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SUSCRIPCIÓN PAGO A N T I C I P A D O POR CADA M E S España, pts. i,5o. Portugal, pts. i Unión Postal, 2,5o francos. Adminístración: 55, Serrano, 55, Madrid N. 269. M A D R I D V I E R N E S 6 D E O C T U B R E D E 1905 NUMERO SUELTO, CINCO CÉNTIMOS EN TODA ESPAÑA s DESNATURALIZADO PARA QUEMAR COMP. DB: ALUMBRADO A BASE DE ABC i PUBLie 1 DA D SOLICÍTENSE TARIFAS Anuncios económicos. Reclamos. Anuncios por palabras Noticias. Informaciones. Administración: 55, Serrano, 55, Madrid 90 CENTS, IITIIO. PRECIADOS, 9 El más económico y mejor. Hay salones y habitaciones independientes de 7 k 50 pts. mensuales. Se recogen á domilicio, responclieiido de roturas y de incendios. ljlí AKlTOf 5i, Í 5 F ¡iii 4 io íe V e n i a s ie i i i i i e l t l c s El público debe saber que todas las tarjetas postales de gusto y originarVlONTERA, 51 les llevan esta Teléfono 1.852 marca, proniedad de la GASr TROAcademia de Derecho MAS, SE VíLLArdS En isía del éxito obtenido el curso anterior, que todos los Madrid, quien en alumnos que ingresaron en esta Academia fueron aprobados, algunos con nota, llevando siete y ocho asignaturas, se reanuvía Catálogos con da la preparación para el presente curso. 4 s siilos precios AL t e i i i o s y e x l v i í i o s -S I I i V A 10 y 4 2 2. i z t t d a POR MAYOR á todos los NEGOCuerpo Jurídico CIANTES que lo Academia para próximas oposiciones dirigida por D. Robustiano González Bocos, Abogado del Estado, y D. Emilio de la pidan. Cerda, Teniente Auditor del Cuerpo Jurídico. Para matricula y condiciones, dirigirse al Sr. Bocos, Monte- Esquinza, 9, 2.o GUARDAMUEBLES Academia Preparatoria para el ingreso en la escuela especial de Ingenieros Agrónomos. Preparación de Matemáticas por 50 pías, al mes. Dior. D. Germán Roda, Ingeniero Agrónomo. í. i i. 5 ¡í. o Do. 2 n, o r í í j n pesetas se toinarán ü t U U U por un año, dando! 0 pías, de interés mensual por trimestres adelantados; verdadera y suficiente garantía. Lia, Correos, céd. n. o 2 li) 2. 140 BIBLIOTECA DE A B O) L PRECIO DE UNA VIDA I ij -Oye, Glady- -exclamó cuando ésta hubo terminado; -colócala aquí, muy cerca de mí, para que yo pueda verla y tocarla siempre que quiera. Glady lo hizo así y colocó la bandera junto á ¡a cabecera de la cama. Cuando aquella noche acudió el D r Vyner á la casa con objeto de hacer su acostumbrada visita, no pudo ocultar su gozo al enterarse de lo sucedido. N o t ó que el enfermo se encontraba muchísimo mejor y salió muy bien impresionado de su visita. ¿C ó m o encuentra usted á mi padre? -le preguntó Glady. -M u y bien; esto va por muy buen camino. ¿D e manera que ya podemos tener esperanzas? ¡Ya lo creo! La medicina que ha traído usted esta tarde era la única que podía salvarle. Además, ha tenido usted la oportunidad de traerla á tiempo, porque de tardar dos días más, quién sabe lo que hubiera podido suceder. ¿Y qué es lo que debo hacer ahora? -Y a nuestra misión es muy sencilla: mucho so U go, mucha tranquilidad y dejarle que se recree constantemente con la vista de su adorada enseña, que ella se encargará de restablecerle por- completo en un plazo brevísimo. Se cumplieron los pronósticos del doctor en todos sus puntos. El comandante Ashford mejoró por completo, arrojó de si la melan. colía que le había embargado, y á los pocos días volvió á hacer su vida habitual. P e r o él consideraba demasiado preciada aquella reliquia para tenerla á su lado constantemente, y se puso á cavilar en qué lugar la podría colocar que fuese más digno de ella. P o r fin discurrió que no podía encontrarse en sitio mejor que en la catedral, y después de gestionarla oportuna autorización, obtuvo ésta, proporcionándole el permiso un nuevo motivo de alegría y de contento. El día en que e! glorioso trofeo fué trasladado, la ceremonia se celebró con gran pompa. Asistió el clero, entonáronse sagrados himnos y el estan- El joven, mientras tanto, había dado ya comienzo á su relato, y miss Ashford le prestó toda la atención posible para no p e r der ni una sola sílaba. Había pasado cerca del salón de ventas, y acometido de re pentina curiosidad entró á presenciar la subasta. -N o llevaba intención de comprar nada- -dijo, -pero aquellos granujas estaban vendiendo una bandera que se había hecho gloriosa en la g u e r r a y un trapero sin entrañas que había allí quería atrapar en sus garras á una señorita que á t o d o trance quería rescatar la enseña. -N o concibo semejante empeño. ...niiss Ashford le prestó toda la atención posible...