Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C MIÉRCOLES 18 DE OCTUBRE DE 1905. PAG. de decisión y ha exciamado con voz recia, imperativa, formidable: ¿Se aprueba el acta? Y á seguida mirando con arrogancia á los escaños y á las tribunas, ha añadido con la fiereza de un conquistador: ¡Queda aprobada! Y esta bella é. inusitada energía del Sr. Garnica ha causado un ligero asombro en la Asamblea; el señor marqués de la Vega de Armijo se ha puesto con las dos manos sus quevedos de oro y ha contemplado atentamente al joven secretario. Hará carrera este muchacho debe de haber pensado, é inmediatamente, para dar á entender que la edad no apaga nunca el ardor ni los bríos, y que en definitiva aquí no hay más hombres que los de 1868; inmediatamente ha gritado, con voz más formidable que la del Sr. Garnica; con ademán revelador de todo un carácter: ¡El Sr. Duran tiene la palabra! ¿Para qué quiere el Sr. Duran la palabra? ¿Que va á hacer con ella el Sr. Duran? Y á parte de está, ¿quién es el Sr, Duran? El señor Duran no se ha levantado para reclamar nuestra admiración; sus pretensiones son más modestas. El Sr. Duran no hará ni dirá nada que se salga de lo corriente; él ni tiene energía, como el señor marques de la Vega de Armijo, ni posee una lógica terrible, como el Sr. Azcárate. La misión del Sr. Duran en estos instantes se reduce sencillamente á presentar unos decumentos; no preguntemos qué dicen estos documentos, ni qué se propone el Sr. Duran con ellos. Yo- -dice el Sr. Duran modestamente- -deseo que estos documentos pasen á la Comisión Está bien replica benévolo el señor presidente. Y el Sr. (Barnica, con la misma entonación batalladora de antes, añade: ¡Los documentos presentados por el Sr. Duran, pasarán á la Comisión de actas! Y el Sr. Duran se sienta satisfecho. Ya estoy libre de cuidados- -pensará él; -ya he presentado los documentos. Y dentro de un rato, Cuando su tenue emoción se haya disipado, escribirá una carta al pueblo, en que él contará que ya ha presentado los documentos, que al presidente de la Cámara le ha parecido bien el discurso que ha hecho al presentarlos, y que el señor secretario se ha apresurado á complacerle. ¿Daremos cuenta después de esto del momentáneo y misterioso discurso que el señor García Alonso- -de la Comisión- -ha lanzado á la Cámata? El Sr. García Alonso es un Sntiguo y sencillo amigo nuestro; parece ser que él y otros varios señores- -también de la Comisión- -no están conformes con una cosa inaudita que ha hecho el Sr. Francos Rodríguez. Nada sabemos en concreto; ello es que el Sr. García Alonso, después de pronunciar cuatro palabras, permanece de pie, en silencio, un largo rato, y después cansado de esperar no sabemos qué, acaba por sentarse. Aplaudimos esta súbita decisión del Sr. García Alonso y nos disponemos á escuchar al señor mar qués de Cañada- Honda... ¿Habéis visto estos viejos retratos de viejos caballeros eapañoles que en la época romántica pintaron D. Vicente López, Esquive! ó Leonardo Alenza? Uno de estos caballeros- i- que ya se Van acabando- -es el señor marqués de Cañada- Honda. Se trata del acta de Segovia, y el señor marqués se levanta á hablar. ¿El senór marqués es de Segovia? ¿Tiene en la noble ciudad un vetusto caserón? ¿Hay en él viejos cortinajes, viejas alfombras deslustradas, una ancha escaJera con un blasón enorme en el fondo del rellano, grandes chimeneas con relojes de feroAee descompuestos, un huerto sombroso y húmedo, con unestancjjjg de aguas verdes y muertas? El señor marques de Cañada- Honda viste con elegancia; sus puños son blancos, nítidos; una raya irreprochable divide su peinado; y sobre las orejas se arrebuja una meleníta grisácea, rizada, como las que vemos en los retratos de Salamanca y de Julián Romea. El señor marqués habla breves palabras; no nos interesa lo que dice; lo que nos importa es ei gesto. Y luego, cuando el señor marqués atraviesa el hemiciclo, observamos sus movimientos y hacemos constar, en nuestro interior, que al fin hemos visto un aristócrata, que lo es espontáneamente y sin quererlo. Y en estos pensamientos estamos cuando nos sorprende un sordo murmullo, como el de una melopea, como el de un rezo. Dirigimos la mirada hacia los bancos de la minoría republicana y vemos á un señor que habla en voz apagada, balanceándose hacia delante y hacia atrás. Nos quedamos estupefactos: la oratoria de este señor es la misma del Sr. Muro. ¿Cómo puede ser esto? Sentimos un vago espanto; poco á poco desfilan los señores de la Comisión de actas; en el salón charlan descuidados los representantes del país; los lápices reposan en la tribuna de la Prensa. Y el señor lsabal- -que así se llama el orador- -continúa sosegado en su discurso. ¿No ha sido el señor lsabal un notabilísimo orador en Zaragoza? Lo ha sido indudablemente; nosotros sentimos por él un vivo afecto. Pero los años han transcurrido; las ilusiones de la juventud se han disipado, y ahora, ya con algo de ¿nieve en la cabeza, un poco contristado, el Sr. lsabal ha comprendido que las galas de la oratoria son pompas mundanas, tan efímeras y deleznables como las otras, y se limita aquí, en el Parlamento, á exponer sus ideas sin brillantez, sin ardimiento y sin amenidad. Nosotros, también un poco desengañados, escépticos, nos hemos levantado y le hemos enviado mentalmente, desde la puerta, nuestro saludo. AZOR 1 N la administración, y le ofreció un puesto en el Gabinte. -Yo acepto muy reconocido esta distinción- -dicen que contestó aquel á quien se le ofreció el cargo; -pero tenga usted en cuenta que yo no he desempeñado nunca puestos parlamentarios; que los ministros duran poco en este país, y que me sería muy doloroso, al dejar la cartera, caer en e) olvido. -Eso no sucederá- -le replicó el al p personaje, -porque una de las senadurías vitalicias que en breve han de proverse, será para usted, y de esta manera quedará usted en el puesto parlamentario que su talento y respetabilidad merecen. Conformes los dos, el aludido señor ocupó un departamento ministerial. Y pasó el tiempo; llegó, porque todo llega al fin, el momento de proveer las senadurías vitalicias, y la promesa hecha al ministro no fue cumplida, lo que le produjo una contraiiedad grande y un desengaño amargo. Exteriorizóse este disgusto, y algunos periódicos hicieron alusiones á él, pero achacándolo equivocadamente á discrepancias entre los dos personajes de nuestra historia acerca de ciertos detalles de las importantes reformas en que antes coincidían Mas no era éste el verdadero motivo, sino una oferta que no se había cumplido y un nombramiento que no se había hecho. Era, pues, una de tantas minucias. DE ALACIO palmerales. Según habíamos anunciado, ayer cóñ motivo de ser el aniversario de la muerte de la princesa de Asturias, se celebraron solemnes funerales, á las diez y media de la mañana, en la capilla del Real Palacio. A dicha hora dirigiéronse a la capilla las claN M I N I S T R O Tan antigua como ses de etiqueta. En el lugar asignado á la preDISGUSTADO vulgar se ha hecho sidencia se situaron el jefe superior de Palacio, ya la pregunta de i ¿quién es ella? interrogaseñor duque de Sotomayor; el montero mayor ción aplicada á casi todas las acciones acometide SS. M M i señor marqués de la Mina; el das por los hombres en su diaria lucha por la comandante de Alabarderos, Sr. Capdepón, y vida. el jefe del Cuarto Militar de S. M general La maliciosa curiosidad supone que detrás Bascaran. de cada acto hay una mano femenina que nos En el presbiterio ocuparon sus puestos el impulsa á realizar hechos sublimes ó ridículos, cardenal Sancha y los obispos de Sión, Magrandes ó pequeños, plausibles ó censurables y á caminar por una de las diferentes sendas que drid- Alcalá, Ciudad Real, dimisionario de la Habana, San Luis de Potosí y León. ante nuestros ojos se abren en el mundo. Desde la tribuna baja asistieron á la función Pero esto, que es norma corriente en la vida religiosa la camarera mayor de Palacio, señora ordinaria, varia en la política, en ese mundo duquesa de San Carlos, la condesa viuda de aparte de aquel en que se mueve la mayoría de Toreno, jefe de la casa de la infanta doña Isala humanidad, en esa atmósfera extraña, que es bel, las duquesas de Sotomayor y Santo Maupreciso respirar durante mucho tiempo para ro, la marquesa de Aguilar de Campóo y las que los pulmones funcionen con cierta regulacondesas de la Corzana, Toreno, Aguilar de ridad y para que la vista se acostumbre á distinguir los objetos de la forma y del tamaño- Inestrillas y Altamira. Entre los grandes de España se ñauaban que realmente tienen. presentes los duques de Tamames, Almenara Y sólo entonces se obtiene ei convencimienAlta, Zaragoza, Veragua y Arión; Jos marto de que en esta vida ficticia y convencional queses de Aguilar de Campóo, Peñaflor, Sanno encaja la pregunta de ¿quién es ella? sino ta Cruz, Viana y Quintanar, y los condes de otra que pudiéramos formular así: ¿qué minuSuperunda, Aguilar de Inestrillas y Oropesa. cia es ella? En los funerales ofició un capellán de altar, Porque- buscando con iiaDindaa en ei rondo y la Capilla de música ejecutó la misa de difunde muchos hechos, á primera vista grandes é tos y el Libérame del maestro Zubiaurre. importantes, se descubre la minucia origen de Los responsos fueron rezados por el Obispo crisis, disidencias, conjunciones, arreglos, desde Sión. avenencias y otras mil peripecias que obligan La Real familia oyó mío en el oratorio reá los periódicos llenar columnas de prosa y á servado que existe en las habitaciones que fuelos reporters políticos á pasarse días enteros ron de la llorada princesa de Asturias. con la nariz al viento, los pies sin descanso y El infante D Carlos, que, según dijimos, el lápiz en continua agitación. marchó á El Escorial para oir misas durante la Veamos una de las consabidas minucias: mañana de ayer ante la tumba de su augusta Erase una vez- -y no va de cuento- -un ilusesposa, regresó á las once á Madrid. tre hombre público, jefe de un numeroso parI i n ayudante. tido político, que en cierta ocasión fue llamado á encargarse del Gobierno de una nación. Ayer fue á Palacio el ayudante de Su Majestad, señor conde del Grove, repuesto de El jefe de aquel partido, al formar la lista su enfermedad, la cual le había impedido, hasde los nuevos ministros, acudió á un su viejo ta ayer, prestar servicio cerca de la augusta amigo, que coincidía con ciertas reformas que persona del Monarca, él tenía proyectadas en un importante ramo de MINUCIAS POLÍTICAS U