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SUSCRIPCIÓN PAGO A N T I C I P A D O POR CADA MES P U B L i CI D A D S O L I C Í T E N S E TARIFAS Anuncios económicos. Reclamos. Anuncios por palabras. Noticias. Informaciones. Administración: 55, Serrano, 55, Madrid España, pt 1,5o. Portugal, pts. 2 Unión Postal, 2,5o francos. administración: 55, Serrano, 55, M a d n a N. 275. M A D R I D J U E V E S 12 D E O C T U B R E D E 1905 NUMERO SUELTO, CINCO CÉNTIMOS EN TODA ESPAÑA N a o a a i NumuM aenMm ABANICOS, SOMBRILLAS Y PARAGUAS El público debe saber lOt que todas las tarjetas postales de gusto y originales llevan esta TF. RA, 32. Teléfono 1.555 marca, propiedad de la CASA THOMAS, SEVILLA, 3, Madrid, quien envía Catálogos con DE MUEBLES los precios AL Acíuajiííante la casa de moda en Madrid POR MAYOR á l iriOíi Ijion íiprovof hados serán los do quien venga á ver niicslí as coloccionca de iniieljles. ¡Cuánto gozará al hallar lo todos los NEGOqiic deseaba! Tan completa es la exposición de objetos de coCIANTES que lo modidad y de hijo. Bcspecto á precios, nos liinitanios á recordaí la fama que nos otorgó el gran público de Madrid. pidan. r; l ara qu 6 decir más? ¿Y por qné decir menos? d e li iJímasstU l y S: nHin J Ü e g í l I i l t O S ÓD J. íj 12 II tt M. DE DIEGO MONTERA, 5 Teléfono 1.852 Novísimo niclodo de la lectura por la escritura, por D. Ángel Rodríguez y Alvares, profesor de la escuela gradúa da do Las Palmas (Gran Canaria) Siendo el primero de su género publicado en España, original en su esencia, nuevo en forma, esmciada su confección y irniij barato su prcrio, resulta un libro que todo maestro debe conocer y adoptar. l rocit s: Primera p. irte, O fO céntimos; segunda ídem, O, ñüídem; tercera ídem, 0,50 ídem. Véndese cu todas las librerías y en casa del cdi tor D. Agustín Háncho í íeri a íilÍa (í; 5 k ei eí i) Alpor mayor venlajosús descuentos. Relojes, 5 ptas, Helojitos, S, Moiile IJcnéfico iontera, í 2, prai- vcncidasocasión. Muiiíi líen. SoiEÍer; s. 12. í; -r: 5i. Linos á dc- r d. nOfl pesetas garaiil ii! (i: Ideu) con patente de ir. ví- iif Ü de mandolinas. Ave i l; iria. A) fábrica de Víclor P f íilOllñ COMPRO l y i l l l i l l i y Peiigroi. 5, pl iíUM I E CxLlCEROFOSFATO DE CAL CiU dSl) TAL, lÜM TERPTNOL Y HEROÍNA, 2 TESl rAS f HASCO Es la ¡irepa. racinn má. raeioiKil y eic- ntilii- a p, -v; i curar los aíai I DS crónico. tuberculosis en su priiuei y segundo grado, las toses recientos, la lirm ri. mi. -a, la doi ilidad en cener; 1. lie venta en. todas la. s botica. liSiSíiss síü. orio íntáinsií o 1 1 si. ná. r, f- a 55 íoi Vt- e. irúai. JÍ) -y Ai- í- áíSiS. 35. 2 l 5 VÍÍ; 4 C U 8 BISLÍOTECA DE A B O) EL ROBO DE UN INVcNTO J 4: quiere ustca acompañarme á mi choza, que no esta muy distante, se lo p o d r é enseñar. Ernesto HoHoway consintió gustoso. Veía ante si ¡laa ocasión propicia para lucirse y no quería desperdiciaría de ninguna manera. Pasó, efecti i a mente, el tren á que se había referido el guarda, y el periodista se dispuso á seguir al guardabarrera. Anduvieron un corto trecho, pues la choza estaba muy p r ó xima á la caseta, y una vez que llegaron á ella, el viejo guardián le enseñó el tosco modelo que había inventado. Este consistía en una pequeña máquina de juguete, movida p o r un aparato de relojería, montada sobre dos raíles de acero; debajo de la locomotora había un fuerte gancho de hierro sujeto por un tornillo y colocado horizontalmentc. E n t r e los railes había una larga varilla de acero, apoyada en un eje del mismo metal y movida por una palarica que quedaba fuera de la vía para que el guarda agujas pudiese maniobrar sobre ella en momento o p o r t u n o El viejo, sumamente complacido y muy orgulloso de su invento, se lo mostraba al forastero, explicándole los menores detalles. -S u empleó es muy sencillo- -decía. -Suponga usted que el guarda ha hecho ya todas las señales para indicar el peligro y que, á pesar de eso, el tren no se detiene; pues bien, no necesita rnás que levantar esta palanca en la forma en que yo lo hago ahora, y entonces el aparato empieza á funcionar; figúrese usted que el tren marcha á toda velocidad; los raíles se levantan, el aparato se eleva al mismo tiempo, y la máquina, si no retrocede instantáneamente, p o r lo menos aminora mucho su velocidad y puede d a r lugar al maquinista y al guardafrcno para dar contramarcha y para detener el t r e n E r n e s t o e cuchaba aquellas explicaciones con suma atención. -E l único defecto que yo encuentro á este aparato- -dijo- -consiste precisamente en que e! tren no se detiene en el acto, y hasta pudiera ocurrir que, dada la velocidad, a tropezar con un. cuerpo cxha. ño sobreviniera un choque y ¿se lugar á un percance mác; lamcistable qire el auc tratnh- dv: evitar. -Es que aciuí contenv usted el fenómeno en un ¡iiguele cosa, y yo le aseguro á usted que me procuraría cualquiera erra ocupación menos ésta. -Supongo que debe usted haber tenido algún pjicaiicc desagradable- -exclamó Holloway fijándose en la pierna de madera de su interlocutor. -Sí, señor; hace ya de esto muchos años; era yo p u rda en dicha ocasión y estaba á punto de ser ascendido. ¿No a oído usted hablar de la catástrofe de Soningíord? -N o señor; no tengo la menor idea, -P u e s me extraña muchísimo. -N o tiene nada de particular, porque entonces sería usted muy joven. -B u e n o ¿pero que es lo que sucedió? -E s t a b a detenido un tren en la estación de Soningford; otro tren entró á toda velocidad por la misma vía y chocó violentamente con el primero, incrustándose la locomotora del que entraba, en el vagón de cola del que estaba parado. Yo tuve la desgracia de encontrarme en dicho vagón, y no necesito añadirle á usted más sino que de resultas de aquello estuve mucho tiempo en el hospital y salí de allí con esta pierna de madera. -E s o debió obedecer- -replicó E r n e s t o- -á que el encargado de hacer las señales no las hizo oportunamente. Su deber consistía en no dar entrada al segundo t r e n -N o fué eso, no señor; colocó el disco en debida forma, agitó la bandera que correspondía, pero el maquinista prescindió de todo y se lanzó como una exhalación en la vía. -C r e a usted que no lo comprendo. -E s bastante difícil de comprender; pero es muy cierto y desgraciadamente ocurre con mucha frecuencia. -Sí ocurrirá; p e r o el hecho no tiene explicación lógica. -E s necesario llevar mucho tiempo en este tráfico para ex pilcárselo. U n maquinista que está acostumbrado á tener el camino expedito, noventa y nueve veces por cada ciento no se fija siquiera en las señales de la vía cuando se trata del servicio normal, pues calculadas las horas de llegada á las estaciones y los puntos donde se verifican los cruces, no debe en realidad preocuparse de nada más. En esta despreocupación e s l r b a c 5