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A B C VIERNES 20 DE OCTUBRE Dfc, i 9 o5. PAG. 4 mismas elecciones se nan verificado con un censo de 1904. Comprenderá el lector que este hecho no puede ser más inaudito. Y si las elecciones se han hecho en Valladolid por el censo de 1904, ¿como será posible que pretendamos dar por validas estas elecciones, señores diputados? Si ío hiciéramos así, esto sería sentar un precedente funesto y dar por perdidas todas las esperanzas de regeneración electoral. Anteayer se consumió toda la tarde en un ruidoso debate sobre las actas de Badajoz; sin embargo en Badajoz no se llegó á los límites á que se ha llegado en Valladolid. ¡Qué no hubiera sucedido- -exclama el orador- -si allí, como en Valladolid, se hubiera usado del censo de ¿904! Pero se trata de Valladolid- -añade con profunda desesperanza el S r Martín Sánchez, -se trata de Valladolid y nadie se indigna aquí en el Parlamento... Ño lleve tan adelante su desconsuelo el S r Martín Sánchez: -nosotros nos indignamos con! o de Valladolid tanto como con lo de Badajoz; pero la vida es varia, pintoresca, múltiple; los años pasan, las ingenuidades de la mocedad se desvanecen; vemos en el correr de los años que el espectáculo del mundo ha de ser contemplado plácidamente, sin exaltaciones, sin acritudes... y nuestras indignaciones ante estas cosas que al Sr. Azcárate ó al Sr. Moróte les parecen te rribles, estupendas? se resuelven sencillamente en indulgencia, ironía ó desdén... Y el Sr. García Alonso, nuestro buen amigo, ha contestado con breves y sencillas palabras al Sr. Martín Sánchez. El Sr. García Alonso no tiene entusiasmo ni por una cosa ni por otra; s discurso por su placidez y por su uniformidad, es el de un hombre que lo mismo dice esto que podría decir otra cosa cualquiera. Le aplaudimos. El Sr. Martín Sánchez- -dice el prador- -se queja de que en Valladolid se ha empleado un censo del año an, terior. Está bien; no lo niego. Pero ese censo que ha parecido nulo después de las elecciones á los candidatos derrotados, ¿por qué ha sido aceptado antes por éstos en vez de recusarlo? El argumento no tiene vuelta de hoja; no era preciso añadir más. Y en cuanto á ¡as demás coacciones de que ha hablado el Sr. Martín Sánchez- -ha añadido sin embargo el orador- -yo sólo he de decir que he examinado el expediente electoral y que de él resulta que se han hecho unas elecciones legales, correctas, ni más ni menos que cualesquiera otras elecciones reñidas. El Sr. García Alonso hablaba fríamente y con parquedad. Yquedamos- -ha concluido- -en que todo esto puede ser mucho y no puede ser nada. i Así son todas las cosas de la vida. Esta filosofía del Sr. García Alonso es una gran filosofía: el maestro Montaigne hubiera sonreído satisfecho. Y á esta filosofía es á la que quisiéramos ver convertido á nuestro otro gran amigo el Sr. Junoy. ¿Por qué el señor Junoy toma estos arrebatos y estos furores de cuando en cuando? En la tarde de ayer le observábamos asombrados; el Sr. junoy gritaba, gesticulaba violentamente, agitaba como una furia los brazos á propósito del acta de Jerez. Y de sus labios brotaban frasea como éstas, que nosotros recordábamos haber leído no sabemos dónde: el caciquismo explotador y ominoso la sed de justicia que nos devora abrir el pecho á- la esperanza derramar la sangre generosa Estábamos asombrados. Y á duras penas nos sacaron de nuestro asombro las primeras palabras pronunciadas por el Sr. Moróte. Este excelente diputado ha vuelto á hablar en la sesión de ayer. Lo diremos: el Sr. Moróte no acaba de seguir esta preciosa y muy concisa máxima: Simplicidad. En cuanto al indumento, hace poco recordábamos aquí mismo la exacta receta del maestro Stendhal: seréis elegantes cuando, habiendo salido de un salón, nadie sepa decir cómo ibais vestidos Y claro es que, así que el Sr. Moróte abandona la Cámara popular, todos podemos decir que el notable periodista llevaba una corbata roja, llameante, un chaquet ó una americana excesivamente entallados, y un gabán con una arquería románica en la espalda. Y en lo que atañe al arte de hablar, ya Cicerón dio también la fórmula precisa cuando escribió en su Diálogo del 01 ador que el más grande defecto en oratoria es no hablar como los demás hablan Y dicho se está que quedan condenados con esto los gritos, los manoteos excesivos, los golpes sobre el pupitre, el cruzar los brazos sobre el pecho con arrogancia ó el colgar los pulgares- -horror de horrores- -en las aberturas del chaleco... AZ 0 R 1 N garon á Palacio y entraron en él sir, ninguna dificultad, y aun observó M que, por el contrario, se les trataba con cierto respeto. Visitaron las terrazas, entraron en algunos salones, admiraron el panorama del Campo del Moro y de las orillas del Manzanares, y cuando estaban cerca de la capilla, el guía sacó su reloj y miró la hora. -Lo siento mucho- -dijo á su acompañante, -pero tengo una cita muy urgente y no puedo acompañaros por mas tiempo. M. por su parte, se mostró reconocidísimo; dio con vehemencia las gracias, y sacando de su cartera una tarjeta se la dio á su cicerone, obligándole á prometer que si i a alguna vez por Bayona íe buscaría. -Yo no llevo ahora tarjeta- -contestó su nuevo amigo; -pero dentro de dos H NA ANÉCDOTA. El barón des Mi- meses pienso ir á San Sebastián y desde chels, que fue embajador de Fran- allí os la mandaré. Se estrecharon afectuosamente la mano cia en España desde 1882 á 1886, refiey se separaron muy coraialmente. Al re en sus Souvenirs de carríére, la siguiente anécdota, con la que completa un retrato cabo de algunas semanas el digno funciomuy parecido del malogrado rey D. Al- nario francés se hallaba en su despacho de Bayona, y recibió un sobre y un pafonso XII: quete. contenía un retrato Prestaba- -dice- -desde hacía mucho gráfico El sobreD. Alfonso XI 1, confotodel rey esta tiempo servicios en la frontera de España dedicatoria: un excelente hombre, llamado M. verday A M. en recuerdo de su dero tipo del funcionario francés que, drid. El paquete conteníacicerone de Mael diploma y residiendo durante muchos años en la ri- una cruz de Carlos 111. Entonces supo bera del Bidasoa, no intentó pasar el fa- M quién había sido su acompañante de moso río. Por fin, después de oir repetí- ¡Madrid, y le dirigió una carta muy resdas alabanzas de Velázquez y de Murilio á todos los viajeros que volvían de petuosa y bien escrita. El Rey contó con regocijo esta anécEspaña, nuestro compatriota adoptó la dota al embajador. resolución de visitar la nación donde haUN MADRILEÑO bía reinado Carlos V, y pidió una licencia de ocho días, que le fue concedida. Apenas llegó á Madrid, se hizo conducir INFORMACIÓN á uno de los hoteles de la Puerta del Sol, DE MARINA y cuando estuvo instalado, abrió sus ma- T estinos, ascensos y propuestas. letas, se puso una levita y un sombrero Ha sido destinado al epartamento de de copa, se colocó el paraguas debajo del Cádiz el capitán de fragata D Santiago de brazo, y con esta indumentaria bien fran- Celis y García; autorizado el teniente de navio cesa y con las indicaciones que le había D Ángel Elduayen y Mathe, para continuar dado el portero, se lanzó por la calle del en situación de excedente forzoso con motivo de haber sido elegido senador; aprobado el Arenal en busca del regio Alcázar. Al llegar á la mitad de la calle le asal- embarco de los tenientes de navio D Manuel Laulhe el acorazado taron algunas dudas, y dirigiéndose muy Posada en el guardacostasPelayo y D Agustín en Numancta; destina- cortésmente á un sujeto que estaba embo- dos al Arsenal de la Carraca ios alféreces de zado en su capa, le suplicó en francés que navio D Kamón Agacino Armas, D. Feiix le mostrase el camino. El embozado se Garcés de los Payos, D Antonio Perea Chahizo repetir dos veces la pregunta, y por cón, D Joaquín Bustamante de la Rocha y fin se encogió de hombros indicando que D Daniel Araoz y Arejula; autorizado el alféno entendía. Nuestro viajero, un poco rez de navio D Francisco Fernández y Garpara contrariado por el mal éxito de su pre- cía Zúñiga, cursar que en la Universidad de Lieja pueda gunta, dudó un momento, pero viendo al objeto de obtener ellos estudios necesarios al título de ingeniero elecborde de la acera un paseante que llevaba tricista; nombrado ayudante del distrito marísombrero hongo y reía de la escena, timo d Rosas, el teniente de navio D José M se dirigió á él sin vacilar, diciéndole: María Murcia y Sanz de Anduo; concedida ¡Ah! usted es francés, esto se ve á la excedencia al ingeniero jefe de primera clase simple vista, y usted me dirá lo que ese de la Armada D Salvador Torres Cartas; dispuesto que el ingeniero inspector de segunda no ha querido decirme. -No- -respondió el paseante, -yo clase D Salvador Páramo, destinado al departamento de Cádiz, continúe en la dirección del también soy español, pero conozco bien material hasta fin de año; concedido al ingenie vuestro idioma. He oído que queréis ir ro inspector de segunda clase D César Lúa al Palacio de Oriente, yo voy allí. Si os ees, la excedencia forzosa por haber sido eleparece iremos juntos, y como en Palacio gido senador; concedida autorización al capítár tengo algunos amigos, os podré hacer vi- general de Cartagena para que se adquieran ios materiales de acero necesarios con destino al sitar alguna de sus dependencias. EI viajero, encantado, aceptó con re- Cataluña; destinado el primer médico de la ArD Fedenco Toirecillas, al crucero J to conocimiento y bien pronto se animó su mada Piafa. de la conversación con su nuevo amigo. Lle- FRANCESES EN MADRID