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A B C. JUEVES 39 DE OCTUBRE DE 1905. PAG. 4 creción y del patriotismo de este Sr. Gómez Acebo. Y el Sr. Garnica ha comenzado en este punto una lectura maravillosa, estupenda; un enorme rimero de papeles aparecía sobre el pupitre; diríase que el Sr. Garnica no iba á poder leerlos todos; y sin embargo, e! joven secretario, poco á poco, con una valentía extraordinaria iba leyendo y leyendo uno y otro de los anchos y blancos folios. No habiendo ningún diputado que tenga pedida ¡a palabra, ¿ha lugar á votar? -preguntaba de cuando en cuando. -Y se contestaba á sí mismo profundamente convencido: Ha lugar á votar Una hora próximamente ha durado este bello ejercicio; la ansiedad iba creciendo en nuestros ánimos. Todos aguardábamos impacientes el momento en que el Sr. Moróte se levantara en su escaño. El Sr. Moróte se removía un poco nervioso; á su lado un revoltijo de papeles nos indicaba que este señor tiene propósitos de desempeñar concienzudamente su misión. Nos alegramos de ello. El Sr. Moróte se halla ya en pie. El Sr. Moróte comienza á hablar en voz queda, suave; su mano izquierda permanece inmóvil, oculta en el bolsillo del pantalón. El Sr. Moróte es uñ correcto periodista. Hace setenta y un años- -dice el señor Moróte, -en 1844... El orador parece tomar las cuestiones de un poco lejos; sospechamos que ante nosotros se va á desarrollar un ancho fragmento de historia contemporánea y que el Sr. Morote con su erudición, con su palabra discreta, nos va á hacer pasar un rato agradable. En efecto; el Sr. Moróte añade que él, ante todo, ha querido estudiar la historia del régimen constitucional en España, para esto nada más natural, según el orador, que coger los tomos del Diario de Sesiones de las Corles é irlos leyendo uno á uno. Un poco extraño nos parece este procedimiento; -mas el orador nos asegura que él lo ha hecho así, y nosotros nos vemos forzados á creerle. Corría el año 1854 sigue diciendo el Sr. Moróte, y á seguida nos entera de mil particularidades y pormenores de estos tiempos remotos. Y de todas estas cosas resulta que desde K 1854 y 1868 no existen grandes arbitraríeda des en las elecciones; que estas arbitrariedades reaparecen después de 1868, y que el marqués de Albaida, con su lenguaje gráfico dijo no sabemos qué cosa que no logramos oír. Además, si se hiciera un cuadro gráfico de las elecciones en España, resultaría que la parte más negra correspondería á Madrid; luego vendría Asturias, y después Extremadura. Y Extremadura es precisamente lo que ahora indigna al señor Moróte. ¿Quién- -pregunta á grandes gritos, cruzando los brazos sobre el pecho, como hacía Gambetta- -quién, de todos los que han vivido la vida parlamentaria no ha oído hablar alguna vez de Don Benito? En Don Benito un señor hizo no sabemos qué cosas vitandas ccm objeto de obtener votos; otro señor, que también era candidato, se enteró de estas cosas y protestó enérgicamente. Pero lo malo es que éste señor no tiene- pruebas de las cosas que á él le hacen protestar de este modo. Y aquí de la indignación del Sr. Moróte. Es verdad que este señor protestante no tiene pruebas; pero ¿para qué sirven las pruebas? ¿Qué falta hacen las pruebas? He oído estos días- -dice el orador- -hablar á todas horas de pruebas y decir: vengan las pruebas, que nos demuestren los hechos con pruebas. ¿Todavía estamos con eso de las pruebas? -añade exaltado el Sr. Moróte. ¿Qué es esto? ¿Qué género de convencionalismos absurdos, de cosas insólitas predomina en esta casa? ¿No es de gran evidencia que el Congreso debe ser un Jurado y no un Tribunal de hechos? En esto hace hincapié el Sr. Moróte; él tiene estudiadas todas las opiniones de los grandes parlamentarios, desde González Bravo hasta Maura, pasando por Cánovas, Castelar, Martos; todos están conformes en el asunto. ¿Por qué no ha de estarlo esta Cámara también? El Sr. Moróte ha continuado hablando durante largo rato. Yo le estimo sinceramente. Y yo estimo no menos á este Sr. Pacheco, con quien él se ha mostrado tan furioso, hombre mundano, espléndido, fuerte, popular y querido en su país, amigo, como Roosevelt, de las luchas y deportes en pleno campo. AZORJN FRANCESES EN jpntre los personajes de la nación vecina que han disfrutado de más simpatías en la capital de España, recuerdo un Encargado de Negocios que representó á Francia allá por los años de la Revolución de Septiembre. Se llama Mr. de la Rachefoucauid, y descendía del célebre autor de las Máximas. Era un caballero de mediaaa edad, de porte distinguido, de trato exquisito y de una conversación amenísima. Era soltero y estaba instalado con mucho confort en un elegante cuarto dé la plaza de ias Descalzas Reales. Las comidas que daba al mundo oficial eran suntuosas, pero se distinguía especialmente en otras de más reducido número de convidados, elegidos entre eminencias literarias y notabilidades del gran mundo, que eran un verdadero encanto para el paladar por lo escogido de los platos, y para la inteligencia por lo amenísimo de las conversaciones. El ilustre é inolvidable D. Juan Valera, que asistía á todas estas comidas, solía decir: Donde mejor se come y donde con más ingenio se habla hoy en Madrid es en casa de Mr. de la Rochefoucauld. Y era exacto: el día que tenía convidados de su predilección el distinguido diplomático, no desdeñaba entrar en la cocina y ceñirse el delantal blanco para vigilarlo todo, poniendo en práctica la máxima española que concede tanta importancia al ojo del amo para la buena marcha de los asuntos domésticos. Podrá gastarse mucho dinero en dar un gran banquete; se podrá tener, apagando un crecido sueldo y no fijándose en las sisas, un jefe que sea una eminencia en la cocina; pero si el dueño ó la dueña de la casa no se ocupan en el asunto, faltarán detalles delicados y exquisitos, él sello característico de arte y de belleza que debe acompañar á todas las cosas de este mundo para que sean verdaderamente agradables Mr. de la Rochefoücauld era, además de un notable diplomático, un verdadero artista y dejó en Madrid gratísimos recuerdos. -Muchos años después de él vino otro Encargado de Negocios que se distinguió con fisonomía propia. Era el vizconde de Bresson, y estaba casado con una dama encantadora. El matrimonio se instaló modestamente, pero con mucho gusto, en el piso de una casa nueva de la calle de la Encarnación é invitó para tomar una taza de té. ¡Qué agradable sorpresa esperaba á los que aceptaron el amable convite! En un diminuto escenario instalado en la sala principal, el vizconde y la vizcondesa interpretaron de un modo delicioso uno de los delicados é ingeniosos proverbios de Octavio Feuillet. Aquello era un encanto, y la función tuvo que repetirse muchas veces porque todo Madrid aristocrático quería if á verla. Los Bresson eran artistas dramáticos eminentes, y bien lo demostraron cuando ensanchando su esfera de acción trabajaron en aquel inolvidable teatro Ida, instalado en los salones de Mr. Ignacio Bauer de tan grata y honrosa memoria. Allí hicieron filigranas de arte la señora de la casa, la que dio nombre al teatro y fue una de las damas de más ingenio, de más distinción y de más elegancia que ha habido en Madrid. Con ella representaban la inolvidable herma na de la marquesa viuda de Acapulco, que era artista hasta la medula de los huesos, el ministro de Bélgica en España, el barón de Auspach, Mr. Alfredo Weiil, el que tradujo al francés de un modo exquisito las Taimas de Becquer para regalárselas á la archiduquesa Isabel, j madre de S. M. la Reina Regente. Entre todos éstos brillaron e ¡vizconde y la vizcondesa de Bresson, y cuando el distinguido diplomático fue trasladado de Madrid causó en la sociedad aristocrática una gran pena la ausencia del matrimonio, que se había captado tantas simpatías. UN MADRILEÑO LA COMÍ SI ON DE VIGO a llegado á esta corte una comisi ón 3 Vigo para gestionar toda clase de facilidades é los trasatlánticos de la línea de vapores, próxima á establecerse entre Buenos Aires y Vigo. Se propone la comisión mencionada: el es tablecimiento de trenes rápidos directos entre Vígo y París; la supresión del impuesto que actualmente grava el embarque y desembarque de pasajeros por la vía marítima; el precinta do de los equipajes de tránsito para el extranjero, á fin de que puedan ser conducidos hasta su destino sin necesidad de reconocimientoalguno; la habilitación déla factoría de la Compañía de los ferrocarriles de Medina del Campo á Zamora y de Orense á- Vígo, para el despacho de billetes y facturación de equipajes, y para que desde dicha fa ctori a arranquen los trenes de viajeros. c Y otras rnejoras en el puerto de Vigo para equipararlo á otros del extranjero que hoy atraen los turistas de América. Estas gestiones de la comisión de Vigo tie nen también por objetó contrarrestar los tra bajos que hace Lisboa para arrebatar á nuestro gran puerto gallego la preferencia que aurere darle la Argentina. EL CRIMEN DE PUENTE GEN 1 L POR TE 1 ÉGRAFO í ¿T órdotía, J 8 3 t. Hoy se ha celebrado la última sesión de la vista del crimen de Puente Geni) La Sala ha impuesto á Concepción Guerrero, como ya anticipé en mi anterior telegrama, ¡a pena de reclusión perpetua. Antonio Sánchez ha sido condenado á diecisiete años de reclusión y ambos á indemnizar á la famíiif con 2.000 pesetas. -Aguacil. rmi nr ¡nwiMMmimiTl ¡3 ¡tm, J ¡WIT M i III 1 iilfflfilHHÜUt