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j AÑO TRES. NUMERO 268. CRÓNICA UN 1 VERSAL ILUSTRADA. ABC no y contrarrestar el guDernamentaiismo del ejército regular y numeroso del señor Maura. Pero incompatibilidades antiguas y fuertes de importantes villaverdistas con individuos de la mesnada del expresidente del Congreso, y aun con él mismo, hacen la alianza difícil y poco probable la unión. -La afirmación de la personalidad y misión propia del grupo aleja la posibilidad de interesantes escaramuzas y maniobras estupefacientes con que ya soñaban los aficionados á este género de espectáculos. La necesidad de probar en el procedimiento, como en lo sustantivo del programa, un espíritu positivo y práctico, retraerá de escarceos que sólo conducen á perder el tiempo. Aunque padezcan la amenidad y variedad de las sesiones de Cortes, la comidilla preferente de Jos círculos políticos en estos días lleva pocas trazas de guisarse. MANUEL TROYANO B ¿MADRID; 5 DE OCTUBRE DE i 9 o 5 NÚMERO, SUELTO, 5 CÉNS CRÓNICA POLÍTICA OMIDILLA PUESTA La actitud beC AL FUEGO ücosa en que se presenta el Sr. Romero Robledo, es la correspondiente á su temperamento y su carácter. Sirve de negación á los rumores circulantes sobre su estado de salud, y viene á ser protesta anticipada de la oposición templada, seria, gubernamental que el Sr. Maura se propone hacer. El Sr. Remero Robledo es el primer jefe de guerrilla de nuestras Cortes. El Sr. Maura aspira á cumplir en ellas la misión de un general en jefe que organiza, disciplina, adiestra á su ejército para que haga la guerra en grande, con arreglo á objetivos bien determinados y á planes debidos á una eficaz combinación. El arte dei primero de dichos señores es más español y pintoresco; el del segundo, más moderno y racional. Nadie puede representar mejor que el ilustre diputado por Antequera el viejo sentido político de la Restauración, así en la oposición como en el Gobierno; nadie debe personificar mejor la rectificación y reforma de dicho sentido que el insigne orador balear, con su frase la revolución desde arriba y su espíritu repelente de lo vulgar y rutinario. En la situación anterior ambas personalidades no chocaron abiertamente; mas no fue para nadie un arcano el hecho de que hubo en los ánimos frecuentes y du- ros rozamientos. La diferencia de criterios y de conducta se tiene que señalar en la oposición mejor que se marcó en el poder. Entonces haí a de común cierto interés de defensa; ahora no hay nada. No volverán uno y otro señor á caber juntos en la mism r situación política. Hoy el Sr. Maura acaudilla la hueste más formidable que dentro del Parlamento español ha acaudillado quizá político alguno. El Sr. Romero Robledo cuenta sólo con una modestísima escolta, la cual ni aun merece el nombre de guerrilla. Natural es, por lo tanto, que aspire á ponerse al frente del grupo villaverdista, que por la calidad del personal que lo forma, todavía más que pqr su número, significa un vigoroso instrumento de combate. Dicho grupo es un cuerpo sin cabeza; el Sr. Romero Robledo es una cabeza sin cuerpo; la unión de ambos podría dar origen á un muy ágil y fornido combatiente. Con un guerrillero práctico cuaV nadie en el terreno parlamentario, conocedor de todas sus entradas y salidas, gargantas y recobecos, certero en el golpe de nista y en- el ataque, ducho en la sorpresa y en la emboscada, la mencionada fracción podría dar mucha guerra al Gobier- MADRID AL DÍA a fiebre escolar remitió ayer bastan te. Hubo reuniones y conferencias, pero todo induce á creer que no habrá vacaciones hasta que el Presidente Jububet sea con nosotros. Siguió el cacheo por esas calles de Dios y como para rectificar á los encargados de recoger las armas que, de seguro, no habrían pensado en cachear á las mujeres, una desgraciada hizo uso de un arma descerrajándose un tiro en la cabeza. Se reunió la Junta municipal de asociados, ¡no! se reunieron media docena de asociados con el Ayuntamiento para discutir y aprobar el pliego de condiciones de la subasta del impuesto de Consumos, el cual pliego fue, naturalmente, aprobado. Casi al propi -tiempo declaraba el presidente del Consejo de ministros que el partido liberal suprimirá el impuesto de Consumos, pero que esto no puede hacerse en seguida. Ni en seguida ni nunca, si la necesidad de la supresión ha de apreciarse por el interés que los señores asociados de Madrid, industríales, comerciantes y propietarios, muestran porque la subasta se haga en las condiciones más beneficiosas para el vecindario madrileño. A menos que su ausencia implique su consentimiento á echarse ellos solitos la carga que pesa sobre las demás clases sociales de la villa y corte. Los felices mortales que pasean por el Retiro echaron de menos la estatua de Goya, comentándola desaparición, como se comentó anteayer la del Chato de Jaén; pero el insigne pintor no se había fugado. Tratábase sólo de un cambio de domicilio y muy pronto ofrecerá el nuevo en Ja calle de su nombre, donde es de suponer que no hará lo que otros de sus compañeros en efigie que están con la mano tendida pidiendo por amor de Dios la verja prometida. Los vecinos del barrio de San Bernardino disfrutaron el espectáculo de un desfile brillante de coches blasonados, que conducían damas elegantísimas y caballeros con vistosos uniformes al antiguo palacio de los Santa Cruz, donde se celebró Ja boda de Ja bella condesa de Castillejo y el príncipe de Metternich, un verdadero acontecimiento para la aristocracia, acontecimiento y medio, por consiguiente, para los pacíficos habitantes de aquellas calles deslumbradas ayer con esplendideces de corte y entristecidas antaño con los cuadros de miseria que ofrecían los que eran conducidos á San Bernar diño. Cuestiones políticas no Jas hubo y aun cuando se celebró Consejo de ministros y rumores de borrasca, todo parará en que, aunque lo juren franciscanos descalzos, hubo acuerdo perfecto entre los consejeros, incluso los de Guerra y Mari nay que hasta se hallan propicios á rebajar sus respectivos presupuestos. AEMECE COMPENSACIÓN FATAL A yer tarde, en la puerta de la Casa de Cara po, ha ocurrido un pequeño incidente. Era launa y media; el cielo estaba limpio, radiante; sobre el azul se destacaba la arboleda, tupida de olmos y acacias. Yo creo haber dicho que soy un modesto filósofo peripatético: amamos sobre todas las cosas el vagar sin finalidad y sin rumbo. Y en este minuto de sosiego, desde lo alto del puente, de bruces sobre el pretil, la vista se espacía en el panorama del río. Nada turba el sosiego. La vida es fácil y bella -pensamos. -Unas palomas cruzan sobre nosotros, en el azul intenso, con blandos aleteos; una campaníta lejana lanza un son cristalino. Ya hemos comido y nos sentimos optimistas, magnánimos... Y de pronto por el estrecho puente desde el que nosotros atalayamos el paisaje, avanza un tropel sonoro de caballeros. Nos erguimos precipitados: es el Rey que va á cruzar ante nosotros. Os diré que éste es un pequeño espectáculo artístico; puede ser también- -como ha ocurrido en la tarde de ayer- -psicológico. Delante, montados en negros corceles, corren dos ayudantes; luego, detrás, aparece el Rey, con su ros charolado, con su levita de paño azul y con su faja roja. Otros dos servidores reales, con galoneados sombreros en que el sol relumbra, cierran la comitiva... Todos pasan raudos, precipitados. Nosotros los seguimos con la mirada. Y en e) pun to en que la comitiva va á penetrar por el amplio portón de la quinta, observamos, un poco emocionados, el incidente que es objeto de nuestra crónica. No es nada y es mucho. El Rey va á trasponer en este momento el umbral: de pronto un pobre y viejo hombre da un salto y se lanza sobre el caballo regio; uno de los oficiales de la comitiva refrena bruscamente su caballo y trata de interponerse