Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 DE MERO 26; N i C A UNÍ 1 YERSAL ILUS FRADA OCTUBRE 3965. DE NUMERO SUELTO, 5 CÉNS. co, indispensable para el peligroso paso en que España está metida. De esta suerte, hay quien pide desniveladores aumentos en los gastos; quien demanda irreparable disminución en los ingresos. ¿Cómo se habrá de sostener entonces la normalidad de la vida del Tesoro, órgano principal hoy de la existencia de la nación? jSe ignora! Los mismos iniciadores de esos aumentos ó de esas disminuciones no ¡o dicen de un modo concreto. ¿Con qué se ¿han de sufragar 3o nuevos y considerables gastos que se preten- de, por ejemplo, establecer para nuestras defensas marítimas? ¿Con qué impuestos se ha de sustituir la contribución de Consumos? ¡Nada más lisonjero que el aumento de Potencia exterior! ¡Nada más popula que la abolición del ocioso tributo de Consumos! Pero ¿con qué se pagan los diez ó doce millones que se piden para aquel aumento? ¿Con qué se suplen los 90 millones que sólo para el Estado supone esta disminución? Y los Ayuntamientos, que viven principalmente de ese ingreso, ¿con qué habrán de sustituirlo? ¿De qué medio se valdrán para cubrir sus obligaciones ran apremiantes, por lo menos, como las del Estado? Acerca de esto nada se dice que satisfaga. Si alguien tiene la receta, que ¡a haga pública, siquiera para ello sea preciso darle patente de invención. MANUEL TROYANO V I S T A DE CONJUNTO. En 1898, al descargar brutalmente los Estados finidos sobre la fatigada y debilitada jfispaña la deuda de nuestras colonias, come pudieran dejar caer un peñasco que habría de aplastar á nuestra pobre naCÍQJI, el mundo entero previo nuestra fopncarrota. Si ésta hubiere ocurrido entonces, estaba descontada. Los fatídicos augurios que respecto á las naciones moribundas hacía el ministro inglés lord Sal sbury, nos cogían de medio á medio. El fallecimiento no habría causado gran sorpresa. Se pudo reaccionar contra aquellos síntomas de muerte. En cualquier tiempo, y en el nuestro más que en ninguno, las energías económicas han servido de principal dinamómetro para apreciar la fuerza de un país. Cuando, después de la catástrofe de 1871, se vio la relativa facilid? d con que Francia, tras los enormes dispendios de la guerra, pagaba la indemnización de 5.ooo millones de francos que Ja vencedora Alemania le había impuesto, se pudo decir y se dijo: el pueblo francés se rehará y volverá á ocupar el puesta que le corresponde en el mundo Cuando se observó que nuestra patria aceptaba la obligación de pagar sus abrumadoras deudas y cumplía sus compromisos, sin abandonar los demás servicios del Estado, se dijo respetuosamente: no ha muerto, ni lleva trazas de morir, el pueblo español Para ello tuvo éste que ponerse á me- t dia ración, aun con riesgo de llegar á la anemia que hoy padece; consentir en grandes privaciones, prepararse á todo género de sacrificios. Pero la estimación merecida por tan abnegada conducta, nos vale la consideración que de los extraños conservamos, quizá la vida y la independencia. Este hecho constituye ho y el eje de nuestra política nacional, á la cual ha dado un carácter de seriedad de que antes, á los ojos ajenos, carecía. Esta vista de conjunto es esencial para el juicio de la política de todos y cada uno de nuestros hombres públicos. Es. no obstante, necesario traerla á cuento con frecuencia; porque nuestra propen, sión á volver la espalda á la realidad nos comunica instintos suicidas, como los de aquel que, precisado á bordear un abismo, cerrase ¡os ojos para marchar mejor en la dirección que se íe antojara. Así hay quien por tomar actitudes de hombre que lleva en su cerebro grandes planes internacionales; por lisonjear el espíritu de ciase para que se! e muestre afecto, ó por conseguir una contrahecha y malsana popularidad hace cuanto le es dabie por romper el equilibrio económi- ás de cien navajas y unos cuantos vevólvers, constituyeron el fruto de ¡os cacheos verificados en la madrugada de ayer por la policía. Hubo protestas de algunos cacheados quienes además de resistirse amenazaron con la cesantía á los guardias... pero rebeldes, amenazadores y todo, ¡resultó que llevaban navaja! La opinión sigue aplaudiendo la medida. La opinión que no usa navaja, por supuesto. Y es natural, porque al que no usa armas maldito lo que puede molestarle que le registren. N o hizo sólo eso Ja autoridad. También evitó que se repartiesen por las calles hojas anarquistas, otra especie de navaja de uso tan prohibido como las hojas del instrumento que usan los matones. Corrió el rumor de haberse fugado el Chafo de Jaén, noticia que de haberse confirmado habría dejado no con un palmo de narices, como ayer decíamos, á los que esperaban verle comparecer ante un tribunal, sino con tres palmos, uno de ellos para la policía. Los estudiantes se mostraron más tranquilos. Algunos consiguieron en principio lo que querían. Otros tienen fundadas esperanzas de lograr lo que desean. Transigir es gobernar, según la teoría gubernamental más usada pava evitarse disgustos. Se volvió á hablar de la Gran Vía, de que sí el Consejo de Estado, de que si la casa concesionaria, de que si eí alcalde está resuelto á que de un modo ú otro se construya, y la gente volvió á preguntarse si estará predestinada á no ver más Gran Vía que ¡a de Felipe Pérez, qoo música de Chueca. Ei tiempo siguió espléndido y muchos madrileños fueron á Carabanchei á disfrutar de! espectáculo militar de disparar cañones y echar globosLa gente dex negocios se refociló sabiendo que, por primera vez desde hace u. ios cuantos años, el precio de los francos había quedado por debajo de los 3o enteros, milagro que tal vez se atribuya á Echegaray, pero que para el comercio es ¡o mismo que lo haga aunque sea eJ diablo, cen tal que se haga. La política siguió agitada. Llegaron los ministros de la Guerra y de Gobernación y Romero Robledo publicó declaraciones que fueron la comidilla del día, porque el ilustre personaje contesta á la esquela de defunción que casi se le extendió este verano con un acta de fe de vi Ja; pero de vida que puede amargar la existencia política de quienes se juzguen más llenos de lozanía y de salud. Los villaverdisras se reunieron para dai el ciásico grito de ei Rey ha muerto, ¡viva el Áey! Sino que Jes falta solamente decir quién es el Rey. AEMECE I a boda que hoy se celebra de 5 a hermosa condesa de Castillejos, hija de ¡a camarera mayor de Pajado y del difunto marqués de Santa Cruz y del Viso, con el príncipe Clemente de Metternich, recuerda á los ilustres proceres y las nobilísimas damas de ia familia de Ja novia que han ocupado los cargos superiores de Palacio. La bisabuela de la novia por Ja línea paterna, doña Joaquina Pilar Téllez Girón y Pimentel, condesa de OsÜo é hija dé Jos duques de Osuna, condesduques de Benavente, fue aya de S. M Ja Reina doña Isabel II y de su augusta hermana la infanta doña Luisa Fernanda, duquesa de Montpensier. Casó la condesa de Osilo con el décimo marqués 3 e Santa Cruz de- Múdela, mayordomo mayor de Fernando V I I y de este matrimonio nació el undécimo marqués de Santa Cruz, D Francisco de Borja, que fue sumiller de Corps durante el reinado de D Alfonso XI 3. Si noble procer tomó por esposa á doña María de la Encarnación Fernández de Córdoba, que fue camarera ma-