingenieros, construyó, de 187 c) á 1881, el fuerte de Seclin. En 1882 ascendió á comandante, prestando los servicios de su empleo hasta su ascenso á teniente coronel en 1892. Desde este momento, Dubois, como todos los jefes de mérito probado del ejército francés, corrió verdaderamente en su carrera. Desde su ingreso en la Escuela, hasta el empleo de teniente coronel, ó sea en treinta y un años, marcó bien el paso, madurando sus conocimientos, robusteciendo su carácter y acerando su voluntad en los mandos y comisiones de ser-