Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A B C MARTES 3 DE OCTUBRE DE i 9 o5. PAG. 7 BARCELONA. EL AYISO- TORPEDEKO FRANCÉS LEGER LLEGADO Á AQUÉL PUERTO fot. Cervera SERVIDORES ANTIGUOS p l fallecimiento del jefe del cuarto de la Reina, D. Natalio Fernández, ocurrido en San Sebastián al terminar la jornada, hace recordar á los viejos y fieles servidores de Palacio que, como el difunto, habían consagrado su vida al servicio de las Reales personas. Modelo de ellos fue aquel simpático conde de Sepúlveda, familiarmente llamado el viejo Oñate ó el sordo Oñate, porque lo era el buen señor como una tapia. Comenzó sus funciones siendo paje de Carlos IV, y murió cargado de años y de honores y gozando de general estimación durante su última Regencia, y siendo inspector de los Reales Palacios. Había servido, por tanto, á Carlos IV, á Fernando V J á Isabel á D Alfonso XII y vio nacer á D. Alfonso X U l Era un hombre afable, discretísimo, una crónica viviente, y sabía muchos se- j cretos que se llevó al otro mundo. ¡Qué j lástima que el conde de Sepúlveda no publicase sus Memorias! Hubieran sido interesantísimas para la historia contemporánea, y han debido quedar en poder desús herederos documentos preciosos. Tenía un don especial para conocer á las gentes y para dominar los escollos de la vida palaciega, siendo fanático por su rey. Pero había visto mucho y era muy tolerable. SAN FERNANDO, ANTIGUA ESCULTURA DE BRONCE HALLADA EN EL MAR CERCA DEL CASTILLO DE SANTI- PETRl l; ot. A. Quijano uaiiuo uespués de la Restauración se modificó de una manera notable la etiqueta, y el Palacio Real fue objeto de las informaciones periodísticas que impone la vida moderna, se produjeron algunos choques entre los viejos servidores de Palacio y los reporters, porque escandalizaba á aquellos que se quisiera saber y publicar lo que pasaba en Palacio. Todavía recuerdo la indignación con que el viejo portero de un Real Sitio oyó á los periodistas que un día de crisis le preguntaban familiarmente: -Diga usted, ¿ha salido el Rey? El buen anciano se levantó de su asiento, se quito el galoneado tricornio, y con voz que revelaba su enojo contesta solemnemente: -S M el Rey, nuestro señor que Dios guarde, se ha dignado salir á paseo. El conde de Sepúlveda trataba muy bien á los periodistas. -No os hacéis cargo- -les decía á los de Palacio- -de que han cambiado los tiempos. Hay que tratar bien á esos muchachos. ¡Quién sabe si al cabo de los años vendrá alguno á la casa á despachar como Ministro! Fue muy amigo de Sagasta, con él se entendía perfectamente, y sin darlo á conocer, permaneciendo en la sombra, intervino en más de un cambio político. Entre las señoras que han servido en Palacio, ha habido tipos muy interesantes, como el dé la tenienta aya, señora de Tacón, á la aue se llamaba, cuando era