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f AÑO TRES. NUMERO 285. CRÓNICA U N I V E R SAL ILUSTRADA. Por- su carácter excepcional estos días de la visita de Mr. Loubet serán como un punto y aparte en el desarrollo de la política interior. Habrá que hacer votos, porque al principio del nuevo período no se halle la cosa pública donde y como la dejamos hoy, sino que se vea más claramente en las sesiones de Cortes el interés general y en ellas y en todas partes se dibuje menos fiero y empedernido el de facción. MANUEL TROYANO lEMADRID, 22 DE O C T U B R E DE i 9 o 5 NÚMERO SUELTO, 5 CÉNS los días de la visita de Losbet, y esto nc es lo convenido, ¡señor gobernador civil! Los conservadores se reunieron en su Círculo para hacer la presentación de candidatos, y hubo discurso de Maura que, ¡oh sorpresa de las sorpresas! no colocó ninguna nueva frasecita. En la Bolsa se hizo uso de frases taurómacas. Se habló de bajas, de bajonazos al hacerse referencia de los valores, atribuyéndose todo ello al ya mencionado y ponderado bando de marras. Cerró la jomada la apertura del Español, que reunió una concurrencia brillante y rindió culto á Calderón de la Barca, incurriendo tal vez en el anatema de IOÍ ingenios de hoy día. AEMECE pfN VÍSPERAS. A los españoles nos vienen siempre cortos el tiempo y el dinero. En el mundo oficial se bifurca esta deficiencia; al Poder ejecutivo le v. iene corto el dinero, y el tiempo al Poder parlamentario. Mas, ios recursos económicos se sacan del país, y gracias á ello con fatigas y sacrificios se ha llegado á suprimir el déficit; el tiempo se puede ganar con labor activa y acertada, pero no se puede sacar como un impuesto al contribuyente. Así, cuando se pierde, no hay forma de compensación. Para esto de perderlo somos una maravilla. La tarea legislativa, cortada por fiestas y vacaciones, distraída de su principal objeto por cualquier incidente, rara vez akanza á dejar tras de sí algo útil. Los presupuestos se han nivelado; esa tarea no se nivelará jamás. Los ingresos han podido ser iguales á los gastos; nunca será igual lo que las Cortes tienen que hacer y lo que hacen. El trabajo parlamentario perdido es un coeficiente, que debe entrar en todo cálculo de hombre de gobierno. Por grande que sea ia mayoría de que se disponga en una y otra Cámara, cabrá decir: llevaré á ellas tales y cuales proyectos pero no afirmar sacaré de ellas las leyes más indispensables Más indispensable que ninguna és la de presupuestos, y el Gobierno actual comienza á abrigar dudas acerca de la posibilidad de tenerlos aprobados antes del 3i de Diciembre. Para la multitud de ciudadanos esas dudas parecen certi dumbre; porque midiendo la altura, á que aún nos encontramos, con lo que hay que subir todavía, con las discusiones de actas, como las de Madrid, que habrán de ser largas y empeñadas, con el debate acerca del Mensaje y su contestación, con los mil incidentes más ó menos preparados, con las fiestas, con las vacaciones, el plazo será cada vez más breve y más angustioso. Las oposiciones por radicales que sean han de tomar todo eso en cuenta, como lo toma el país, y no exagerar el derroche de tiempo, que ya les censuran con razón los periódicos más autorizados, quienes reflejan en e lo un estado de la conciencia pública. Por mucho que fantaseen sobre el asunto, las minorías extremas no deben engañarse; de los males que del entorpecimiento de las labores parlamentarias se produzca, la opinión les cargará la responsabilidad. Ese estado de hi conciencia pública, repetimos, no es para mirado con desdén. La exaltación d- el espíritu faccioso, que en otras épocas ha cohonestado hazañas análogas, no las disculpará ya MADRID AL DÍA p l sábado amaneció como para dar un disgusto cualquiera, habida cuenta del interés que todos tenemos en recibir á Loubet con el tiempo hermoso que venimos disfrutando. Cielo entoldado, viento fresco, barómetro bajo... iodo hacía temer que acertase un amigo nuestro que se las echa de observador y que, según él, sólo ha llovido en Madrid cuatro veces durante el corriente año: una por Carnaval, otra por Semana Santa, y otra cuando las fiestas del Quijote, presintiendo que la cuarta fuese ahora que, como en las anteriores, hace menos falta la lluvia. Dichosamente, por la tarde volvió el buen tiempo, y esto endulzó la impresión producida por el bando del gobernador civil. Constituyó el tal bando la nota sobresaliente del día. Se habló de él en todas partes y en todos los tonos. Los descontentos pusieron el grite en el cielo, y los satisfechos no le pusieron en ninguna parte, porque precisamente ellos, los que aplauden el bando, tienen que razonarle hablando sin que les oiga el cuello de su camisa. Una de sus razones será la de que para sembrar el pánico no puede hacerse cosa más superior. Después de todo, señores, hay que fijarse en que si el ya famoso ukase llega á los balcones, no se mete en tel interior de las viviendas ni en el seno de las familias, y que, en fin, hasta nos permite respirar. Por la mañana hubo alarma en la calle de Alcalá. Se rompieron las bombillas de la iluminación de un edificio. La gente, al sentir el ruido, quitó el diminutivo á aquéllas y se alarmó, porque en estos días de bandos especiales los dedos se nos antojan huéspedes. Fue detenido un individuo que se dedicaba á la dulce tarea de cobrar pensiones de cruces concedidas á otros, ahorrándoles ese trabajo. Se había cargack ya varias cruces, y es muy posible que alegue que su obra era evidentemente cristiana. Hubo revista militar en Carabanchel, y á ella acudió mucha gente, dejándose sorprender algunos por Jos cocheros de punto, que han exigido ya desde el jueves Jas 20 pesetas sólo concedidas para IMPRESIONES PARLAMENTARIAS S U S P E N S I Ó N D E No ha sucedido nada SESIONES ayer tarde. No había sino dos ó tres diputados en los escaños; las tribunas estaban desiertas; los taquígrafos, en su mesilla, con la cabeza apoyada en la mano, paseaban una mirada de aburrimiento por lo? bancos solitarios. Leía un señor secretario estas cosas vagas que á nadie importan; y arriba, en el ancho ventanal, las cuatro bellas estatuar helénicas que lo exornan, blancas, luminosas, nos mostraban sus líneas puras. De pronto oímos que este señor secretario lee un papel en que se habla de mi querida madre y mi querida hermana Es un decreto en que el Rey da cuenta de la boda de la graciosa y espiritual infanta María Teresa. El señor marqués de la Vega de Armijo, con palabras lentas, opacas, nos dice que al mismo tiempo él tiene que comunicar á la Cámara que e) lunes llegará á Madrid M r Loubet y que el Congreso debe suspender sus sesiones. Esto nos llena de alegría. Dos ó tres diputados más se han aposentado en los escaños; allá lejos, en una. tribuna, destacna els ombrero pintoresco- -rojo y azul- -de una espectadora. Se respira un profundo sosiego en la Cámara; un señor, en su escaño, lee, medio tendido, un libro; otro representante del país, con la cabeza echada hacia atrás, dormita. Y en este denso reposo las palabras del Sr. Junoy- -este hombre incansable- -van cayendo lentas, laxas. ¿De qué se trata en este instante? Casi no lo sabemos. ¿No es del acta de Bilbao? ¿No ha salido triunfante en esta ciudad un republicano? ¿Cómo el Sr. Junoy combate á este compañero suyo? Es que- -llenaos de pasmo, de admiración- -la minoría republicana quiere dar una muestra de su imparcialidad. Pero esta imparcialidad no le conviene- -claro está- -al diputado electo por Bilbao. Y he aquí que un señor grueso, con la cabeza blanca, con un bigote que cae lacio y unos ojos chiquitos, microscópicos, se levanta á hablar. Lo que este señor nos cuenta tampoco logramos adivinarlo del todo; pero este es un buen señor, tranquilo, ecuánime, que lo dice todo con voz bajita y que apenas mueve las manos. El cuenta que los republicanos han apeyado siempre á los monárquicos en Bilbao, y que ya era hora, de que los republicanos bilbaínos trabajasen por su cuenta. Sí, ya era hora; todo nos parece bien esta tarde. Y casi,