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P- l L) U 4 J UB T II1 P M W I 4 bLU- VlUa Jerónimo al y l jcn podemos darnus por contínto como ellas, con uti p j r o p i l l o i n i- ú mtzMQv oporiuno, cgradeciendo ú la Providencia que no nos insulten ó calumnien Eoljmentc or pasar el rato. Y Jo peor no es esto. Que no e fijín en lo que decimos, ni recuerden las campjiiat (como ahora se dice) encaminadas j propa ar ideas nuevas, los honrados hurgucses, las nj iai h i r é r i c a s ó Jos infcJlce gobcrnanrcs, no tiene nada de e x traño. L o inaudito es que Jos mismos p r o p a g i lid islas y cuantos tienen el deber de esiudiar Jos grande problemas sociaJ í i no lean, ó bien (y dsto es más grave) olviden Jo leído. Prueba plena. Y o tengo una profunda simpatía hacia un popular escritor que adoptó como seudónimo el que m puso en la intimidad el insigne padre l i t e rario que dio fama al personaje novelescO DiKtcr Miquis, en vez d Tauíio. me Mama casi siempre GaMós, y claro e i que considero como parientes ¿todo 3 los Miquis del mundo. D i g o csio para que se comprenda con cuánto gusto leí ca una ReviFta, hace muy pocos días, un articulo titulado: JJÍS niños anormales. E l tal problema pedagógico preocupa ix todos loa médicos y maestro y Ji. M quity en su breve trabajo periodístico, hace resallar los estudios de aJgún que o t r o escritor e kfranjcro, citando 1 9 conclusiones presentadas por Pablo Strauss a Congreso de cjsistencia de Burdeos en i g o í y a ñ a d i e n d o ¿C u i n i o t a i daremos nosotros en hacer algo de lo que en esas Conclusiones se aconseja? M u c h o tiempo indudablemente; nos andamos aún con los discursos eruditos, y si para las naciones hubiese clase especial de retardados, á ella habríamos de ir nosolros por derecho propio. Conforme de toda conformidad, y yo seré el primero en matricularme í i me siguen los atacados de asienopia, los que no Si fijan, los que tienen ii gala no Jijarse en lo que se hace en España. U n curso entero ha estado discutiendo la Sociedad Española de H i g i e n e este singular problema, y claro es que se han pronunciado amenos y eruditos discursos, pero al fin, se han votado unas conclusiones, se han presentado unas ba: ies para k reforma al Gobierno. Y o mismo las he entregado en propia mano al señor ministro de Instrucción publica, y como dije en A B C cnvüdolas al Congreso de Lieja. y cieriamenTc no son peoras ni mucho menos que las de nuestros vecinos. ¿Que no se hará nada? j Y qué le vamos ú hacerl como decía Cánovas. Culpémonos todos por no interesarnos ni poco ni nada en que se cumplan las leyes votadas en Cortes, como la de P r o tección á la infancia, que mereció elogios del propio Rou sel, autor de la francesa, pero no presentemos i España tan dcs amparada de honrados y obscuros trabajadores, dignos de respeto, ya que no de admiraciónY mire lo que son las cosas, mi buen Mii ¡uií: y o luce mucho tiempo, me he ocupado de lomar por mi cuenta algunos L M O h LIM hTQ AU E T DC n O H f- M U JUKN D i L U I l M i U H O O IKAUOUlfAtlO FL I. DEL MUCIfTO b N LA BATALLA DE CítíCí F d llMlLq ri- LnjMii ACTUAL convicción respecto á b suerte que ha de caber ú Cita lín? 3 f. En vano algún amigo cirJAoso ó individuo bcn ¿volo i c c i f o r a T Í en decirme quE hi ha leído y haita s j horeaéo (cosa que ú ios que c i c r ¡b! m o j nos laht muy hjcn) fcl dtindome por mi humíJdc trabajo. Y o continuaré creyendo que si posaron sobre 1 Jos ojos lo hicieron de pasada recreando la mirada con la parte rííica del periódico y guardando un vago reccicrdo d e- l o escrito. Pasamos con nucíIros arrí ulillos por esos mundos, como bs scAoras vistosas por la Carrera de San