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fjEANO TRES. NUMERO 282. CRÓNICA UNIVERSAL ILUSTRADA. la recompensa sea más apropiada y equitativa. Aun tratándose de presupuestos, donde toda prudencia es poca, esta virtud no ha de estar reñida con la equidad. El rasero más nivelador no se puede pasar siempre con fuerza igual; habrá de sujetarse al modo conque esté colmada Ja medida. Por olvidarse de ello parece que se da en el presupuesto de Gobernación una nota exagerada. Y, si bien, entre nosotros por un falso concepto de la lógica, Ja cual se estima, no como fuerte cadena, sino como rectilínea barra, defender la nivelación y criticar alguna economía se antoja contradictorio, bueno será tomar en cuenta Ja oportunidad, y comparar y medir el tiempo que se pierde, con el dinero que ahorra el aplazamiento. Y cuando la diferencia es grande, bien en uno, bien en otro sentido, proceder en consecuencia. MANUEL TROYANO ISMADRID, 19 DE O C T U B R E DE 1905. NUMERO SUELTO, 5 CÉNS. senadores en el sentido legal y parlamentario de la palabra, porque en el otro jurarán algunos de ellos, achacosos y malhumorados, todos los días. Hubo Consejo de ministros, y el de Hacienda salió de él con cara muy risueña y como el hombre á quien no ha habido que decirle una sola vez: No me toquéis á la marina Siguió en el Congreso la discusión de actas sucias que Ja Comisión correspondiente estima, sin embargo, limpias- ¡qué será lo sucio, cieíos! -y de la prisa que se dieron todos Jos oradores en despachar se deduce que podrá haber Congreso cualquier día ó cualquier mes de éstos. Y no hubo más, porque el acuerdo del Gobierno de dejar en libertad al moro hermano de Valiente, para que éste á su vez deje libres á los oficiales ingleses capturados en el Ríff, se presta á tristes consideraciones, si es que el moro en cuestión estaba preso por causas que lo justificasen, y no es momento de fruncir el ceño cuando todo el mundo sonríe ante la perspectiva de la fiesta bulliciosa y multicolor de Ja entente cordiale. AEMECE En la necesidad de dar ejemplo desde su ministerio, por lo mismo que su relación personal con el jefe del Gabinete es tan inmediata, el ministro de la Gobernación aplaza todo aumento de gastos de su departamento en el ramo de Comunicaciones. El único que se permite en otra dirección, según se indica por los periódicos más autorizados, habrá, por ahora, de limitarse á la reorganización de la policía en Barcelona, esto es, á lo más urgente, á lo más apremiante. En realidad, las comunicaciones devuelven pronto al Tesoro lo que en ellas emplea. Es un servicio que no debería ser más que servicio del Estado á la sociedad; en- tal concepto, sus rendimientos estarían obligados á emplearse en Ja mejora del mismo, auxiliando cus condiciones de perfectibilidad. Mas, aquí lo positivo es que se le considera como un origen de renta para el Erario público. Examinada la cuestión por ese lado, viene á ser menos explicable la parsimonia; porque, mejorada la empresa, los recursos, que facilite, crecerán. Se cede indudablemente en este caso, mejor que al positivo efecto de la economía, á la necesidad muy española de confiar á la eficacia del ejemplo lo que por sí no alcanzaría la razón. Concediérase con toda la del mundo un considerable aumento de gastos á un ministro, y cuantos de sus colegas demandan lo mismo no cederían ya en sus exigencias. Ahí reside, sin duda, la causa principal de lo que con el presupuesto de Gobernación ocurre. En éste debía de figurar también el real de aumento en el haber del guardia civil; pero, los periódicos mejor informados nada dicen de ello. Sin embargo, para quedar consignado con oportunidad ese aumento de una manera definitiva, era Ja presente ocasión Ja más adecuada para fijarlo. No es descompasado; no aumenta de una manera considerable la cifra de gastos, y cabe suponer que no serviría de motivo ó de pretexto á los ministros, que se han excedido en sus gestiones, para insistir en ellas. La justicia de aumento tan anunciado está reconocida por civiles y militares, y en hacerla efectiva no habría riesgo por el lado, donde las exigencias parecían más peligrosas. La concesión hecha á la seguridad pública en Barcelona, solicitada por la opinión estimula á pensar que esa otra se haría en beneficio de la nación entera. El más severo espíritu de economía no hallará en ese punto nada que oponer. Cada día los servicios deJ benemérito Instituto son más apreciados y justo parece que EN TODO, LA MEDIDA Qiguió ayer la animación callejera en Madrid. La tarea de la decoración tiene un público numerosísimo, paciente y desocupado, sobre todo desocupado, porque se pasa- las horas enteras viendo poner gallardetes y escudos. Por la tarde se colocaron unas cuántas banderas en la torre del ministerio de la Gobernación, y en la Puerta del Sol se agrupó el gentío y hasta dificultó la circulación de los carruajes. No se concebía una multitud mirando con tranquilidad al ministerio, porque en otras ocasiones habrá habido tanta gente, pero inquieta y con un cordón de guardias sable en mano por delante. ¡Mira, mira, ya le están poniendo las banderillas al ministerio de la Gobernación! -gritábanse los golfillos unos á otros mientras contemplaban el espectáculo. En! a calle del Arenal, donde también se colgaban guirnaldas y percalinas (y donde sigue no habiendo un guardia municipal que haga guardar orden á los carruajes) el tránsito fue en las primeras horas de la noche casi imposible. Y así en muchas calles donde se derrocha Ja tela azul, la roja y la blanca, como si el que ha de venir fuese el presidente del Paraguay ó la reina Guillermina de Jos Países Bajos. En pocas partes se ven los tres colores combinados en sentido vertical, como es la bandera francesa, sino en sentido horizontal, como es la holandesa ó la paraguaya. Los estudiantes volvieron al ministerio de Instrucción pública y consiguieron cuanto pretendían, incluso ías consabidas vacaciones. La luna no Ja lograron; pero es que tampoco la pidieron. Se constituyó el Senado. Juraron ios IMPRESIONES PARLAMENTARIAS O A L A B R A S Y El j o v e n Sr. Garnica PALABRAS merece nuestra más entusiasta felicitación. A las tres menos cuarto, cuando el señor presidente de Ja Cámara ha pronunciado las palabras sacramentales, no había ningún representante del país sentado en los escaños. No ha arredrado esto al Sr. Garnica: é) ha comenzado impasible á leer el acta de la sesión anterior. Su voz era firme y robusta. Y acabada esta sencilla práctica se ha hecho una larga pausa en el salón. ¿Es que se había dado aquí fin por esta tarde á la tragicomedia cuotidiana? No; de pronto, en el escaño de la Comisión de actas, un señor recio, corpulento, se ha levantado súbitamente, lleno de asombro y de indignación, y ha gritado: ¡Pido la palabra El señor marqués de la Vega de Armijo ha mirado un segundo á este señor, con una de esas. miradas de e nergía que él sólo sabe lanzar, y ha replicado vivamente; ¡La tiene usía hace un cuarto de hora! ¿Por qué el señor marqués de la Vega de Armijo trata á este señor recio de usía en vez de tratarle de señoría, según costumbre? Y ¿para qué pide con tan grandes voces este señor una palabra que hace un cuarto de hora tenía concedida sin él saberlo? Se trata del excelente señor López Oyarzábal, y lo que él desea no es disparar alguna cosa estupenda ante los representantes del país, no promover un escándalo formidable, ni hacer algunas revelaciones inauditas, sino sencillamente retirar un dictamen. No puede darse nada más vulgar y sencillo. Algo de esto quizá desee también hacer el se ñor Gómez Acebo, que se levanta á continua ción; sus palabras breves y apagadas no llegan hasta nuestros oídos; mas nosotros no tenemos motivos para dudar de la rectitud, de la dis-