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ABC. LUNES 16 DE OCTUBRE DE 1905. PAG. 8 beza; guiña un ojo; pone en blanco el otro; castañetea los dientes; escurre el cuerpo y queda tieso. La diñó. ¡Admirable! -exclama el médico de la empresa en primera fila de butacas; -es la muerte por la morcilla municipal; he visto muchos casos; no puede darse nada más exacto. ¡Magistral! ¡Sublime... Todos los personajes se arrodillan y, entre dientes, entonan unas peteneras, pero parece una oración. Telón lento. Algunas señoras se llevan el pañuelo á los ojos. ¿Y á esto venimos al teatro? -exclama uno malhumorado. -A mí me gustan mucho los finales rjatoiógicos, dice otro. -Pues á mí, no; si lo hacen bien, por repugnante, y si lo hacen mal, por falta de verdad, siempre encuentro patateable El Sillón de la muerte en los escenarios. MELITÓN G O N Z Á L E Z ILION LA MUERTE se sabe un Cuando nomorir al cómo terminar de drama, se hace protagonista muerte natural. Es el final más socorrido y más cómodo; no necesita justificarse ni venir preparada la acción desde los actos anteriores, y ningún crítico se atreverá á calificarlo de inverosímil. Nada más natural que la muerte... natural. No hay más inconveniente sino que, al levantarse el telón en el último acto, se adivina fácilmente que vamos á presenciar un caso patológico, puesto que aparece casi siempre un sillón de brazos, alto respaldo, color obscuro y con asiento de cuero, precisamente de cuero, pues á ser de terciopelo ó de otra tela, no dejaría deslizarse el cuerpo del artista llegado el momento de la última sacudida reveladora de que todo acabó. La gente de escenario, en tono zumbón, i llama á este mueble El sillón de la muerte, y, al verlo los artistas en escena, representan en tono cavernoso y tétrico. Si un criado tiene que decir: ¡Cuánto me divertí en las Ventas el domingo pasado! -lo dice afectado y sombrío, en igual tono que diría: ¡Se acaba de morir mi madre! -Es la acción de presencia ejercida por el silloncito. En las primeras escenas con sillón macabro, suele salir por un costado el doctor acompacuantos detalles le sugiera su talento, según la índole de su enfermedad. Ya lo suele decir el ejemplar: Esta escena se deja al talento del actor. En vista de lo c u a l los artistas concienzudos dícese que van á las clínicas y en ellas estudian la muerte por epatitis, cólico nefrítico, cólico miserere ó por cualquiera otra dolencia de que haya de morirse en escena, á fin de figurarla con toda exactitud y hacer el espectáculo más agradable, que decimos. A mediados del acto y entre dos amigos sacan al reo, con ojeras, mal color y todas las de la ley. NOTAS DE ARTE 1 RV 1 NG. El gran trágico inglés Irving, último ejecutor fiel del teatro de Shakespeare, nació á la vida intelectual con la lectura de Ha Biblia y Don Quijote. Estos dos libros fueron, por decirlo así, sus primeros andadores educativos. Vivió por mucho tiempo el personaje de Cervantes en la mente creadora del actor inglés, y hasta que no le halló buen acomodo dentro de sus facultades, Irving no se decidió á vivirle en el teatro. No era extraña á tan piadosa vocación por Don Quijote el respeto que el propio Shakespeare sentía por Cervantes, respeto y admiración que aun sin conocerle, pero con la exquisita clarividencia del genio, bien se transparenta en la obra del dramaturgo inglés El Caballero Jlrmado, y nadie como Shakespeare ejerció tan directa influencia sobre Jrving. La principal característica de este actor fuá la fidelidad en sus creaciones, el respeto á sus clásicos, el cuidado que en la reproducción exacta de la época ponía, lo mismo cuando el lugar de acción era en la antigua Britania, que en la Inglaterra medioeval, que en la Alemania de Goethe, que en la España de Cervantes; de una conciencia artística muy recta, jamás hizo concesiones al mal gusto ni le tentaron los efectismos fáciles. Uno de sus últimos éxitos, clamoroso y unánime, fue el drama épico King Arthur. Dueño de su público, recibió de la corte de Inglaterra altas y soberanas distinciones y mercedes. El ic) de Julio de 1895, al ennoblecer su arte de comediante con la graciosa concesión de un título nobiliario, en memorable fiesta celebrada le entregaron un álbum que contenía más de 4.000 firmas de cuanto significaba algo en el mundo artístico, del que era su más esclarecido embajador. El culto á Shakespeare le llevó á publicar una esmerada edición de su teatro, escrupulosamente corregida y anotada con un interesante glosario de la significación de algunas voces del antiauo inoles. Por amor a Cervantes, en una velada que con motivo del centenario se celebró en Londres, Irving tomó en ella activísima parte. Enemigo de exhibiciones y de ¡ournées de feria, rechazó constantemente ventajosas propuestas, pues sóio gustaba del público que pudiera comprenderle. Por eso trabajó siempre en Inglaterra, á excepción de una breve temporada que hizo en algún teatro de la Améiíca del Norte. Repose en paz en la silenciosa, mansión de Yorick, el eminente trágico Silencio en el público; silencio sepulcral, naturalmente. El enfermo frasea entrecortado y con voz saliente de una tinaja. Le sientan en el sillón del cual ¡ay! no ha de levantarse. Gira la mirada en derredor y ve un personaje cerca del foro. Es el que tiene la culpa de todo. ¡Ah! ¿Estás ahí? ¡Ven... ¡Acércate... ¡Así... más cerca; más... Es el momento en que al paciente se le desborda el afán de las aproximaciones. Quiere que se acerque todo el mundo. La emoción de que habló el doctor no se hace esperar. La eminencia artística estira tres veces la cierna izquierda; hace un molinete con la ca- ñado de un fiel y antiguo servidor ó servidora de la casa. ¿Cómo e n c u e n t r a usted al enfermo, doctor? -El caso no es desesperado; puede vivir muchos años; sin embargo, hay que evitar cualquiera emoción fuerte; esto podría poner término á su existencia en pocos minutos. Al oir esto, los espectadores que encuentren poco deleitosas las escenas de hospital, ya pueden tomar el sombrero y largarse del teatro, pues tengan la evidencia de que vendrá lo déla emoción fuerte y, en su consecuencia, la muerte del protagonista después de una agonía de jipíos, sacudidas nerviosas, estertor y rTnm ¡riMiir noirreuE m u r a