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IIAÑO TRES. NUM E R O- 27 é. -CRÓNICA UN VER- S I M A D R I D 3 D E OCTUBRE. 1905. DE NÚMERO SAL ILUSTRADA SUELTO, 5 C É N S CIONÍCA POLÍTICA H a b l ó s e no ha muchos días, de una sesión parlamentaria en honor del señor Sagasía; tributo debido al recuerdo del quct- ído y difunto jefe p o r el partido l i b e ral. La noticia pareció natural y lógica á la opinión pública. Son las actuales C o r tes las primeras que los libérales reúnen después del fallecimiento d e su antiguo y benemérito jefe, y homenajes semejantes han sido rendidos p o r las parcialidades políticas, siempre que ha muerto el caudiíío á cuyas ói denes lucharon aquellas d u r a n t e largo t i e m p o Reconocimiento d e los servicios, e x pre ióíí d e gratitud, cultivo d e las tradiciones d e la colectividad, afirmación d e vínculos comu) íes entre los individuos que forman p a r t e d e la inisma, esos actos r e velan sentimientos cuya robustez viene á ser cada día más precisa. E n la actuajidad es, mejor que t o d o eso, una cuestión d e E s t a d o Si bjen s s mira, él lazo que h o y junta, GJn excepción alguna, á todos los clemenr tes liberales, es el d e haber éstos luchado nidos, triunfado, padecido, hecho notables cosas, cometido errores y pasad o p o r muchas satisfacciones y grandes amargaras bajó el mando y dirección d e D P r á x e d e s M a t e o Sagasta. ¡Dudará alguien d e que el nexo d e la mayoría r e clama h o y el uso- d e t o d o cuanto pueda apretarlo! La doctrina económica, social, política, tiene al presente diversas orientacion e s eís el campo liberal; las cuestiones d e personas marcan tendencias no menos distifttasj las disposiciones y conducta del Gobierno son apreciadas d e diferente manera desde cada grupo d e la mayoría parJameiifaí- ia; la autoridad moral del jefe del G o b i e r n o presenta multitud d e gradaciones y matices al pasar p o r las filas d e aquella, como un pálido rayo d e sol que pasa al través d e una vidriera d e varios colores. La necesidad d e la defensa agrtipa y agrupará p o r algún tiempo; el p o d e r o s o instinto d e conservación suplirá la élkacia d e la disciplina; p e r o la cohesión espiritual habrá que buscarla p o r t o dos Jos medios útiles y él anunciado és- uno d e ellos. Ciertamente Sagasta merece el h o m e naje. A medida que el tiempo piasa, su p é r d i d a es más sentida. Los que fueron correligionarios suyos le nombran á diario; recuerdan su tolerancia, las simpatías que inspiraba, la confianza que infundía p o r stt profunda adhesión a l a causa d e la libertad, y los servicios que prestaban al progreso d e las relaciones entre los partidos su flexibilidad y su paciencia. C o m paran y d e la comparación surge más fresMENAJE E h AH OSAGASTA ca y grata su memoria. P o r eso es un buen atornillador para los flojos resortes d e la mayoría. ¿E n que forma se ha d e verificar la s e sión? H a y muchos precedentes, y según prácticas d e todos los partidos, cada c o lectividad que no ha negado su tributo ha sido representada p o r alguien que ha manifestado los sentimientos d e la misma respecto del muerto ilustre. C o m o se lleva al sepulcro sobre un armón d e artillería el cadáver d e un aguerrido general, así la memoria d e un h o m b r e que luchó denodadamente p o r el régimen parlamen- tario y honró la tribuna con su palabra, d e b e ser ensalzada desde la tribuna p a r lamentaria. Estos funerales nunca son tardíos, ni inoportunos. El asunto se r e duce á que las honras se hagan con b u e na voluntad. Al Gobierno y sobre todó á su jefe habrá d e corresponder la dirección d e las mismas, si es que se llevan á ei cto. D e esa s u e r t e quedarán d e manifiesto el espíritu del partido y la gratitud d e todos. MANUEL T R O Y A N O A las sesiones d e las Cámaras acudió poca g e n t e Parecía que iba á tratarse en ellas d e los presupuestos ó d e algún p r o y e c t o d e trascendencia para el país. E l público se reserva para cuando haya trapatiesta gorda con injurias d e grueso ca libre. Continuó el desfile d e las tropas p o r haberse reanudado los ejercicios militares d e los días pasados; el tiempo fué bueno y la temperatura más benigna que la del día anterior, marchando á Zaragoza los jóvenes orfeonistas madrileños, y p o r último, se supo que el Yivillo y su famosa partida siguen sin novedad campando p o r los montes andaluces, noticia que interesa á mucha g e n t e tanto ó más que la que sobre el cólera p u e d e n enviar d e Berlín, AEMECE IMPRESIONES PARLAMENTARIAS I- A ELEGANCIA. La más estupenda no vedad que se ha ofrecido á nuestros ojos ai discurrir por la Cámara populares el broche maravilloso, deslumbrador, cuajado de brillantes enormes que el Sr. Junoy lleva eñ su corbata. Esto es verdaderamente insólito. Se recordará qtie el Sr. Junoy comenzó por causarnos un vago horror en la pasada temporada; luego, durante un breve interregno, el señor Junoy estuvo en París, vio los elegantes pasear por el Bosque de Bolonia, frecuentó el restauran! Riche, conferenció con los más acreditados sastres... y á su regreso á Madrid apareció una tarde en la Cámara popular causando la estupefacción de la minoría republicana, de la mayoría, de los secretarios, del Presi dente, de los vicepresidentes y de los que des de las tribunas- atalayamos el espectáculo parlamentario y sentimos el secreto despecho de no poder tomar ninguna p. arte en él. El Sr. Junoy resultaba al fin más elegante que el Sr. Ortega sus pantalones eran irreprochables; sus corbatas estaban flamantes; sus botas refulgían... Y ahora, en estas Cortes, nuestro querido amigo ha dado un paso más en su transformación. Ya es popular y clásico en la Cámara su broche de brillante -Ayer mismo- -nos decía confidencialmente el Sr. Junoy- -fui á una sombrería ácomprarme tres sombreros. La sombrería. -agregaba- es la misma en que se sirve Luis Moróte... Luis Moróte: -el correcto geñtleman- -quiso dat una prueba de la simpatía que esta regeneración indumentaria del Sr. Junoy le inspira, y le condujo ante su sombrerero. El señor Junoy eligió tres sombreros; no mostréis espanto ante esta cifra, vosotros los que, coinc el cronista, no poseéis más que uno. -Los tres sombreros- -proseguía el señor junoy, ya con cierto lejano dejo de amargura; -los tres sombreros me costarofi 75 pe- setas. j Nos hemos quedado mirando estupefactos al Sr. Junoy. Ya no cabe dudar de que este excelente amigo nuestro es otro hombre; No hay nadie, en efecto, entre ios nuevos diputados que reúna en su persona, como el señor Junoy, este don inapreciable, sutil, delicado, maravilloso qlte se llama elegancia. M A Í M I D ALDI A os aragoneses, que son muchos en M a drid, celebraron ayer la fiesta d e su excelsa Paírona modestamente, tranquilamente y en familia, p e r o en familia íntima, que ellos sólo saben constituir, aventajando á todas las demás regiones en lo de saber unirse y mantener ivo el fuego del amor á la patria chica. Continuaron a y e r los incendios. La razzia d e siniestros d e este género se inició anteayer, y sabido es que las catástrofes suelen inicia fse p o r temporadas. Esta observación ha sido pocas veces, desgraciadamente, rectificada. L o mismo ocurre con los descarrilamientos. Pocas veces se ha registrado uno solo, aislado. P a r a los que no hay excepción es para los automóviles. Sus estropicios no t i e nen paréntesis. De- uno por lo menos da cuenta el telégrafo diariamente. Acerca del último g o r d o ocurrido en Bilbao, se supo ayer que los autores, unos empleados del garage d o n d e el automóvil es- taba depositado, habían sido encarcelados, y como no siempre se hace ¡o mismo, se preguntaba la gente si entre los homicidas p o r laf- i- af los hay también d e primera clase: y d e tercera. S e comentó mucho la noticia telegrafiada desde Roma, anunciando que D o n Carlos, el eterno P r e t e n d i e n t e renuncia decididamente á la mano d e D o ñ a L e o iior, esto es, á sus pretendidos derechos, reconociendo la dinastía reinante. La n o ticia es un poco tardía. M á s oportuna hubiera resultado hace un mes, cuando apenas había asunto d e qué tratar. E n tonces e n t r e negar y afirmar habría habido tela cortada para unos dias. I