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H A Ñ O TRES, NUMERO 272. CRÓ- RID, 9 OCTUBRE DE 3905. NICA UNIVERSAL ILUSTRADA. selas por montera, cobrando lo que les viene en gana por las localidades y encima ultrajando, si no agrediendo, al candido espectador que acude á ellos. El ntramos hoy en la semana que ha de gobernador civil ha prometido meterlos ser fecunda en acontecimientos par- en cintura, pero ya verán ustedes cómo lamentarios. No se le llama de otro modo se salen de ella. Dejarían de ser lo que porque sería pedir cotufas en el golfo. Se son. La autoridad que logre cortar los reunirán aisladamente mayoría y mino- abusos de empresas y revendedores merías, habrá en ellas los consiguientes dis- recerá una estatua del pueblo agracursos empedrados de buenas intencio- decido. nes, como dicen que lo está el infierno; La corrida fue sosegada. Hubo amagos se abrirán las Cortes y comenzarán amde escándalo ¡la nostalgia, sin duda! Pero bas Cámaras su lenta constitución, discutiendo actas y sacando á relucir los tra- ya que no hubo espectáculo de ruido en pillos sucios que á unos candidatos les han la Plaza de Madrid, lo hubo en la de proporcionado el triunfo y á otros la de- Tetuán, para que se sepa que allí tamrrota, procurando hacer buena la frase bién sabe la gente hacer lo suyo y si se de JVtoret en Cádiz, de que hace trienta tercia superar á la de aquí. En la prevención dio con sus huesos un años que no se gobierna para España ni exaltado que entró en la iglesia del Carse legisla para el país. Es predicar en desierto llamar la aten- men dando ¡vivas! á Salmerón y á Castelar ción sobre la trascendencia de las funcio- cuando los fieles oían misa con toda denes constitucionales que van á ejercerse. voción. Los gritos, por lo que se referían Nosotros mismos incurrimos en lamenta- á Castelar, eran caritativos, puesto que se ble rutina al invocar los sagrados inte- pedía en ellos que viva el que, desgraciareses de la Patria en vísperas de reunirse damente, no puede hacerlo; pero, con unas nuevas Cortes. Es el cliché estereo- todo, el irreverente demócrata, luego de tipado de todas las ocasiones semejantes. causar el asombro de los devotos, tuvo Desde la restauración acá lucha la Pren- que ir á dar cuenta de sus gritos a! Juzsa lo mismo, tantas veces cuantas se ha gado municipal. De política no hubo nada. En el salón abierto el Parlamento. Desde la restaude Conferencias del Congreso, grupos ración acá se ha venido usando de la sobadísima y hasta cursi frase de la Pren- de diputados haciendo calendarios, y en sa, esa palanca, etc. y esa palanca no el de sesiones, Romero Robledo y sus ha removido nada, ni nada ha transfor- amigos escogiendo sitio para la próxima mado. Desde la restauración acá todas las temporada, creyentes como son de la máCortes constituidas han terminado por xima árabe de siéntate y espera y de disolución, y ninguna de muerte natural. la cristiana de á quien madruga Dios le Diríase que al cabo de los años mil, el ayuda Los albañiles también se reunieron en régimen no puede, ni sabe, ni quiere conCongreso. Hubo desfile militar por la solidarse. Sucederá, pues, lo que ha sucedido ya plaza de Oriente. Llegó Moret de inaurepetidas veces. Se perorará recio, se for- gurar la estatua que en Cádiz se le ha mularán protestas de patriotismo- y hasta erigido á Castelar entre palmeras y en se harán firmísimos propósitos de enmien- actitud de coger dátiles. Y no currió da; pero el país, cuyo nombre se invo- nada más. Nada que no sea testimonio de cará un millón de veces, seguirá minado que vivimos en el más feliz de los mundos por terrible escepticismo, de cuyos es- ó la más dichosa de las villas coronadas. AEMECE tragos no es él el menos culpable, dudando hasta de sí mismo. Porque es la amarga deducción del examen de la realidad. Hace treinta años no se goi ierna, no se legisla; no hay Go- 1 ector: los días invernales van á ¡legar; venbiernos, no hay Parlamento; pero ¿hay, drán los fríos; caerán melancólicamente ¡as hojas de los árboles; desaparecerán ¡as flopor ventura, país? SUELTO, 5 CÉNS. rededor y no les es posible gozar de ia belleza, ni de! amor, ni de la salud, ni de la fuerza, puesto que ellos tienen la juventud al final de su vida y mueren, sin añoranzas, sin remordimientos, en pleno gece de todo lo bello, de todo lo intenso, de todo lo voluptuoso. Estos amigos, no están como nosotros encadenados perdurablemente á la tierra, sino que tienen el pleno disfrute de la Naturaleza entera, sino que saltan, trepan, vuelan, corren, nadan, bucean, se deslizan sobre las aguas. Estos amigos, lector, son los bombilios, los acridios, los dípteros, los melitóñlos... Démosles nuestro adiós; ellos son los felices. En el tiempo cruel que se a ecina, unos desaparecerán para siempre de la vida, otros permanecerán aletargados, hasta ¡a nueva primavera, bajo una piedra, en la hendidura de un árbol, en él agujero de un muro. Y entre todos estos amigos, existe unos á quienes con especialidad deben ir nuestras afectuosas simpatías. ¿No adivináis que se trata de las arañas? ¿Hay ser más universal sobre el planeta? ¿Hay ser que se halle, como éste, en todos los lugares, bajo todas las latitudes, disperso por las más encontradas regiones, en las casas, en las campiñas, en los árboles, bajo las aguas? Las arañas lo llenan todo: la teniza construye para su habitación un pozo guateado de fina seda; la argironeta habita en d fondo de los estanques metida en una diminuta campana; el saltador escénico- -á quien deben imitar nuestros actoies- Corre y salta con maravillosa desenvoltur? por las puertas y las paredes; la tejenaria, amiga del hogar, modesta y sentimental, nos acompaña en nuestras tasas, desde su rincón, en las largas horas de tedio... La araña es solitaria y sin piedad: los sociólogos que estudian las sociedades de animales- -para que nosotros nos miremos en ellas- -se escandalizan un poco ante eitos seres que, á pesar de su feroz antisociábilidad, son los más fuertes y ios más universales del mundo. ¿Podrá darse una vida más voluptuosa y más intensa que la de una epeira? Vosotros la conocéis: la epeira tiende su red urbic. ilar en las ramas de un arbusto; después, ella construye entre dos hojas su yaciga, y allí espera á que caiga en las finas mallas una víctima. Y lo que no sabréis es que esta araña advierte la presencia de una presa en la red, no por su vista penetrante; como vulgarmente se cree ni por su oído, sino por un hilo sutil que desde la red marcha á ligarse en una de sus patas y que instantáneamente le transmite las trepidaciones de la malla y la saca de su estupor... Saludemos, cuando ios días invernales se acercan, á estos amigos nuestros; arácnidos, acridios y bombjlíos acaso crean, con más razón que nosotros hace dos siglos, que el mundo ha sido fabricado para ellos. AZOR IN E uen domingo para la gente que descansa, como descansó Dios, el sép timo día, después de seis de trabajo. Cielo azul, sol espléndido temperatura deliciosa, corridas de toros, funciones de teatros y profusión de cosas más aunque ninguna de magna importancia. Sobre el tapete estuvo la cuestión de los revendedores que á ciencia y paciencia ele las autoridades siguen poniéndo- B res de los caminos y de los prados, y con las hojas y con las flores se marcharán unos amigos nuestros que han vivido en los bochornos abrasadores del verano. Despidámonos de ellos: dediquémosles un recuerdo antes de que las labores parlamentarias nos obsesionen. Estos amigos son unos seres diminutos, nerviosos, vivarachos, pintorescos. Estos amigos podrían causar la envidia de nosotros, los que vamos á pasar la invernada en Madrid, puesto que no tienen pulmones y no atraparían las- pulmonías que nosotros quizás cojamos. Estos amigos no pueden, en los años tristes de la veiez, ver cómo el mundo es siempre nuevo en su EL GENERAL SEGURA T o n Enrique Segura Campoy, genera! de división, ha fallecido casi repentinamente en la noche del sábado, en Cuevas de Vera, su pueblo natal, en donde se hallaba desde hace pocos días buscando alivio á sus dolencias y descanso á sus fatigas... Con estas palabras nos transmitió el telégrafo la noticia de su muerte inesperada, de la muerte de uno de aquellos hombres que en la manigua cubana sufrieron tedas las angustias, todos jos dolores que tortura, on a nuestros