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A B C LUNES J 6 DE OCTUBRE DE ioo5. PAG. 6 I Mi LAS FIESTAS DEL PILAR EN LA GUINDALERA. LOS GIGANTES Y CABEZUDOS SIGUIENDO A LA MÚSICA Y AL PUEBLO EN LA TARDÉ DE AYER i ot üonx pasan tampoco allí de la primera noche. Con la circunstancia agravante de que las que aquí se salvan por milagro, pierden toda su virtud al pasar la Línea y no las tragan los Porteños... p e r o eso no importa. Lo que importa es que las compañías dramáticas y lincas en funciones, que en tiempos de J? s casas editoriales jamás pasaron de cincuenta, llegaron á ser noventa y tantas a establecerse la Administración única, y este dato puede comprobarse como y cuando se quiera... Época hubo en que no pudieron hacerse formaciones de zarzuela porque no se encontraban en ninguna parte coristas disponibles. De modo que los beneficios de la fusión no alcanzaron sólo á los autores con el aumento rapidísimo y extraordinario en la recaudación de derechos, sino á los millares de personas que del teatro viven. Vista la cuestión bajo otro aspecto, resultará siempre innegable- -porque dudarlo siquiera sería cerrar los ojos á la luz- -que los autores libres de deudas (drez á todo tirar, aparte de los socios fundadores) recibían próximamente un 5 por i oo más por economía en la admijiistración, y que los que tenían suspendida sobre sus cabezas la espada del Saldo en contra se ahorraban, además de ese 5, el 12 por i oo acumulado que habían de satisfacer como réditos de las cantidades tomadas á cuenta. Vayan dos ejemplos para mayor claridad, y vuelvo á pedir perdón por la molestia: Supongamos un autor que no debe nada y tiene anualmente de recaudación 8.000 pesetas en provincias y 2.000 en Madrid. Pagaría á la casa editorial por la administración de la primera partida, al i5 por 100, pesetas 1.200 Por la de la segunda, al 2 W. 40 TOTAL. 1.240 Y abonaría á la Sociedad por el primer concepto, al ¡o por 100 800 Y nada por el segundo. Guardaríase, pues, al año pesetas. 440 Imaginemos otro autor que también recauda 10.000 pesetas y debe 20.000. (Era la proporción más general. Este pagaría al editor, por administración, como el otro. 1.240 Por intereses al 12 por 100. 2.400 TOTAL. 3.640 Y álaSociedad, comoelanterior. 800 Sobrarían! e anualmente 2.840 Y como los intereses quedaban perdonados y se le habían de descontar únicamente 2.000 pesetas para amortizar en diez años su deuda, podía hacerse la cuenta, si quería, de que le regalaban los cuatro mil duros y además le daban cada año más de tres mil reales de propina. ¿Se ha entendido esto? Sentiría no haberme expresado bien, pero son tan fastidiosos los números... Por eso he dicho antes, para explicar la bondad de la operación, que si todos me devolvieran lo que con ella han ganado hasta ahora, las obligaciones de la Socie (l) Había bastantes, muchos, que pagaban el 5. dad quedarían amortizadas en el acto. ¿Se quiere mas? Pues hay mas todavía. Las liquidaciones mensuales, la facultad de retirar de la caja diariamente la recaudación de Madrid sin descuento alguno, la facilidad que desde entonces tuvieron todos, tinos y troyanos, para consultar datos, conocer las relaciones de los corresponsales, examinar documentos y, en una palabra, vigilar y cuidar en todas partes las representaciones de sus obras, todo eso había de dificultar en lo sucesivo ventas y préstamos, puesto que, conocidos con la necesaria anticipación los ingresos, cada cual podía atemperar á ellos sus gastos, y sólo pasarían apuros los que se empeñasen en sacar los pies de la manta. A sí, de esta manera, los que, más que por sus culpas por las de sus antecesores, venían amarrados á la férrea cadena de las casas editoriales, quedaron libres, como lo fueron siglos atrás, por la sublime locura de Don Quijote, los forzados del rey que iban á galeras Y en cuanto se alejaron las guardas y quedaron esparcidos por el suelo los eslabones de la cadena rota (aquellos mismos eslabones que habían de figurar al pie de la estatua) no todos, jeso no! pero algunos de los que acababan de obtener la libertad, se alejaron un buen trecho y empezaron á arrojar sobre mí peladillas de arroyo gordas como puños. Caído quedé, y en vano intentaron levantarme los que conmigo habían salido al campo en busca de aventuras, mientras el resto de los redimidos presenciaba tranquilamente la pedrea.